Ese pasadizo secreto detuvo a Mark y Ana por unos largos minutos, mientras la penumbra de aquel estrecho lugar hacía flotar la tensión por los aires, el olor a perfume que se desprendía de Mark, una mezcla de Vainilla, Canela y Lavanda, hicieron la combinación perfecta para enloquecer la nariz fina, de aquel elegante y delicado rostro de la bella mujer que estaba frente a él.
—Aún no entiendo qué hacemos escondidos aquí–se quejó Mark, incómodo, su destacada estatura, resultaba ajustada para el estrecho espacio, estaba semi agachado y con su pecho, rozaba la cabeza de Ana, ella le tapó la boca con las manos, y le hizo una señal con uno de sus dedos para que se mantuviera en silencio por unos minutos más.
Un repentino ruido sobresaltó los nervios de la Joven mujer, quien pegó un grito sin pensarlo
—Es tu celular el que suena–le dijo Mark, con un gesto de incomodidad, todavía se cuestionaba como había sido capaz de seguir los pasos de aquella completa extraña.
—Es nuestra señal para salir, ven sígueme–agregó Ana, y Mark, la siguió con recelo, hasta atravesar la salida alternativa.
—Ahora sí, me vas a contar, por qué me hiciste esconder como si fuera yo un delincuente, ¿por qué te mandó a seguir Matías, que tengo yo que ver con eso? —cuestionó furioso
—Está bien, perdóname, tienes derecho a saber la verdad, pero créeme, con esto acabo de salvarte la vida–aseguró ella, él la miró confundido
—¡Salvarme la vida! Oh, entonces estamos a mano—exclamó sarcásticamente
—Si Matías se entera de que estamos juntos, es capaz de cualquier cosa–sostuvo ella alterada
—wo, wo, wo, espera, tú y yo no estamos juntos, solo vine aquí porque me lo pediste, con la intención de agradecerme en persona, según tú, pero por lo que acaba de pasar, no te creo nada, —sostuvo Mark y le dio la espalda, estaba libre para irse
—Bien, ya sé lo que piensas sobre mí, crees que soy una cualquiera porque estoy al lado de un hombre como Matías, ¿eso es lo que piensas? A ver dime–agregó ella, oponiéndose otra vez en su camino
—Ya veo cuál es tu manera de llamar la atención, pero esta vez no, esta vez me iré sin que me detengas–le avisó firmemente Mark.
El hombre caminó, aunque se sentía un poco perdido, las luces parpadeantes de la calle, se reflejaban en sus ojos, y él hizo el intento por recordar en donde había dejado estacionado su auto, pero Ana, persistente, agilizó sus movimientos hasta alcanzarlo, ella estaba acostumbrada a echar el pleito hasta el final para obtener una respuesta que la favoreciera, era lo que hacía siempre en su trabajo, estaba tan familiarizada con las victorias, que esa vez, quería que le pasará lo mismo, pero temía que tenía la de perder
—No te irás hasta que me contestes, acaso crees que me conoces para juzgarme como lo has hecho
—Pero acaso no es obvio, sino, no se explica por qué sigues al lado de alguien a quien le temes, o crees que voy a creerte que todo este círculo de esconderme en ese rincón fue para salvarme la vida— dijo Mark dejando casi sin palabras a la joven mujer, lo cual era raro, porque Ana, tenía argumentos para todo, pero por fin alguien había tocado su ego, y había puesto un punto final a su discurso.
Mark no era solo fuerza física; también era astuto y perspicaz. Su mirada revelaba la mezcla de carácter fuerte y la carga emocional que llevaba consigo.
—No sé por qué tiene que importarme lo que piensas de mí, pero, ya tienes un concepto sobre quién soy, así que no voy a luchar por cambiarlo–agregó Ana con más calma, abrió su boca para decir otra palabra, pero se la reservó, le dio la espalda a Mark para que continuara su camino, pero se detuvo, sus argumentos aún no habían terminado.
—No creas que todo se resume a lo evidente, en mi profesión he aprendido que las apariencias, pueden ser muy engañosas–dijo ella, guardando en su bolso el sobre con dinero que aún permanecía entre sus manos, Mark no pretendía dejarla con la última palabra, aunque no lo querían reconocer, aquella conexión emocional que sintieron el uno por el otro, estaba siendo manifiesta en esa dinámica conflictiva que parecía no tener fin.
—Sabes que, tienes toda la razón, me dejé llevar por las apariencias de esa chica vulnerable que necesitaba ser rescatada
—¡Crees que inventé todo aquello del incendio! Acaso piensas que estoy loca–gritó con fuerza la mujer, alborotando sus manos en el aire
—Pues no lo sé, ¿por qué estoy aquí, para qué me llamaste, por qué juguemos a las escondidas como lo estamos haciendo? Para que luego digas que te persiguen, pues me parece muy raro todo, y sea cual sea tu juego, te pido que no me involucres, está bien.
Mark estaba sobresaltado, había sido demasiado estrés en pocas horas, aunque estaba acostumbrado a lidiar con momentos estresantes y de grandes peligros, pero aquello parecía una escena sacada de una novela.
—No es un juego, simplemente deseaba conocer al hombre que tuvo el coraje de arriesgar su vida para salvar la mía, es que te veías, tan, tan—su voz titubeó por unos instantes y se desvaneció ante la situación
Ana podía parecer fuerte, su profesión como abogada le daba esa apariencia, pero lo cierto, era que llevaba consigo una vulnerabilidad oculta, tras ese quiebre inesperado, sus ojos turquesas se empaparon de inmediato, sacando a flote la fragilidad que llevaba por dentro.
Mark no sabía como reaccionar, no estaba preparado para lo que acababa de pasar, estaba confundido, además, quería obligarla a que terminara la frase, pero no sabía si aquel despliegue de lágrimas en los ojos de esa mujer, era porque realmente estaba en peligro su vida, o una puesta en escena de ella para llamar su atención.
Bajo la luz de la luna llena, Ana y Mark se enfrentaron a una encrucijada de emociones que los estaba consumiendo por dentro, él sabía que su intento por acercarse a Matías, lo conduciría a eso, a un entramado de situaciones interminables.
Si Ana estaba utilizando una de sus tácticas de manipulación para conseguir algo de Mark, no le iba a ir muy bien —pensó él.
Si algo había aprendido aquel hombre forjado por las marcas de su pasado, era evitar corresponder a todo vínculo emocional, su sed de venganza estaba primero que cualquier emoción sentimental, aquello lo había hecho implacable, y no estaba dispuesto a que una recién conocida, se metiera entre sus planes. Para ese momento, la tensión entre ellos no había disminuido.