Capítulo 5
Andrea
Cuando por fin entramos en la sala de conferencias, todo el mundo guardaba silencio al estar el señor Gabriel frente al estrado. Sin embargo, para todos fue sorprendente ver en persona al hijo del jefe; tanto que seguían con la mirada el camino que recorría Samuel. Únicamente no lo hacían los que ya eran trabajadores antiguos y lo conocían a la perfección.
Yo me había quedo parada mucho más atrás cuando ambos entramos y estaba buscando sentarme junto a mis amigos que me miraban sorprendidos; cuando de la nada siento unos dedos entrelazarse con los míos. Miro en dirección hacia la persona que ha hecho esto y me quedo sin palabras al ver que ha sido Samuel, quien con todo su elegancia me arrastra hacia él y me hace caminar a su lado. Ni siquiera le importo los murmullos que se hicieron presentes de inmediato y esa simple acción hizo que todo dentro de mí se remueva. Provocando un cosquilleo intenso de mariposas y de más está decirles que tuve que hacer de tripas corazón para no sonreír como idiota en ese momento.
_ ¿Se puede saber que hace? _ le pregunto por lo bajo tratando de disimular _ Todos nos están mirando y murmuran cosas.
_ No me importa en lo absoluto lo que los demás digan, tú eres mi secretaria y tu deber es estar a mi lado. Así que si quieren mirar que miren, si quieren hablar que hablen; para que luego se vayan acostumbrando a vernos siempre juntos _ dice regalándome una sonrisa y no sé si fue mi imaginación, pero creo que sus palabras tuvieron doble sentido.
_ Como quieras – le dije tragando en seco.
Una vez Samuel estuvo junto al señor Gabriel, este comenzó a hablar y todos atendían seriamente cada una de sus palabras. Esperando a que fuera el turno de Samuel, quien no me soltó en ningún momento y yo sentía como mi cuerpo se aflojaba al escucharlo hablar.
Desde el lugar en donde estaba, podía ver claramente como muchas mujeres de esta empresa se devoraban a Samuel con la mirada y entre ellas la perra de Columba, quien no podía faltar. Algo que sinceramente me hizo enfadar y no pude evitar sentir celos, considero que esto será un problema para mí en esta empresa porque el hijo del jefe no se metería conmigo. Para él soy solo su asistente y supongo que por el buen trato que me da su padre, él hace lo mismo.
Tal vez opinen que estoy loca u obsesionada con este hombre debido a que solamente lo conocí hoy. Seguro dirán que solamente me enganché con él por su cuerpazo y que es imposible que me guste tanto. No obstante, la realidad del asunto es esta y opino que ya no hay vuelta atrás.
La reunión terminó y todos los empleados vuelven a sus puestos de trabajo. Afortunadamente, pude soltarme unos minutos de la mano de Samuel para poder respirar y que mi corazón se calmara.
Una mano inesperada tocó mi hombro y al voltear veo que es Estefanía, quién me mira como si yo fuera una aparición divina. Oh tal vez su comportamiento extraño se deba a lo sucedido con mi nuevo jefe y el hecho de que obviamente está sumamente bueno.
_ ¡Te quiero matar a besos! – exclama esta mirándome a los ojos – Te quedaste corta al decir que estaba bueno; ese hombre esta como quiere y con razón te tiene enloquecida Andrea.
_ ¡Baja la voz! – digo viendo hacia todos lados para ver si nadie la escuchó – No hables de esas cosas aquí que alguien puede escuchar.
– ¿Qué tiene de malo que escuchen? Todos vimos cuando ese hombre te tomo de la mano como si fueras de su propiedad y para colmo te hablo muy pegado a tus labios. Yo pensé que te iba a besar ¿Tú que opinas Cesar? _ Le pregunta Estefi.
_ Yo también pensé lo mismo. Se me hizo muy extraño que te tratara así, no es que no te lo merezcas; pero yo como hombre interpreto sus acciones diferentes. Es como si les estuviera diciendo a todos que eres suya.
_ ¡Hay sí, como no! Ustedes están locos. Mi jefe no hizo eso, solamente soy su secretaria y nada más, para él solo soy una empleada que necesita cerca.
_ Está bien, tú dirás lo que tú quieras. Sin embargo; un jefe no toma de la mano a su empleada de la manera en la que él te tomo a ti y mucho menos la sigue sosteniendo delante de todo el mundo. Nosotros te dejamos que tenemos trabajo, pero piensa en lo que te dijimos.
– Está bien.
Veo como mis amigos se van juntos y yo me dirijo hacia donde
se encuentra mi nuevo jefe, quien conversa con algunos trabajadores. En el momento en que estoy por llegar junto a ellos, me fijo que entre las personas del grupo se encuentra Columba y la muy descarada se le está arrimando a Samuel como la resbalosa que es.
Si siquiera pensarlo mucho, en cuanto estoy justo a este soy yo la que no pide permiso para tomar su mano. Algo que al parecer no le molesto porque me respondió con una sonrisa ante el gesto.
Dejando una sonrisa coqueta en mi rostro al saber que no le molesto mi acción, me atrevo a intervenir en la conversación para no estar excluida.
_ Me alegro verte con mejor cara Andrea, hace unos días te notaba algo triste – me dice la señora Ana, quien es la encargada de las secretarias; ella es una excelente mujer de cuarenta años muy amable con todos.
_ Gracias Ana, creo que ya me hacía falta estar contenta. Ahora si señores lamento la interrupción y el robarle tiempos con el jefe, pero hay una reunión pendiente en el piso de presidencia.
_ Me parece bien que lo hayas recordado Andrea, señores pasemos al último piso y en unos minutos estaré con ustedes. Solo déjenme hablar con mi padre unos minutos.
Todos afirmaron cordialmente ante las palabras de Samuel, todos espeto la trepadora de Columba. Quien mantenía sus coqueteos hacia Samuel y este ni caso se dignaba a hacerle, este solamente me tenía tomada de la mano. Mientras que con su pulgar dejaba suaves costillas.
Cuando salimos del círculo de personas, vimos al señor Gabriel fuera de la sala esperando con una bella sonrisa a su esposa. Quien se acercaba con unos hermosos tacones que resonaban con elegancia en el pulido piso. Debo admitir que ver a la señora Alba en la empresa es algo reconfortante
_ Hola corazones _ dice ella con una sonrisa dejando un beso en los labios de su esposo _ Espero no interrumpir nada, solamente vengo por mi marido y de paso a saludar al ingrato que tengo por hijo mayor _ Ahora se dirigió hacia el susodicho y lo abrazo.
_ No interrumpes nada mamá, papá al parecer ya se iba y yo me dirigía hacia una reunión con Andrea.
_ Mi bebé siempre tan trabajador y me da gusto que ya conozcas a la bella Andrea ¿Cómo estás, querida?
_ Estoy bien señora Alba, muchas gracias por preguntar. Usted también es muy bella y hoy se ve genial.
_ Hay cariño agradezco que digas que soy bella, no obstante los años no pasan por gusto. Las cremas no pueden retrasar mi vejez, pero veo que tú y Samuel se están llevando bien.
Cuando ella dijo esto, no pude evitar seguir su mirada y notar que lo decía porque aún Samuel y yo seguíamos tomados de las manos. Algo que al parecer no le importó o molesto y también podía percibir la mirada pícara del señor Gabriel; quien desde que su hijo realizó semejante acción; no ha dejado de sonreír en ningún momento. No voy a decir que no intente soltarme de su agarre para que sus padres no pensaran más lo que no es, pero al parecer Samuel no tenía ninguna intención de soltarme y mucho menos le importaba el que dirán.
– Andrea, si en algún momento este cabezotas te hace enojar o se pone muy necio, tú solo llámame y yo vengo a tirarle de las orejas. Tú eres nuestra consentida y eso lo sabes.
– Me parece perfecto, la llamaré si sucede algo de eso.
_ Bueno será mejor que yo me lleve a Andrea a trabajar y tu papá llévate ya a mamá antes que se ponga a hablar cosas íntimas. Ya sabes como se pone.
_ Está bien hijo, pero recuerda pasar por la casa esta noche _ dijo el señor Gabriel y ahora si creo que ese tema de conversación será algo serio debido a su mirada seria.
Luego de eso, ambos esposos se fueron y junto con Samuel también hicimos lo mismo. Cuando estoy de vuelta en el ascensor, Samuel ocupa el lugar de la parte de atrás donde yo estaba y supongo que es por venganza. Ya que este tuyo que haberse dado cuenta de que anteriormente yo me lo comía con la mirada.
Todo el trayecto hacia arriba, fue en un completo silencio algo incómodo a decir verdad porque no sabía que cosas podían pasar por la cabeza de este hombre. Pues claramente podía sentir su mirada penetrante detrás de mí y eso me hacía temblar. Una vez las puertas del elevador se abrieron, cuando baje pude ver que algunos directivos estaban parados en el pasillo. Al parecer lo estaban esperando para la reunión, pero esa mano traviesa que tenía Samuel volvió a tomarme desprevenida, pues esta vez acaricio mi cintura y su cuerpo estaba muy pegado al mío ¿Qué se supone que estaba pasando aquí?
_ Andrea, necesito que me traigas mi portátil. Lo deje en la oficina y tengo algunas cosas ahí que necesitaré para la reunión – me dijo Samuel en un tono suave y autoritario que me gusto bastante.
_ Claro que si, enseguida se lo llevo – dije como un conejo asustado ante su depredador – Solo quiero saber una cosa antes de hacerlo ¿Por qué me acaricia de esta manera? Usted no me conoce ¿A qué está jugando?
Veo como este hombre al parecer no tiene ninguna intención de contestarme porque en sus ojos solamente puedo ver una chispa de picardía. Una que solamente tienen los niños pequeños cuando hacen alguna travesura y a decir verdad, esta actitud de Samuel me confunde.
_ No intentes encontrar razones válidas para mi comportamiento en estos momentos. Solamente has lo que te pedí.
_ Está bien, pero desde ahora le advierto que yo no voy a ser su juguete personal.
_ Estupendo, Andrea; porque yo en ningún momento he querido que lo seas ¡A, una cosa más! Tenías toda la razón con lo de la tal Columba, pude darme cuenta de lo que me contaste al ver su insistencia por llamar mi atención.
_ Me pude dar cuenta de eso, esa mujer no tiene valores y mucho menos se respeta así misma.
_ Si le soy sincero en algo, le diría que no me gustan para nada las mujeres que no se dan a respetar. Me parece una falta de respeto para ellas mismas y para las otras personas que como yo se sienten incómodas. Yo digo que una mujer para seducir no tiene que estar desnuda, aunque no es menos cierto que siempre llamara la atención. Una verdadera mujer te seduce con su mirada o con sus palabras sin necesidad de perder su elegancia y belleza. Las mujeres son como las flores y es deber de cada hombre cuidar de aquellas que le da su corazón.