El sol empezaba a ocultarse, el aire caliente sobre las dunas empezó a condensarse en pequeñas gotas de agua, un hombre de piel cetrina se movía con lentitud, sus músculos eran delgados y fibrosos y se adherían a sus huesos dándole un aspecto de extrema desnutrición, en su mano sostenía una botella larga de culo redondo y con la otra iba recogiendo las diminutas gotas de agua antes de que las dunas las reclamaran. Toboada caminaba con pasos largos de regreso a la fortaleza, en la montaña de Amologosh se escondía la fortaleza, los restos de un castillo de elevaban entre las escapadas piedras de pizarra, durante la noche la montaña por su color oscuro parecía desaparecer, los supersticiosos moradores de Amologosh la llamaban la montaña fantasma, decían que la muerte se paseaba por sus lader

