La recepcionista irrumpió con una urgencia palpable, y un inesperado nudo se formó en el estómago de Ana mientras sus pensamientos empezaban a girar sin control.
Matías se acercó a ella con la misma rapidez con la que un depredador acecha a su presa, sus movimientos eran decididos y llenos de una autoridad innegable. Ana lo observó, sintiendo el pulso acelerado de su corazón resonando en sus oídos.
Sin perder tiempo, Ana agarró su bolso y la carpeta que reposaba sobre su escritorio, sus manos temblaban ligeramente por la expectativa del encuentro. La presencia de Matías a su lado le recordaba el delicado equilibrio en el que se encontraba.
—Iré contigo–dijo Matías, ella quiso persuadirlo para irse sola, pero conocía lo persistente que podía ser aquel hombre, y mejor ni lo intentó
Juntos, bajaron al área de recepción, el aire se cargaba de una tensión palpable. Y ahí, entre la multitud de rostros desconocidos, Ana distinguió una figura familiar. El corazón le dio un vuelco y su mente se llenó de preguntas sin respuesta.
La figura se acercó lentamente, revelándose ante sus ojos expectantes. Ana sintió como si el tiempo se detuviera por un instante, sus manos soltaron la carpeta y los papeles cayeron al suelo con un suave susurro.
Mark Evans. Las palabras resonaron en su mente como un eco lejano. Ana se quedó petrificada, su mirada atrapada por la intensidad de los ojos de Mark, quien se inclinó con gracia para recoger los papeles dispersos.
El contacto visual entre ellos era eléctrico, cargado de significados no dichos. Ana no podía apartar la mirada, mientras Matías observaba la escena con una mezcla de curiosidad y desconfianza.
—Disculpe, ¿quién es usted? —la voz de Matías interrumpió el silencio tenso que envolvía la recepción.
—Soy Mark Evans, el bombero que rescató a la joven abogada del incendio —respondió él con calma, su voz resonando en el espacio entre ellos.
Matías extendió su mano en un gesto formal, pero sus ojos escudriñaban a Mark con una intensidad penetrante. Ana se sentía atrapada en medio de esa mirada, como si el tiempo se hubiera detenido en ese preciso momento.
La tensión en la habitación era palpable, como una cuerda tensa a punto de romperse. Los ojos de Matías permanecían fijos en el joven frente a él, sin desviar la mirada ni por un instante.
—¿Qué es eso que usted tiene sobre el incendio? —cuestionó Matías, su tono era firme, lleno de autoridad.
Mark no vaciló, extendió el sobre sellado hacia Matías con determinación. Los segundos parecían eternos mientras Matías examinaba el contenido con detenimiento.
—¿Es usted investigador además de bombero? —preguntó Matías, sus ojos escrutaban cada detalle del sobre.
La tensión en la habitación se volvía más densa con cada palabra. Ana se sentía nerviosa, sus manos inquietas jugueteaban con la pulsera de perlas, tratando de desviar la atención de la atmósfera tensa que los rodeaba.
—El sobre contiene información crucial sobre los posibles responsables del incendio en el departamento de la joven —añadió Mark, agregando aún más intriga al momento.
Matías miró alternativamente el sobre y a Mark, como si estuviera buscando alguna conexión oculta en la conversación. Ana observaba en silencio, con una mezcla de miedo y anticipación en sus ojos.
—Pero ¿cómo obtuvo usted estas pruebas? ¿Acaso lo envió alguien del departamento de policía? —preguntó Matías con una profunda sospecha en su tono.
Mark mantuvo la compostura, enfrentando la mirada intensa de Matías con seguridad.
—Este caso es de dominio público, señor Matías —respondió Mark con firmeza—. Me enteré por las noticias que aún buscaban un culpable, y pensé que esta podría ser una pista valiosa.
La confianza en las palabras de Mark dominaba el lugar, como si estuviera tomando el control de la situación. Sin embargo, Matías no parecía convencido.
—Joven Mark, le agradezco su interés y que haya salvado la vida de mi novia —dijo Matías, extendiendo el sobre y rodeando a Ana con un gesto protector—. Pero nadie pidió su ayuda en esto.
El gesto de Matías fue un recordatorio claro de quién llevaba las riendas en esa situación, pero Ana podía percibir la inquietud tras su aparente calma. El encuentro con Mark había traído consigo una revelación inesperada, y ahora, Ana se encontraba atrapada en el centro de una tormenta que amenazaba con desencadenarse en cualquier momento.
Ana sabía que debía actuar con rapidez si quería resolver el misterio del incendio en su departamento y descubrir al culpable. Si Matías estaba involucrado de alguna manera, era crucial averiguarlo lo antes posible, y ese era el momento para saberlo.
—Espera un momento, Matías. Sería mejor subir a la oficina y discutir estas pruebas en privado —intervino Ana con delicadeza, tratando de calmar la tensión que se había desatado en la recepción.
Sin embargo, Matías parecía reacio a la idea, mostrando una evidente incomodidad. Ana no podía discernir si la molestia de Matías se debía a la presencia de Mark o a las pruebas que el joven traía consigo.
—Si ustedes no están interesados, puedo irme ahora mismo —propuso Mark, extendiendo la mano para que Matías le devolviera el sobre. Mark era un hombre astuto y determinado, había ido allí con un propósito y sabía que la única manera de cumplirlo, era ejerciendo presión, además, conocía que Ana estaba desesperada por pruebas, la única persona que podía hacer reaccionar a Matías, era ella.
La desesperación se apoderaba de Ana. Matías era conocido por su terquedad y su reluctancia a ceder el control. Sin embargo, Ana no iba a permitir que Mark se marchara sin antes ver el contenido del sobre.
—Por favor, Matías, te lo ruego. Si realmente te importo, déjame ver lo que hay dentro de ese sobre. No tenemos nada que perder —insistió Ana, utilizando sus habilidades persuasivas para convencer a Matías.
La mirada de Matías se mantuvo fija en el sobre, como si estuviera contemplando alguna decisión crucial. Ana observaba con expectación, sintiendo la tensión en el aire mientras esperaba la reacción de Matías, y Mark contemplaba la escena frente a ellos, saboreando la victoria antes de tiempo.