Lyricka corría delante de él, sus pies descalzos parecían volar sobre la riel metálica de la vía del ferrocarril, habían desayunado o mejor dicho tomado una cena muy tardía, con parte de las reacciones de emergencia que Qamar guardaba en su gema sider, ese era el nombre dado en el clan Hariva a las gemas de almacenaje. Era comida seca y sin mucho sabor, raciones de guerra, las llamaban, su valor era nutricional y energético, un guerrero no necesita saborear cuando puede morir por inanición, si bien no era su caso, Qamar no estaba de humor para salir a cazar dejándola sola y ciega en territorio enemigo. Lyricka había comido gustosa la ración que Qamar le ofreció, hasta se había chupado los dedos, según ella había comido cosas peores en sabor y mucho más duras que eso. En cuanto los oj

