Mark se preparaba para partir, pero lo pensó, estaba aun lleno de curiosidad por descubrir hasta dónde llegaría todo esto.
–Qué vergüenza, perdón por esto. Ahora sí te di razones para pensar cualquier cosa sobre mí –dijo Ana, incorporándose y preparándose para irse.
–No espera, espera. ¿Qué era lo que estabas diciendo sobre mí?– añadió él, sosteniendo uno de sus brazos para detenerla. Mark era determinado; cuando ponía el foco en algo, no paraba hasta lograrlo.
–Ah eso, es que ya no tiene importancia– anunció ella, tratando de evadirlo.
–Está bien, pero no juegues conmigo a cargo de conciencia, no funcionará. Con este acto infantil me estás dando toda la razón. Ya sé que este drama estuvo planeado desde un principio– afirmó, manteniendo la calma ante tanta confusión.
–¿Qué?! No", gritó ella encrespándose. Ana pensaba que estaba ante un tribunal, actuaba como lo que era: una abogada defendiendo un caso. Pero no era cualquier caso; estaba defendiendo su propia vida, con ello, sus emociones se reflejaban a flor de piel.
–Te he dicho la verdad. El único motivo por el que te cité hoy, fue para agradecerte en persona. Lo que sucedió después no estuvo planeado. Por favor, créeme–dijo en su defensa.
–¿Por qué tengo que creer en una total desconocida?– añadió Mark, poniéndose de pie frente a ella. Su intensa mirada reflejaba su desconfianza en Ana.
–Bien, ya sé que piensas que soy una oportunista, pero lo que te digo es toda la verdad– Sus azules ojos se habían vuelto más profundos, manteniendo una mirada firme ante Mark, buscando entre su mirada un gesto de credibilidad.
–Nunca dije que fueras una oportunista.
–Pero sé que lo pensaste. No eres el primero en juzgarme por salir con alguien mayor que yo– le refutó ella con firmeza. Mark no pudo objetar esa verdad, que una y otra vez se paseaba por su cabeza.
–Está bien, terminemos con esto de una buena vez. Si era todo lo que tenías para decirme, entonces me iré– Mark se dio la vuelta y caminó apresurado para distanciarse.
–Te veías confiable –gritó ella, pero no logró detener el paso de aquel hombre que se marchaba con determinación.
"¿Que te veías confiable? Eso quise decir hace un rato– agregó Ana, volviendo a la pequeña banqueta, arrinconada en ese silencioso parque en donde habían quedado parados. Un fuerte viento se levantó al instante, agitando las ramas de los árboles y al mismo tiempo el corazón de Mark. Aquello era como un círculo vicioso del que el apuesto bombero no podía salir, y apenas la conocía. Aun con Mark a la distancia, Ana siguió hablando fuerte para asegurarse de que él la escuchara.
–Al ver en las noticias sobre cómo habían pasado las cosas el día del incendio, empecé a atar cabos y miles de sospechas asaltaron mi mente sobre quién pudo haber sido el culpable de ese siniestro–afirmó ella, abriéndose por completo. Esas palabras llegaron como un soplo al corazón de Mark, quien se detuvo ante las turbulencias que seguían agitándose entre ellos.
Según lo que había revelado la justicia sobre el caso, la policía estaba todavía en investigaciones, no había datos confiables aún. Pero Ana parecía estar segura con sus argumentos. Mark había detenido su andar, entonces su silencio le dio las pautas para que Ana continuase hablando.
–Es que por alguna razón, pensé que eras la única persona con la que podría volcar mis dudas. Te parecerá una locura, pero, es que no confío en nadie a mi alrededor para contarle esto –expresó con inquietud, cruzando ambas piernas en aquel rincón. Mark seguía de pie, a unos diez pasos desde donde ella estaba, pero la elocuente voz de la abogada y su tono imponente, atravesaron el viento llegando con claridad a sus oídos.
–Pero, ¿dónde dejas a Laura? Ella se mostró muy preocupada por ti aquel día en el incendio, ademas, creo que es tu mejor amiga, digo, son como hermanas “oh no” –expuso Mark dándose la vuelta, con la única intención de regresar hasta donde estaba Ana.
–Temor por ella siento, es que si le cuento esto, pondría su vida en riesgo
–Y ¿por qué yo? Soy un simple bombero, y un total desconocido, lo siento, no puedo hacer nada por ti.
–Es que...", –ella respiró profundo haciendo una pausa. Estaba a punto de estallar otra vez. Ana estaba angustiada y Mark lo pudo ver entre sus ojos.
–No, por favor, no más llantos, Ve a la policía y cuéntales lo que sientes, pero no me involucres en esto, –sostuvo con desinterés.
–Creo que Matías tuvo que ver con el incendio en mi departamento– reveló ella sin vacilar. Aquella noticia resultó imperturbable para el muchacho. Ana ignoraba totalmente que Mark conocía quién era Matías y que estaba detrás de sus rastros desde hacía mucho tiempo. Lo que Ana le reveló esa noche, era una confirmación de algo que él ya intuía: ese corrupto abogado era capaz de eso y más.
–¿Pero qué pruebas tienes
–No las tengo, pero sé que fue él, al menos no personalmente, porque lamentablemente tiene una buena coartada para ese día, pero sé que contrató a alguien para hacerlo.
–Lo siento, Ana, no puedo involucrarme en esto. Eres una buena abogada; sabrás cómo salir de esto. Contrata a un policía, un detective, lo que sea, pero a mí déjame afuera de esto– añadió Mark y se fue.
Ana quedó sentada en esa banqueta de madera bajo la oscura noche que seguía sin detenerse. Su respiración profunda anunciaba el miedo que yacía entre sus venas. No tuvo el coraje de voltear a ver cómo se escapaba el hombre que había tenido la valentía de salvar su vida del fuego, pero frívolo ante el peligro inminente que la perseguía. su mente estaba confundida, no podia creer lo que acababa de hacer, sintio que se habia arriesgado demasiado con Mark. “Tiene razon, es un total desconcoido” –se recriminó
Mark caminaba por las calles iluminadas solo por las luces de la ciudad. En su mente, las piezas del rompecabezas se unían lentamente, revelando un cuadro más amplio. Sabía que Matías estaba detrás de la oscura historia de Ana, pero no había calculado cuán profundo estaban entrelazados esos hilos.
A medida que avanzaba por las calles adoquinadas, su mente repasaba los momentos con Ana. Las lágrimas en sus ojos, la angustia en su voz. Aunque había decidido no involucrarse emocionalmente, la curiosidad y un sentido de responsabilidad lo impulsaban a indagar más. Mark sabía que había algo más grande detrás de esa historia de incendios y desconfianza, Matias era el maestro del engaño y la seducción, eso Mark lo tenia bastante claro.
Decidió pasar por el edificio donde había ocurrido el incendio. Auqnue ya habian pasado algunas semanas del hecho, el rastro del desastre aún estaba presente. Al mirar los restos carbonizados que habían quedado, la furia se mezcló con su determinación. No podía dejar que alguien como Matías saliera impune, como lo habia hecho en su pasado.
El aire nocturno cortaba su rostro mientras caminaba hacia su apartamento. Marcado por la oscuridad de la noche, tomó la decisión de involucrarse más de lo que inicialmente planeaba, no tenia pensado adelantar esa jugada, pero, la intriga se apoderaba de él, y la necesidad de justicia resonaba en su interior.
Esa noche, mientras Mark se sumergía en el silencio de su departamento, mientras acariciaba los pelos de su pequeña chow chow y con una copa de vino blanco en la mano, comenzó a trazar un plan. No solo para exponer la verdad detrás del incendio, sino también para acercarse a Matías. Sus habilidades como bombero ahora se mezclaban con un deseo ardiente de desentrañar la red de engaños en la que Ana se encontraba atrapada. “voy a cumplir con mi plan de venganza, que empiece el juego”