Toc, toc, toc. La puerta de la habitación de la señora Mulyers se abrió y Lyricka entró con una bandeja de fruta picada. - Filda, que bueno que eres tú. Lyricka levantó la cabeza desconcertada, desde que llegó estaba a cargo de llevarle fruta y ayudar dentro de la casa, ¿Quién más iba a ser? La señora Mulyers le hizo señas para que se acercara y empezó a secretarse con ella, Lyricka abandonó la habitación secándose las lágrimas y soltando pequeños hipidos. El doctor Mulyers había estado esperando escondido en el gran guardarropa de la habitación, al marcharse la muchacha, salió de su escondite. - Lo vez querido, sabía que podíamos contar con Filda. - Me alegro de que tu idea resultara, me sentiría terrible si Ferden se sintiera menospreciado por mi buena voluntad. ¡Oh, querido

