Capítulo 34. Adiós.

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Después de varias horas, Arenth y Zaaren eran trasladados al interior del castillo, la muchacha tenía varios golpes y cortadas, Arenth había logrado protegerla con su cuerpo y él se había llevado la peor parte, tenía un brazo dislocado y una pierna rota, además de varios golpes y cortadas. Esa noche los hermanos no despertaron, tuvieron fiebre muy alta, Myrander no se despegaba de sus hijos, había ordenado que los colocarán en la misma habitación para poder cuidar de ambos, Ylana cuidaba de Arenth en completo silencio. Las heridas de Arenth estaban sanando un poco más lento de lo normal pero lo hacían, pero los cortes de Zaaren no se curaban, habían dejado de sangrar, pero seguían ahí, sin un lobo ella no puede curarse con velocidad. Al día siguiente Argenther logró convencer a su lun

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