Qumard estaba encerrado en su habitación, le daba vueltas a las palabras de su padre, la muchacha resultó ser la gemela Arenth Lichtz, conocía al lobo y se parecían tanto como un tomate a una patata, cosa que le molestaba, si fuera la versión femenina de Arenth, él la hubiera aprobado de inmediato, pero ella era demasiado bonita y delicada para estar con una bestia salvaje como Qamar. Se acarició la mejilla, tal vez fuera su imaginación, la mano de ella era suave y más que una bofetada su lobo lo sintió como una caricia, una especie de reconocimiento, debía de estar volviéndose loco, era la primera vez que recibía un golpe y no reaccionaba, seguía pensando por qué no se movió. Los ojos de ella eran como los halos de color en los ojos de Qamar, ¿tendría ella algo que ver? era ridículo,

