"CONFRONTACIONES"(II)

1285 Words
—Y si todo esto tiene que ver con el caso–dijo Ana desde la silla, Matías emitió una sonrisa de victoria y se dio la vuelta, hasta sentarse detrás de su escritorio —¿De qué caso hablas? —De este Matías, del que estamos llevando a cabo–señaló Ana hojeando la abultada carpeta que había sobre el distinguido escritorio. Ana no estaba en la condición de revelar que todas las dudas que le habían surgido alrededor de Matías, sobre el incendio en su departamento y los dos hombres que la persiguieron esa noche en el café, surgieron a raíz de unos mensajes anónimos que le habían llegado a su celular, dichas notas, lo apuntaban a Matías como el único culpable. Ana se dio cuenta de que no era tiempo de hacerse la valiente, tenía mucho para perder en ese momento. —Pues, no lo sé Ana, lo único que siento es que después de ese fatídico accidente en tu departamento, te has puesto un poco paranoica —Ana contuvo su respuesta y Matías volvió al ataque —Entiendo lo mucho que te afectó todo esto, pero necesito a mi chica de regreso, a la valiente mujer que nada la detiene–sugirió esta vez y la envolvió entre sus brazos, su único objetivo era lograr que Ana desistiera de la idea de buscar respuestas sobre los sucesos que casi le cuestan la vida, la necesitaba totalmente comprometida en el trabajo, en el caso que prometía generarle muy buena remuneración económica, además de un mayor prestigio a su bufete —Oye, te prometo que haré todo lo posible para hallar al culpable, y si crees que alguien te persigue, contrataré a un guardaespaldas para que te sientas más segura–para ese momento, las manos de Ana reposaban sobre el fornido pecho del abogado, el hombre llevaba bien sus años, a sus cuarenta y ocho, su apariencia juvenil desconcertaba a quienes lo conocían. —Juro que mientras estés conmigo, no permitiré que nadie te haga daño–dijo, tomando con suavidad el mentón de la chica, entonces, Ana empezó a dudar sobre los mensajes anónimos que había recibido en su celular. Su jefe, quien oficialmente se había convertido en su pareja, le llevaba ventaja hasta en los años, a Ana le atrajo de él, su presencia dominante, que no dejaba lugar a dudas sobre su posición en la sociedad, además de la seguridad con la que manejaba su carrera, reforzando la imagen de hombre exitoso y respetado. Luego de esa suave caricia en el mentón, el hombre estaba listo para dar el siguiente paso, los labios de ambos se encontraron dejando a un costado la charla laboral. Ese beso parecía fundir el tiempo y el espacio, pero, una imagen en la mente de Ana, se interpuso a ese romántico momento. En ese instante, su mente se trasladó el pasadizo secreto en donde el cuerpo de ella y Mark se habían encontrado, recordando con agradado la fragancia que había enloquecido su nariz, y los perfectos pectorales dignos de un bombero, en donde había quedado atrapada su cara. —Lo siento Matías, creo que no es momento para esto, es cierto, debemos concentrarnos en el caso–dijo alejándose, sintiéndose culpable, por primera vez su corazón estaba siendo intervenido por alguien más que no era Matías o su trabajo, pero, ¿por qué Mark? Se cuestionó en su mente. —“sabes que”, creo que lo del incendio en mi departamento y los sospechosos en el bar, están relacionados–afirmó ella, intentando cortar la llama que se había encendido en la confortable oficina. Matías apretó los puños intentando no enloquecer, la sabiduría que había adquirido a través del tiempo y con su profesión, le dieron las pautas para darse cuenta de que Ana buscaba evitarlo, pero quiso dejarla, para saber hasta donde continuaba el juego —Te escucho–dijo Matías, recostándose en su escritorio —¿Conoces bien a la persona que vamos a defender? —Claro que sí, Ricardo es un político intachable, digno de su carisma–objetó Matías con seguridad, Ana emitió un gesto de dudas —Considero que debemos ponernos de acuerdo en cuanto a la integridad de este hombre, he estado estudiando su caso, y hay muchas cosas que no me terminan de encajar–admitió mientras continúa revisando la carpeta que llevaba en las manos —–Este hombre tiene mucha gente en su contra, supongo que, cuando se dieron cuenta de que llevaremos su caso, pues, alguien decidió darnos una advertencia–sugirió ella —Entonces piensas que algún enemigo del Alcalde tuvo que ver con todo lo que paso —Sí, por supuesto, tiene lógica–afirmó, suspendiendo por un momento la teoría de Matías como autor intelectual de los hechos. —De ser así, ¿no crees me hubieran atacado a mí también? ?–argumentó el hombre sembrando otra vez la duda en la cabeza de la mujer —Ana, la idea de contratar a un guardaespaldas sigue en pie, hoy mismo me encargaré de eso, y la policía ya está trabajando en tu caso, a nosotros nos toca demostrar que Ricardo es un alcalde honesto, para eso nos contrató–Ana se cruzó de brazos ante él, en los tres años que llevaban trabajando juntos, habían llevado casos difíciles, ganando casi todos, o en su defecto consiguiendo condenas leves para sus defendidos, pero este, no solo le pareció un caso difícil, ella sintió que iba a defender a alguien que era digno de su fama, “malversador de fondos del estado"nunca se había sentido tan presionada como hasta ese momento, sintió las últimas palabras de Matías como una advertencia, al menos quería tener la oportunidad de decidir. —Estás con mucha tensión–dijo él, queriendo retomar lo que Ana había pospuesto momentos atrás —siempre hay tiempo para esto–insistió el abogado, reusándose a dejarla, tomó su mano nuevamente y la atrajo hacia él. Con un gesto apasionado, se quitó su saco de traje, revelando una determinación irresistible, susurró a su oído algunas palabras que la enloquecieron, la tensión en la oficina alcanzó su punto máximo, mientras ambos se sumergían en un mundo de emociones encontradas y deseos latentes. Matías era un hombre experimentado hasta en esa área, Ana disfrutaba esos momentos, con él, pero había demasiadas cosas en su mente que no la dejaban concentrase, a tal punto de sentirse un poco obligada, pero no quería decirle que no. Una llamada al teléfono de la oficina de Matías, prometía poner fin a esas caricias, pero fue ignorada, y segundos después, escucharon golpes insistentes en la puerta de la oficina. —Espera Matías, espera, seguro es algo importante–dijo ella, escapando de los brazos del hombre que estaba hecho una fiera. La mujer arregló su ropa con rapidez antes de abrir a quien tocaba con insistencia. —Ana por fin te encuentro–dijo la voz de una mujer, quien hacía pausas al hablar y respiraba como si se le estuviera saliendo el corazón —Que pasa Sofía, ¿qué haces acá?–añadió Ana con la puerta de la oficina entre abierta, Matías retornó a su escritorio, todo había vuelto a la calma —Tuve que subir porque no logré comunicarme al teléfono, en recepción hay alguien que te busca —! A mí! ¿Quién? —No me dijo su nombre, lo único que dijo, es que tiene información valiosa acerca del incendio en tu departamento–dijo la joven mujer, Matías se levantó de su silla, Ana volteo su mirada hacia él, y el corazón de la abogada empezó a latir con fuerza.
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