Opciones

1002 Words
Soltó un gran suspiro al notar que otra vez la estaba llamando, pensó en no contestar. Estaba en un gran dilema, pero terminó contestando. Quiso ser la primera en hablar, sus palabras se quedaron estancadas al ser interrumpida por la morena, su dulce voz tras la llamada: —Hola morrita, ya te echo de menos –Valentina trató de ignorar el gran salto que dio su corazón al escucharle decir ello, y lo hizo por completo–, pensarás que estoy loca, pero estoy a punto de tomar un vuelo para ir a tu país. Ya lo pensé muy bien y sí quiero hacer esto contigo, es una gran oportunidad. —Joder –murmuró bajito la rubia, apretando fuertemente los ojos. “Debería estar feliz, es lo que querías…” se dijo, pero ya tenía algo claro, que no debería ir con la morena–. Juliana, yo-- —Sí…, lo sé, es increíble morrita –la volvió a interrumpir la morena con un tono de voz muy emocionado, tanto que estaba a punto de contagiar a Valentina–. Te llamaré cuando llegue allá. –expuso cerrando la llamada, estaba muy animada en su viaje, por lo que pudo notar, y dejó con la palabra en la boca a la rubia, quien se quedó estupefacta mirando el celular. Acababa de pasar justo lo que no quería, ahora tendrá que contarle a Juliana. No puede decirle que ya no irán de viaje, aunque pensó en la posibilidad de que era mejor no contarle lo de su tumor. " No tengo porqué decirle…" pensó Valentina con una sonrisa triste, y quizás sea así y no le dirá. Hará como que no pasa nada, además, Juliana se escuchaba muy feliz y por nada del mundo pensaba arruinar eso con sus problemas… decidió. Antes de llamar a Alirio, tecleó un rápido mensaje a la morena. Ni se dio cuenta de que fue lo que le escribió, le salió de su subconsciente y le tocó re-leer el mensaje para ver qué fue lo que le había mandado, mordiéndose los labios al fijarse de tal barbaridad: Ojos café: También te echo de menos. Cortas palabras, pero ciertas. No va a negar que en verdad la extraña, no puede negarlo. “¿Qué me está pasando?" Se preguntó a sí misma soltando una risita nerviosa, mientras esperaba a que Alirio atendiera a su llamado... La morena agarró su maleta, arrastrándola por el aeropuerto. Había llegado hace unos minutos, había estado hablando con Valentina por mensajes y la rubia ya la estaba esperando desde hace media hora. Juliana sonrió ampliamente en cuanto la observó, estaba sentada con los ojos cerrados. En plena madrugada, así que le parece muy normal encontrar a la rubia descansar su vista en pleno aeropuerto. Soltó su maleta, sentándose al lado de la rubia. Sin querer despertarla, sólo la admiró por un buen tiempo. Detallando todas las facciones de su rostro, su nariz perfilada. Sus perfectas cejas, el contorno de sus hermosos y carnosos labios rosados. Los cuales se muere por besar, el impulso de hacerlo le ganó, pero sólo besó su mejilla con cuidado, quedándose ahí al notar que la rubia había despertado y colocado una mano en el cuello de la morena. Impidiendo que se moviera, así que sólo se quedó ahí, con sus labios presionados con su mejilla y con el corazón a mil por hora. Tenerla así de cerca conlleva mucho sacrificio para Juliana, tiene que tener mucho autocontrol, porque se está muriendo por besarla, en verdad lo está deseando. —Te ves muy cansada. –le dijo Juliana antes de volver a besar su mejilla, le causaba demasiada ternura ver a la morrita con esa carita de cansancio. —Lo estoy... –expresó por fin abriendo los ojos, percibiendo aún más que estaba muy cerca de Juliana, y que le gustaba estar así, se sentía cómoda– ¿Cómo estuvo tú vuelo? –le preguntó soltando un bostezo involuntario, por un momento a las dos se les olvidó que estaban en un aeropuerto. —Tal vez deberíamos primero salir de aquí. ¿No crees morrita? –Valentina asintió rodando los ojos con una sonrisa, aun así, le hizo caso. Levantándose del incómodo asiento, sintiéndose un poco desconcertada por el brusco movimiento, fue sostenida de inmediato por las manos de la morena en sus caderas– ¡Eh! ¡Eh! Con cuidado bonita, te estás muriendo de sueño, otra vez, discúlpame. –le susurró Juliana al oído cuando dejó caer su frente en su hombro. —Sí y no te preocupes, me encanta que te hayas decidido en venir. –la rubia trató de aclarar su voz, no va a negar que si tiene sueño, pero lo que decía ya casi que ni lo controlaba. Así que tiene pensado ir a su departamento y llevar a la morena allá, lo primero es descansar, después de que lo hagan. Entonces tendrán que hablar seriamente. La excusa para llevarla a su lujoso aposento ya la tenía algo trabajada, esperaba ser convincente. —¿Crees en el destino? –le preguntó Juliana levantando un poco el rostro de la rubia. Ella se separó al notar que otra vez estaban demasiado cerca, no entiende porqué no puede estar lejos de la morena. —A mi manera, pero sí, creo en el destino. –le respondió perdiéndose en sus ojos chocolates, pensando en que cree demasiado en el dichoso destino. Cree que no todo está al alzar, que las cosas suceden por algo. La rubia piensa que lo que está destinado a suceder, siempre encuentra la manera de que suceda. No importa cuándo, dónde, ni cómo, sólo pasa, entonces sí tiene más que claro que sí cree. En ese momento se estaba cuestionando si conocer a Juliana estaba dentro de su destino, pensó que sí, era la explicación perfecta, porque no puede ser coincidencia que ahora esté caminando con ella fuera del aeropuerto, aunque es posible que las dos ayudaron un poco al destino, sus destinos…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD