Habían pasado dos días desde que Zaaren despertara, la muchacha era algo tímida, pero curiosa, ella no preguntaba mucho, no hablaba mucho con los miembros de la manada, pero la encontraban mirando con curiosidad todo y a todos. Arenth a regañadientes había regresado a sus obligaciones, cada vez que tenía tiempo libre lo encontraban siguiendo con disimulo a Zaaren, Argenther solo gruñía cuando veía a su hijo actuando como un cachorro enamorado detrás de la joven. No podía negar que ella fuera su hija, el hechizo de sangre lo había demostrado, ella tenía la sangre Lichtz en sus venas, era solo que después del incidente con las flores y con el comportamiento de Arenth, no pensaba que fuera buena idea de que ella estuviera con ellos. Sus preocupaciones solo las compartía Zarden, y ningun

