Juliana Valdés

909 Words
Pero ahora lo más importante, era darse un buen baño; quitarse ese horrible olor a café e ir a casa de sus padres. Ya después buscaría la forma de organizar su vida, ella es fiel creyente de que todo está destinado. En que las cosas no suceden porque sí y ya está. Es tanto así que se ha dejado guiar por su ideología, dejar su vida a la suerte del destino, pero interviniendo cuando sea necesario. * Después de ir a su departamento, y de darse un buen baño. Decidió subir a su automóvil, nada lujoso. Sólo era un Lexus azul metálico. Nada llamativo, pero sí muy hermoso. Justo y acorde a su personalidad, un auto atrevido pero conservador a la vez. —¡Oh por Dios! –iba llegando a la casa de sus padres, notó como habían varias personas alrededor y no cualquier personas, eran partidistas. Los cuales casi se le tiran encima de su auto, los flashes la cegaron por completo y podía escuchar los murmullos de todos. Juliana nunca ha querido ser el centro de todo, hasta ahora nunca le ha interesado el dinero y, sobre todo siempre ha odiado a las personas que se creen mejores que otras por tenerlo, había huido de ese mundo, del mundo de su familia, representado de alguna manera, por aquella enorme mansión a la que ahora mismo estaba intentando entrar, en cuanto abrieron el gran portón de metal corredizo; soltó un suspiro cuando miró por el retrovisor y se dio cuenta que los periodistas ya no podían pasar. Se cuestionaba ¿por qué estaban ahí? ¿Acaso sabían de ella?… al parecer sí, y no es de su agrado. Lo que menos necesita en su vida es estar en la mira de todos, aunque si le gustaría, pero gracias a su trabajo, a su esfuerzo. Jamás quiso ser reconocida por ser la hija de dos de los mejores arquitectos, la morena quería ser reconocida por ser la gran fotógrafa Juliana Valdés y ella estaba segura de que así será, porque siempre luchaba y obtenía lo que proponía. —¿Se puede saber que fue todo eso? –interrogó a su madre en cuanto bajó del auto, sintiéndose incómoda al darse cuenta de cómo ella la miró de arriba a abajo. Sí, es evidente que la morena no viste ni elegantemente, ni formal. Siempre utiliza su beanie de color n***o, el cabello suelto y su típica camiseta; la cual le queda un poco holgada, vestimenta perfecta para estar en el trabajo, con la que se siente cómoda. Pero no debió colocarse esa vestimenta, no venía a trabajar; venía a la casa de su madre. A la cual no le ha agradado mucho ver a su hija tan informal. – Queremos que te conozcan cariño. ¿Qué tiene de malo? Además, sería una imagen muy buena para nosotros y… La morena la interrumpió por completo, levantando su dedo índice para que hiciera silencio. Sin poder creer que lo su madre acababa de decir, sabía que su acercamiento no era para nada bueno. Tanto amor no se da de gratis, cruzó por su mente– ¿De eso se trata? ¿Me estás utilizando?… Sabes qué, no me contestes. Me ha quedado muy claro, y no los quiero volver a ver, a ti y muchos menos al que dice llamarse mi padre. Que, de hecho, ni siquiera vino a recibirme para llevar al pie de la letra su teatrito. Pero escúchame bien, porque ésta será la última vez lo hagas –respiró profundo, evitando llorar frente a su madre–, no quiero que se vuelvan a acercar a mí, ninguno de los dos. No quiero nada de llamadas, ni de visitas. —¡¿Cómo te atreves a hablarme así?! ¡Soy tu madre! –la morena la miró con asco, volviendo a subir a su auto. De donde no debió salir jamás, es más, debió de hacerle caso a su mejor amiga, como siempre ella tenía la razón. Justo en ese momento se dio cuenta que, tal vez no debía dejarle todo al destino, tal vez si debe pensar bien en cómo toma sus decisiones. Así que sólo encendió el auto, y le dio de reversa a toda velocidad. Haciendo rechinar las llantas del auto, dejando a su madre con la boca abierta. Por suerte el portón estaba abierto, sólo habían unos cuantos guardaespaldas que estaban intentando retener a los periodistas. Pero todos se apartaron en cuanto notaron la velocidad a la que venía la morena, volvió a sonreír en cuanto estuvo en la calle. Pisando el acelerador más fuerte, queriendo alejarse de toda esa mierda. Pero sabe que no será fácil, no, ahora que saben de ella. Tal vez también va siendo hora de que se tome un descanso de México, definitivamente. Siguió su rumbo, deseaba a toda costa alejarse de aquel, mundo, movido sólo por el interés, la envidia y la arrogancia. Sus propios padres eran la muestra perfecta, el contraste con ella y su vida, que estaba en riesgo si se enteraban los medios de comunicación de quien era. Entendió que quizás el destino le estaba refrescando de nuevo su idea, que tanto se había planteado, de salir de México y explorar nuevos escenarios para ir en busca de lo que le apasiona, capturar e inmortalizar momentos perfectos a través de su lente, y así sentirse completa, a través de su obra. Sí, era hora, pensó.
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