Luna Harper
Después de un duro día en la oficina llegó a casa de Adriano para que salgamos a la cena de gala por el trato con los franceses aunque no me he sentido bien, los dolores aumentan y las pastillas ya no me están haciendo el mismo efecto, Lucas aun no me a dado la opción de operarme, dice que aun no estoy preparada, que no la necesito. Él se la pasa alabando y llenando de piropos sobre mi pierna, es un gran apoyo pero no es lo que yo necesito, entró a la casa y veo a Adriano descansando sobre el sofá viendo una película.
—Buenas tardes señor, deme unos minutos y estaré lista para la cena —me dirijo a mi habitación es entendible ellos se ponen un traje y se ven guapos mientras nosotras nos preocupamos más por nuestra imagen, me pongo ese vestido rojo que me compre hace poco tiempo, me alacié el cabello para hacerme una coleta alta y me puse poco maquillaje no me gusta maquillarme mucho. Salgo y camino hacia la puerta, ya no uso el bastón por recomendaciones de Lucas me cuesta caminar un poco con este nuevo aparato, siento que me aprieta y no me siento muy estable con él, me agarró de las escaleras y lo veo aun sentado en el sofá. —Señor, ¿Aún no está listo?
—Listo, ¿Para qué asunto? —Pongo mis ojos en blanco y me le quedo viendo ¿Cómo que para que? No creo que se le haya olvidado la gala de hoy. Le explico que es para la gala y me comenta que no tiene una invitación, la secretaría de Henry hizo llegar todas las invitaciones igual no se percató de la de Adriano, pero aunque sea el hijo necesita una invitación. Trato de comunicarme con ella para que lo verifique pero el sube corriendo las escaleras y me arrebata mi teléfono, trato de alcanzarlo pero nuevamente esa maldita punzada que hace que me doble del dolor. Me carga y me lleva a su habitación.
—Tranquila estarás bien, perdóname. ¿Te duele mucho? —comienza a preguntar —Tranquila todo estará bien —él me acuesta y me acomoda varios cojines
—¿Puedes llevarme a mi habitación? Debo de tomar mi pastilla, me duele mucho —el sale corriendo y entra con los tres frascos que tengo en mi mesa de noche
—¿Cuál es? —comienza a servir un vaso de agua, tomo el frasco amarillo y saco la pastilla —Ok, el frasco amarillo es para el dolor, ¿Estos para que son?
—El verde es para dormir en ocasiones no duermo o tardo en conciliar el sueño y mejor tomo una pastilla y el azul en ocasiones mi pierna se inflama así que es un antiinflamatorio —lo veo que sonríe y asiente
—Es importante saber para qué son tus pastillas ¿Ya bajo el dolor? —comienza acariciar mi pierna y me observa a mis ojos. Desearía poder sentir su roce —¿Necesitas algo?
—Tenemos que ir a la gala —observo mi reloj —es demasiado tarde —trato de ponerme de pie pero nuevamente la punzada regresa —Me duele mucho, Adriano
—No vas a ir a ningún lado además soy tu esposo y si yo no me presento no tienes porque presentarte ¿ok?
—Tu papá se enojara muchísimo —pero para ser sincera tampoco quería ir a esa fiesta además de recibir miradas extrañas por mi caminar, me acomodo en la cama pero el vestido me lo impide —entonces ya que no iré porque no me dejaras, me voy a mi habitación a descansar, a cambiarme este vestido
—No espera, podemos ver una película aquí y podemos pedir algo de comer —¿Qué le pasará que esté muy atento conmigo? —¿Qué te parece la idea?
-No, no podemos hacer eso usted es mi jefe y yo solo la empleada aunque sea su esposa, recuerde que esto es un matrimonio de mentiras —veo que suspira
—Luna te pido una disculpa si te pedí que me trataras de usted o como tu jefe, puedes llamarme Adriano y en esta ocasión quiero cuidar a mi esposa aunque sea de mentiras, quiero hacer las cosas bien he cometido muchos errores Luna y por una ocasión quiero hacer las cosas bien —veo que su rostro se encuentra triste y aunque sea el culpable del accidente en donde murió mi padre se que no fue el asesino ya que mi padre también cometió el error de manejar tomado lo único que me duele es que nos haya dejado ahí solos, eso me duele mucho y no lo puedo perdonar.
—Adriano está bien, pero eso de cuidarme está de más, yo puedo hacerlo sola, iré a cambiarme y después a dormir —me pongo de pie y el esta a mi lado, me extiende el brazo y me apoyo en el —creo que volveré a usar las muletas, me hace falta
—¿Por qué lo dejaste de usar? —se me hace extraño tanto su interés cuando siempre estaba criticando —Anda vamos a cambiarte y después vemos la película, acéptalo por hoy.
—Lucas me dijo que ya no era necesario, según si usaba este aparato podría estar mejor pero me duele al caminar —llegamos a mi habitación y nos dirigimos al closet, el está a mi lado —tomaré esta ropa y me cambiare, muchas gracias por la ayuda
—Te espero afuera mientras pido algo de comer —sale y me pongo más cómoda, al salir observó que se queda viendo a mi aparato —¿estás lista? ¿Quieres estar aquí o en mi recamara?
—En tu recamara porque es más grande la pantalla —sonrió, amo las películas y entre más grande mejor. Nuevamente me extiende la mano y comenzamos a caminar hacia su recamara en lo que preparamos todo llega la pizza, nos recostamos en su cama, comenzamos a ver la película pero me sentía incomoda con el aparato, él me observa de reojo lo vi varias veces cuando de repente se para frente de mi y me va quitando el aparato —¿Qué haces?
—Tranquila, solo te quito el aparato para que estés mas cómoda —lo deja sobre un sofá, me pone una frazada y yo me acuesto mejor sobre su cama, nuevamente se acuesta a mi lado ambos nos tapamos con la frazada y nos quedamos profundamente dormidos.
Por primera vez después del accidente pude dormir como una bebé sin necesidad de tomar una pastilla, el dolor no volvió en la madrugada y recostarme sobre su pecho y sentir sus brazos a mi alrededor me hizo sentir que estaba segura y que nadie me volvería hacer daño.