Qyrens y sus hijos se sentían extraños, era cómo si sus cuerpos se hubieran vuelto más ligeros, más etéreos, podían sentir que sus lobos estaban cargando con un peso que por momentos se intensificaba y luego cedía, así como podían sentir la voluntad de Qamar de no soltar ese peso por nada. Qerenth: - Estamos sujetando a la loba de Zaaren, ¿No es así Qamar? Qithian: - A mí, lo que me interesa saber es ¿cómo lo estamos haciendo? Qumard: - Parece que nuestro hermanito es descendiente de algún brujo, o no han notado que es un hechizo de anclaje. Qyrens sonrió derrotado, miró los ojos de sus hijos, ahora todos ellos tenían los ojos heterocromáticos, y todos ellos lucían el azabache en uno de sus ojos, no necesitaba ver su reflejo para saber que él también tenía un ojo azabache.

