—¿Estás cómoda viviendo conmigo? No quiero apurar esto sino estás de acuerdo–
—No es que no esté cómoda, es algo nuevo para mí
—Vivir juntos ha sido una experiencia nueva para ambos, pero era tiempo de que sucediera–dijo aquella titánica presencia detrás de un imponente escritorio de roble.
Después del incendio en el lujoso apartamento de Ana, por fin, ella y Matías, se estaban dando la oportunidad para probar una relación más cercana, el incendio ayudó bastante para apurar las cosas.
—Ya sé que esto del incendio no ha sido fácil para ti, pero debes dejar que la policía se encargue de encontrar al culpable, y nosotros, concentrémonos en lo que nos está pasando ahora como pareja–Expuso Matías, saliendo por un momento del escritorio, para estar más cerca de Ana.
Matías había notado una evidente distracción en su oficialmente novia, incluso esa mañana mientras sostenían aquella charla en su oficina con ella sentada frente a él, el hombre pudo notar el despistes en sus gestos, en el jugueteo de su mechón de pelo que le caía a un costado de la cara y en su mirada perdida en algún punto distante, menos allí.
—“Ey” —emitió Matías, rodeando a la mujer con sus brazos, tratando de acaparar totalmente su atención.
—Matías, vivir contigo ha sido diferente–dijo ella, empujando ligeramente los brazos del hombre
—Está bien, si esto es lo que te tiene tan preocupada, lo podemos resolver hoy mismo
—Alegó él con sutileza sintiéndose ofendido, pero detrás de esa gracia, se escondía su verdadera naturaleza, una personalidad maliciosa y calculadora, y eso era lo que Ana estaba descubriendo con todas las sospechas que rondaban en su cabeza
—No, bueno, es que, tengo dudas, algunas preguntas sin respuestas
—“Dudas sobre lo nuestro” —argumentó Matías volviendo su frente a ella, mientras Ana lo observaba con sus grandes ojos azules, él tomó suavemente las manos de Ana buscando una proximidad
—Qué preguntas tienes dime, estoy dispuesto a contestarlas todas–arrojó con su elocuente voz, Matías era un hombre de casi dos metros de altura, y su voz era tan convincente, que funcionaba como una herramienta poderosa, sus palabras tenían un peso significativo en la vida de la joven mujer.
—Ah ya sé lo que te sucede, estás nerviosa, tienes miedo por este nuevo caso, lo puedo ver en tus ojos, y en estas delicadas manos casi temblorosas–siguió él, observándola con aquellos penetrantes y oscuros ojos, esos que reflejaban una inteligencia aguda y una determinación inquebrantable.
—Pero eres la abogada más brillante de este bufete, no lo olvides, mi preferida, lo haremos bien–sus palabras desbordaban en halagos para Ana, pero cada una de estas palabrerías que se tejían como telaraña seductora en la mente de la abogada, eran parte de una danza siniestra que escapaban de sus pensamientos.
Ese hombre era un seductor inquebrantable, y la protección que Ana sentía a su lado, a veces podía ser más fuerte que las dudas que la abrumaban, pero ese día, ella no podía competir con todos los pensamientos que entraban y salían de su cabeza.
”Matías"—Ana vaciló antes de continuar —Es que, no sé si fue una coincidencia o si lo sabías, pero, la semana pasada, fui a ese bar que me gusta tanto, y, alguien me siguió ¿Sabes algo al respecto?
Matías arqueó una ceja, aparentemente sorprendido. —“”¿Alguien te siguió? ¿Por qué no me lo contaste antes?— Comentó con a
El gesto de Matías hizo que Ana sintiera un escalofrío de duda, ella estuvo toda una semana maquinando sobre si era buena idea confrontar a Matías por lo que había sucedido ese día en el bar.
Luego del escándalo que había hecho ante Mark, se dio cuenta de que había cometido un grave error por haberle hecho caso a su instinto y confiar en un total desconocido como Mark, del que no había vuelto a tener noticias desde aquella vez.
Ella no lo volvió a llamar, y él ya le había dejado claro que no estaba interesado en meterse en sus asuntos. “Solo estaba haciendo mi trabajo” fueron las palabras que le habían quedado de él en la cabeza de ella; además de la vergüenza que sintió por el papelón que había armado.
—¿Estás seguro de que no sabes nada?–volvió Ana a cuestionar–con una mirada inquisidora
—Espera, acaso estás insinuando que yo… no, es que no lo puedo creer–Matías dedujo a través de los ojos de Ana, lo que sus labios dudaban en decir.
—¿Crees que yo te mandé a seguir? Piensas que puedo ser capaz de eso, después de los años que tenemos trabajando juntos, todavía no me conoces
—Espera, no te estoy acusando de nada–dijo ella en su defensa
—Pero tus ojos, ellos lo dicen todo, ¿por qué Ana, por qué piensas que podría mandarte a seguir?
—–Ay no lo sé, no me confundas–dijo ella un poco alterada, Ana estaba aturdida, Matías se veía y se escuchaba muy convincente acerca de su inocencia, pero, “¿esos dos hombres quienes eran? —reflexionó ella enseguida, volviendo a la escena del bar, cuando corrió desesperada arrastrando a aquel bombero al pasadizo secreto, quedando como una loca ante él.
Matías volvió a inclinarse delante de Ana, logrando la proximidad que buscaba, mientras los dos se miraban, sus gestos hablaban tanto como sus palabras. La imponente presencia del magnate de las leyes era imposible de ignorar, y Ana tenía tantas dudas en su cabeza, pero sabía que se estaba arriesgando al confrontar al hombre que la había ayudado a escalar hasta la importante posición en la que se encontraba.
La pulsera de perlas que ella llevaba en una de su muñeca, se convirtió en un reflejo de lo nerviosa que se sentía y su novio lo podía percibir y en la búsqueda de aprovecharse de esa vulnerabilidad, volvió a cuestionarla, esta vez, tocando con suavidad sus piernas, un gesto que Ana sintió por todo su cuerpo.
—¡Consideras que soy capaz de hacerte daño! Acaso no te he demostrado lo que realmente siento por ti y todo lo que significas para mí
—el hombre le susurro al oído, comprometiendo un tanto el cuerpo de Ana.
—Pero si realmente tienes tanta dudas sobre mi persona, entonces creo que no deberías siquiera trabajar conmigo, y mucho menos, seguir con esta relación–dijo, alejándose de golpe.
Luego de aquellas decisivas palabras, Ana sintió un súbito impacto en su pecho.
Matías era hábil e inteligente y conocía muy bien a su chica
Ana amaba la mujer en la que se había convertido, destacada en la sociedad por su profesión, considerada como una de las mejores en su carrera, eso le daba cierta fama, además, había construido una pequeña fortuna a base de su trabajo, pese a la posición humilde de donde provenía y tenía que reconocer que todo eso lo había logrado gracias a Matías.
No estaba en los planes de Ana echar a perder todo lo que había logrado, a pesar de la autonomía que había ganado, podía llegar a sentirse un poco perdida lejos de la protección de Matías, por eso, necesitaba cambiar rápidamente la jugada.