Capítulo 9 – Planes

2000 Words
—Bienvenida Señorita Valdés. –la recibe Valentina a la entrada de su apartamento. Juliana entra, algo escéptica, ya en camino desde el estacionamiento sabía que era un lugar muy lujoso. Ella conocía Nueva York perfectamente por asuntos de trabajo siempre era un punto de referente en su carrera, y así no conociera la ciudad, sabía que estaba en la zona más exclusiva de Manhattan, al entrar al edificio y luego al pent-house de la ojiazul, lo confirma. No se siente cómoda. —Morrita –decide hablar, después de su extrañeza–, no creo que seas una simple escritora como me lo diste a entender. –expresa fijándose en los detalles, abandona sus pertenencias y se detiene para girar su eje en torno a ella para mirarla de frente. —Sí, entiendo tu duda, pero pronto lo tendré que vender, en parte es de mi ex, entre los dos lo compramos. Él no ha demandado la devolución de su parte, pero pronto lo hará. –le explicó, y era sincera, aunque a ella no le hacía falta el dinero él insistió con miras al futuro matrimonio. —Pero que estirado es tu ex… –resopló y dio otro vistazo. —Bien, ahora vamos a descansar –la guio hasta la habitación de invitados–, está el baño y todo lo que necesites simplemente me puedes llamar. “Te necesito a ti morrita, ¿cómo hago para llamarte y pedirte eso?”, pensó la morena dejando escapar una sonrisa de ensoñación. —Valentina –se acercó y la abrazó, agarrando desprevenida a la rubia–. ¡Gracias! Este viaje lo necesitaba no tienes idea cuánto… –se separa y ahora toma el rostro de la ojiazul entre sus palmas, delicadamente–. Recibir tu propuesta fue como diría mi abu «Enviada por los ángeles…». –expresó completamente alegre. —Creo que exageras, pero sí, para mí también, haberte encontrado para este viaje ha sido una maravilla. Estoy segura que haremos un buen dúo. –se separa lentamente y camina hacia la puerta para dejarla descansar. “Sin duda una muy buena pareja… mi ojitos de cielo… ¡Control Valdés! Control”, se demandó mirando a la rubia alejarse. —Debemos hablar de muchas cosas, mañana por lo pronto tendré que reunirme con unos colegas aquí y revisar unos asuntos de trabajo. –informa la morena. —Perfecto y es tardísimo ya. Descansa. –le guiña un ojo y sale de la habitación cerrando la puerta, soltando un ligero respiro en una pausa para proseguir a su habitación. Al día siguiente, Valentina se despierta por la alarma de su reloj, ella antes de abrir sus ojos estaba pensando todo lo programado para el día, como de costumbre sus neuronas se activaban a millón, compaginando cada una de sus actividades y atrayendo a ella los temas que debía tener en cuenta para su jornada. Al recordar a cierta morena dormida a unos metros de ella, abrió los ojos. “No lo puedo creer aún, está aquí, a sólo unos metros… Dios, nunca había sentido tanta alegría por ser anfitriona de alguien… por cierto, ¿será mucho pedirle que desayunemos afuera? Va a sospechar que no sé ni tostar un pan… No pensaste en esos detalles. Piensa… piensa”, iba hablando para sí misma camino al baño para dar inicio a su día. Luego de media hora sale de su vestidor, ya casi lista, lo había pensado bajo la ducha iba a tener que hacer su mayor esfuerzo en cocinar, por segunda vez en sus vidas. Le apenaba hacer levantar a Juliana tan temprano y que se alistara para ir a desayunar. Extrañaba mucho en ese momento a su nana, para que le tuviera su desayuno listo, Valentina nunca decidió personal para que la atendiera, y el personal doméstico enviado por su nana, iba sólo cuando ella no estaba, odiaba cualquier interacción con desconocidos innecesaria. “Vamos, tú puedes, ¿qué tan difícil puede ser, preparar un desayuno…?”, iba especulando al salir de su habitación, pero para su sorpresa, la morena ya estaba levantada, se percató al ver la puerta de su habitación abierta, y luego le pareció escucharla en la cocina. —¡Oh por Dios! Juliana… ¡¿Qué haces?! –inquirió apenada al verla preparando el desayuno. —¡Buenos días morrita! –volteó a saludarla con una sonrisa esplendorosa, mientras apaga la cocina, las cocciones estaban listas. —Perdón –se acercó más a ella admirando lo que hacía–, ¡buenos días! No era necesario, yo me iba a encargar. “No puedo creer que me haya salvado de está. Gracias Dios”, vitoreaba por no tener que meterse a cocinar. —No iba a dejar que te pararas a cocinar, anoche abusé de ti, al llegar tan tarde –la miró, y vio en su rostro unas muestras de alegría, que le encantó, aun sin saber el porqué, pero cualquier sonrisa o gesto de la ojiazul la ponían a temblar, replanteándose el poder que ella ejercía sobre todo su saquito de huesos. Le sonríe y como pudo le muestra el menú con un ademán–. ¿Si puedes comer de lo que he preparado? O, ¿quieres algo más? Dime. Valentina ya había visto todo y asintió extendiendo su sonrisa, una que se fijó le era imposible borrar al lado de Juliana, y más luego de verla en su cocina preparando el desayuno, era una sensación de alegría que nunca había sentido. —Tranquila, todo está perfecto. –pudo responder, recibiendo un gesto de alivio divertido de la cocinera. Se encargó de empezar a buscar los platos, para servir la mesa, pero se le olvidó el pequeño detalle de no saber en cuál de los variados gabinetes de su extensa cocina estaba la vajilla, iba a quedar en evidencia una vez más. —¿Te ayudo en algo? –planteó rogando internamente para que no le pidiera nada, de la ubicación de las cosas en la cocina sólo tenía claro las de la nevera, ya que por obvias razones era la que más usaba. —Noup, nada. Yo me encargo. “Yes, yes, yesss” completó su alegría. Juliana fue acercando la comida. Tostadas, huevos revueltos, tocino, mermelada, café, jugo recién exprimido y frutas picadas. No sabía los gustos de la rubia, y debía ampliar las propuestas. Desayunaron, conversando y disfrutando del desayuno; aprovecharon y cada una planteó lo que les deparaba la mañana. Acordaron verse apara almorzar y a esa hora iban a tener más claro su plan de viaje, ya que a Juliana le era necesario dejar algo de trabajo allí coordinado y Valentina debía ir a la Torre Carvajal a preparar todo por su ausencia, aunque ya estaba algo adelantado ese punto. Terminaron de desayunar y Valentina, no puedo evitar ofrecerse a limpiar la cocina, mientras Juliana se terminada de alistar para salir. El contacto de tercer tipo que hizo Valentina con el lavaplatos fue épico, no sabía ni como abrir el lavavajillas, ni como colocar el jabón o los platos, ni donde encenderlo, pero, de algo estaba segura, todos los platos tenían que desaparecer del desayunador, optó por lavarlos de la forma tradicional, uno por uno, pero al pasar la llave no se percató de la presión al abrir toda la llave y con el impacto del agua en el plato que tenía en su mano, hizo dirigir el chorro hacia su torso, y hasta su cara alcanzó a chipotear; sin poder reaccionar rápido, todo quedó hecho un desastre. No podía gritar por su frustración al ver semejante desorden. “¡Qué horror!, soy imposible… no vuelvo a tocar en mi vida esto, santo Dios” iba refunfuñando mientras decidió colocar los platos sucios en un gabinete, aculatándolos de la vista de Juliana. Cuando terminó, mandó mensaje en el acto a su nana: —Chivis de mi alma, SOS en la cocina, manda personal hoy, tengo un huésped, por favor. ¡AUXILIO! –escribió, luego se percató del piso, pero era imposible siquiera pensar con qué lo podía limpiar y salió disparada a su habitación. Chivis: Tranquila mi niña, todo estará bajo control. Yo me encargo. Valentina: Por favor que revisen los gabinetes dejé algo sucio allí. Sorry! Tuve que salir de urgencia. –aunque en parte era algo cierto, solo algo. Chivis: No se preocupe, si quieres puedo dejar alguien fijo allá, para que atiendan de todo. Valentina: No, no hace falta, te diré si es necesario. Besos. I love you… “No alguien más aquí no… imposible” Llegó la hora de salida, Valentina escogió uno de los atuendos más sencillos a su disposición, pero pensaba que, si se iba de viaje, vestir así sería un problema. Y esperando a Juliana tenía otro asunto debían ir con el chofer, ya que ninguno de sus vehículos tenía cabida en su vida, delante de la morena, y luego pensó en los escoltas. Realizó las llamadas pertinentes en el living, hasta Que Juliana salió y la sorprendió por la espalda, se le acerca y se instala allí inmediata a su cuerpo. —Lista señorita. –le susurró en el oído luego de aspirar delicadamente el aroma de la rubia. Valentina voltea, sonriente y disimuladamente la admira lo hermosa que está, casual, con botas bajas negras, jeans negros, una blusa color salmón y su chaqueta de cuero n***o en la mano. Aprovechó y apreció su fragancia. —Delicioso –se le escapó “!Oh cielos¡” lamentó luego. —¿Hmm? —Que muy delicioso el desayuno –disimuló–, se me olvidó agradecerte. –fue lo que pudo espetar. —¡Ah pues… con mucho gusto morrita! –responde sonriente y orgullosa. —Ya sabemos quién va a preparar los desayunos cuando vivamos juntas… –“¡¿otra vez?!”– durante el viaje, digo –enmendó todas lo que ha mascullado desde que la tiene de frente con aquel exquisito atuendo y aroma. —¡Ah! ¿Si? ¿Sin previo aviso? –sonrió y miró a lo lejos hacia la cocina, sacando de su trance a la rubia, prendiendo sus alarmas. Volvió a mirarla– Y tú te encargarás de limpiar, lo has hecho muy bien…, sería un trato justo –sonrió. Valentina asintió, y antes de que se le ocurriera seguir con el tema, agarro su bolso. –Estoy lista. —Yo también, vamos –la morena fue detrás de Valentina y colocándose su chaqueta no pudo dejar de mirarle su trasero marcado en aquellos pantalones grises de tela fina, ajustados perfectamente a su silueta. Y con su caminar tan distinguido y su cabello flagrante que ondeaba en cada contorsión de sus pasos, la elevaron a otro mundo. Valentina se detiene en la puerta y voltea, sacando de onda a Juliana que la estaba mirando sin el más mínimo de los reparos. La observa y afina su mirada mientras le abre la puerta para que ella saliera primero. La morena asiente y le regala una medio sonrisa agradeciendo. “Nota mental, al caminar detrás de ella ¡Pilas!” se aconsejó, mientras trataba de disimular lo infraganti que la captaron. Valentina iba sonriente, definitivamente Juliana la derretía con cualquier acto, y lo que antes le causaba cualquier tipo de ira de parte de cualquier mortal circundante a ella, había sido borrado de su CPU, sólo cuando se trataba de ella. La chica de ojos chocolate, era la excepción a la regla. Luego de estar listas para ir a almorzar, Valentina se ofreció a buscar a Juliana, aunque ella le insistió que llegaría por sus medios al sitio, la rubia no lo permitió. La pasaron buscando en la galería. Platicaron mientras que llegaban al restaurante exclusivo en el que Valentina la quiso llevar a almorzar, aludiendo que era sólo por ser su primer día con ella en la ciudad. La morena no estaba a gusto, lo evidenció su rostro.
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