Capítulo 6
Andrea
Las palabras de Samuel se había quedado grabadas en mi mente por completo y ya sabia un dato más curioso sobre este hombre. Con razón de Samuel Blanco no se le conoce ningún escándalo con mujeres de dudosa reputación en revistas de chisme o en r************* . Todo debido a que a él no le gustan las mujeres insinuadas o vulgares como Columba.
¿Seria yo capaz de dar la talla en algún momento y tal vez poder seducirlo bajo lo que a ese hombre le gusta? ¡No lo sé! Como tampoco sé si seré su tipo o no, lo que si se es que él me tiene enloquecida y confundida. Dudo mucho que lo que yo estoy sintiendo en este momento por Samuel sea algo correspondido.
Una vez la última reunión del día terminó, en la empresa no fue quedando casi nadie y me dediqué a ordenar los datos que fueron dados hasta que fuera la hora de salida.
Esta tarde al igual que siempre, Estefanía me había pasado un mensaje en el cual me informaba que no estaría en casa y le advertí que si sucedía de nuevo lo de esta mañana no se la dejaría pasar tan fácilmente. A lo que esta me contestó que para evitar otro incidente como el de la mañana, dormiría en casa de su nuevo amigo.
...
Ya era medio día y me preparaba para informarle a Samuel sobre sus pendientes de la tarde, para luego ir a almorzar algo junto a mis amigos. Los cuales no he visto más desde ayer.
Una vez dentro de la oficina, me fijo que Samuel está parado de espalda hacia mí, mientras mira la ciudad desde las grandes ventanas de cristal.
– Señor vengo a decirle lo que tiene para esta tarde antes de ir a comer algo – digo llamando su atención y este se voltea a verme.
– Te he dicho que no me llames señor, quiero que me llames por mi nombre Andrea – dice este acercándose a mí y aquí vamos otra vez.
– Ya le he dicho que eso es imposible y más estando en el trabajo porque usted es mi jefe. Su padre también me decía lo mismo y nunca pudimos ponernos de acuerdo con respecto a ese tema.
– Entonces el problema aquí es que soy tu jefe ¡Bien! ¿Qué me dirás cuando ya no lo sea?
– ¿A qué se refiere? – le pregunto aterrada al pensar que me va a despedir y en cuanto esta a escasos sentimientos de mí se detiene.
– Me refiero a que muy pronto dejaré de ser tu jefe, pero solo me dirás señor cuando te tenga debajo de mi cuerpo rogando por placer.
Ni siquiera tuve tiempo de procesar sus palabras porque de la nada Samuel ataco mis labios en un beso apasionado. Un beso que no me creía que estaba pasando, ni tampoco podía creer las corrientes electrónicas que sentía cuando sus manos apartaban el pelo desordenado de mi hombro.
Siento como de pronto los besos ahora son en mi cuello y este aspira mi aroma y besa también mi hombro desnudo. Con la mano que aún le queda libre, Samuel me pega a su sosteniéndome firmemente sin dejarme escapar. Lo que le da un acceso total a mi cuerpo haciéndome jadear sin que yo oponga resistencia.
_ Me encanta tu olor a frutos cercos, me enloqueció desde el primer momento en que te vi _ me dice este aun con su rostro en mi cuello – Eres hermosa Andrea, tanto que no te quiero dejar ir.
No sabía que hacer o que decir, me sentía como si estuviese en una nube de algodón y me estaba dejando envolver por la necesidad de obtener más caricias por parte de Samuel. Ni siquiera me había dado cuenta del momento exacto en el que este me puso sobre su escritorio y yo ya me encontraba abierta de piernas solo para él.
Siento como Samuel se apodera de mis labios otra vez, exigiendo su derecho sobre ellos como si fuera el único dueño y técnicamente creo que es así porque nunca nadie me había besado de esa manera. El aire nos falta a ambos y aunque necesitábamos respirar ninguno de los dos quería romper el contacto físico con el otro.
Las manos grandes y tersas de Samuel se deslizaban suavemente por mis piernas, haciéndome sentir un hormigueo en mi zona intima. La cual está palpitante además de húmeda y percibo claramente el creciente bulto entre los pantalones de Samuel.
No sé por qué hago esto la verdad, pero por instinto llevo mis manos hasta esa parte de él que requiere de atención y al hacerlo, un gruñido sale de su boca. Uno que lo hace ver sexy y eso me encanta, es como una fiera en celo.
A medida que pasaban los minutos, nuestros cuerpos se reclamaban cada vez con más intensidad, haciendo que la ropa saliera volando quien sabe a donde. Solamente sabia que los jadeos y gemidos estaban a nuestro antojo y a estas alturas no me importaba para nada perder mi virginidad sobre su escritorio. Solamente quería ser suya, suya como nunca antes desee ser de nadie.
Impresionada por el repentino ataque de Samuel, arquero mi espalda mientras este rompe mis bragas y con su boca saborea sin pudor mi intimidad. Haciéndome aferrarme a sus manos, las cuales sostienen mis caderas evitando cualquier movimiento de mi parte. Sin embargo; luego de unos minutos de estar expuesta de esta manera, un fuerte orgasmo invade todo mi cuerpo y mis fluidos quedaron esparcidos por todas partes.
– No sabes como espere este momento, no dormí en toda la noche soñando contigo y ahora vas a ser mía.
– Pues entonces hazlo, quiero ser tuya desde el momento exacto en el que vi tus ojos.
No sé si estoy loca o no, pero tras la sonrisa de Samuel pude escuchar un ligero ruido. Uno que se hacía cada vez más intenso y como si se me estuviese saliendo el corazón, me levanto de un salto bañada completamente en sudor ¿Había sido todo un sueño?
Me reviso rápidamente y al parecer todo fue un maldito sueño, ya que traigo puesta mi pijama y estoy en mi habitación. No obstante; lo único diferente aquí es que estoy ardiendo como si tuviese fiebre y mi zona íntima es un desastre. Puesto que estaba toda mojada y al parecer lo que tuve fue uno de esos sueños húmedos de los que tanto me ha contado Estefanía. Sueños que caben mencionar que jamás había tenido hasta ahora.
Me sobresalto al escuchar un ruido tras de mí y al ver que es mi amiga me relajo un poco ¿Me pregunto cuanto tiempo llevara ahí?
– ¿Sabes que tienes que contarme todo verdad? – me dice seriamente.
– ¿De qué estás hablando? – le pregunto sin entender.
– Habló de que quiero todos los detalles del sueño húmedo que acabas de tener y ni te atrevas a negármelo. Tú siempre duermes como marmota y cuando entre para despertarte antes de tiempo estabas jadeando, eso sin contar los suaves gemidos que salían de tu boca mientras decías el nombre de Samuel ¿Así se llama el nuevo jefe verdad?
No sabía que contestarle a Estefanía, ella me había descubierto y ahora si no se detendría hasta saber cada detalle. Por lo que resignada, me deje caer hacia atrás en la cama y me puse la almohada en la cara.
– ¿Entonces soñaste que te hacía sexo oral? – volvió a preguntar.
– Por encima vez, sí eso soñé.
– Madre mía, es que no me lo puedo creer. Tía que si no fuera por el despertador te hubieran desvirgado en sueños, es lo más cercano que has estado del sexo en tu vida.
– Puedes parar ya por favor, vamos a chocar y estoy en el auto.
– Bueno, está bien. Únicamente dime si la tiene grande en tus sueños y no me malinterpretes, es que quiero que cuando pierdas tu virginidad con él sea memorable. Dicen que una buna manguera lo es todo en la vida y ese semental me imagino que la tenga.
– ¡Estefanía ya basta! – digo nerviosa al imaginarme sus palabras y hasta el tin nervioso de mi mano se despertó – No voy a perder mi virginidad con él, lo del sueño solamente es producto de mi imaginación y ya esta. Estoy segura de que no se volverán a repetir.
– ¡Hay, amiga! No sabes nada, ahora es cuando más esos sueños se harán presentes. Tu mente te llevará al límite hasta que termines cediendo ante tus bajos instintos. Así que escúchame cuando te digo que ese hombre sea el primero y posiblemente el último en tu vida Andrea.