Había pasado una semana desde el voraz incendio que amenazó con llevarse la vida de Ana, desde aquel momento, Mark, no la había vuelto a ver en persona, pero la prensa se había encargado de aportar todos los detalles sobre el estado de la joven mujer, ella había salido de peligro.
Mark no tenía ninguna intención de seguirse involucrando con Ana, pero su curiosidad de conocer un poco más sobre su vida, había desatado una investigación silenciosa, y las dudas que tenía muy dentro de sí sobre la dichosa mujer, terminaron por confirmarse con su investigación.
Ana no solo era la protegida de Matías, el abogado del mal como lo llamaban, porque nunca perdía un caso, y los mafiosos, estaban dispuestos a pagar fortuna para que él los defendiera. Ana, de acuerdo con la búsqueda que hizo el bombero persistente, sostenía una relación amorosa con Matias, a pesar de que el hombre podría ser el doble de mayor que ella.
Aquella noticia le cayó como un puñal en el corazón de Mark, trayendo recuerdos devastadores a su mente, se había prometido no olvidar las razones por las que se había mudado a aquella ciudad. Aunque la pareja no hizo público su vínculo, pero los rumores en la prensa, y las fotos reveladoras en los perfiles públicos de Ana, indicaban lo contrario.
Entre el silencio crudo de aquel caluroso atardecer que encendió los sentimientos de Mark, una repentina llamada a su celular aceleró su corazón,
––Hola Mark–escuchó del otro lado, al principio le resulto un tanto difícil distinguir esa delicada y femenina voz que le hablaba casi susurrando, pero sus latidos se precipitaron todavía más, cuando supo de quien se trataba.
––Soy Ana Frank, supongo que estoy viva gracias a ti–afirmó ella, emitiendo un sonido que simulaba una sonrisa.
La mente de Mark entró en shock, una mezcla de sentimientos le volvieron a cruzar por su cabeza, pero rápidamente contestó, evitando la omisión de palabras que el mismo había creado.
––solo hice mi trabajo, no debiste molestarte con esta llamada–dijo él mostrando desinterés, pero con el rostro iluminado por la sorpresa
La llamada de Ana tenía un objetivo claro, algo que Mark no se esperaba
––Quiero agradecerte en persona, ¿será posible que nos veamos hoy? espero no incomodarte con mi invitación–dijo ella endulzando el oído de Mark, con su voz melosa y serena, y repentinamente, la conexión entre ellos que ya había dejado huellas una semana atrás, parecía cobrar vida nuevamente.
Sin pensarlo, el atractivo bombero aceptó la invitación, su viernes de descanso, había sido interrumpido y de que manera. Mientras hablaba al teléfono, se habló así mismo en silencio, "que estaba loco por haber aceptado reunirse con una extraña," pero su plan de acercarse a Matias estaba en curso, y si esa era la manera de hacerlo, no iba a dudarlo dos veces.
Entre callejones adoquinados y edificios históricos, se encontraba “ El rincón de los Suspiros” el lugar donde Ana había citado a Mark, en el mismo corazón de la ciudad bulliciosa "Bogotá." A pesar del corto tiempo que tenía viviendo en la ciudad, el experimentado joven, conocía a fondo el entorno urbano gracias a su labor como bombero.
Mark se detuvo en la puerta del café, observando a su alrededor para ver si divisaba por algún lugar a Ana, ella aun no había llegado, por lo que el joven, supo elegir una mesa estratégica desde donde pudiera observar la entrada, hasta la llegada de la joven mujer. La tensión en el aire era palpable, mezclada con la fragancia de café que flotaba alrededor. Su mirada fija en la entrada, reflejaba una mezcla de anticipación y determinación.
El sonido de las campanas en la puerta, anunciaba la entrada de una mujer misteriosa, vestida de n***o, con un sombrero que cubría prácticamente su rostro, y unos oscuros lentes que ocultaban sus ojos.
Mark no podía identificar aquella figura, la observó hacer unos ademanes a uno de los camareros quien se acercó hasta ella de inmediato, Mark observó como la mujer dirigía sus pasos lentamente hacia él, hasta tenerla frente a frente.
––Hola Mark, al fin nos volvemos a ver lejos del humo y el fuego–añadió la dama frente a sus narices, ella extendió su mano derecha para saludarle, Mark la estrechó, sosteniéndola con delicadeza, un burbujeo corrió por el brazo derecho de aquel hombre, quien entre suspiros y una mirada profunda, se había olvidado aflojar la mano.
––Perdón, sientate –avisó Mark al reaccionar
–Gracias, pero no es necesario que te pongas de pie, no soy tan importante como dicen en los medios, el verdadero héroe lo tengo frente a mi–añadió ella al sentarse de inmediato a su lado
––Tonterías, como te había dicho antes, solo estaba haciendo mi trabajo–le volvió a repetir Mark, desviando por un momento su mirada del rostro de Ana, para seguir disfrutando de su café.
––Es cierto tu trabajo, pero, según escuché en la prensa y por lo que me contaron, todos me daban por muerta–enfatizó ella con una sonrisa entre sus dientes.
Ana permanecía oculta detrás de ese sombrero y las lentes negras que escondían los ojos llamativos azules que habían embobado a Mark aquella vez cuando la vio tirada en la camilla. Tuvo una semana para pensar que aquello que había sentido por Ana, tal vez se debió a la fragilidad del momento, pero ese día con ella tan cerca, lejos del peligro, se dio cuenta de que no era así, había algo especial en esa mujer, que su mundo se redujo a ello, pero aún así, prefería mantener bien oculto cualquier emoción sentimental, porque podría poner en riesgo sus verdaderas intenciones.
En un momento, Ana alejó los anteojos de su cara dejando al descubierto una vez más, los ojos que a Mark le habían llamado tanto la atención, la mirada profunda de la influyente abogada avivó la chispa de aquella conexión que surgió entre las llamas.
––De verdad, muchas gracias por lo que hiciste por mi–repitió Ana, sus ojos al descubierto, miraban fijamente al bombero, quien se veía diferente fuera de su uniforme de trabajo.
Mark, con su metro ochenta de estatura y sus brazos fornidos, reflejaba la imagen viva de la fortaleza física que había adquirido en su labor como bombero, pero detrás de cada músculo, contaba una historia de esfuerzo, dedicación y con deseos de venganza que Ana desconocía.
Ella sostuvo la mano de Mark, eso lo dejó todavía más sorprendido, las actitudes de esa mujer eran impredecibles ¡qué buscaba ella con aquel acercamiento! Se cuestionó él de inmediato
––Quiero decirte, si necesitas mi ayuda en lo que sea, si estás en algún apuro, estaré para ayudarte
––oh, entonces estoy salvado–argumentó con sarcasmo
–Pues es lo menos que puedo hacer, te debo mi vida–advirtió, intentando ser amable, y transmitir su agradecimiento sincero.
––Además,quiero darte esto–dijo Ana, sacando de su bolso un sobre
––!Qué es esto!
––Pues, forma parte de mi manera de agradecerte––advirtió ella de forma natural
Después de aquel ofrecimiento, un silencio leve se levantó entre ellos dos, en ese lapso, Mark la observó con determinación con aquellos ojos café profundo
––No tiene que hacerlo señorita, yo no necesito su dinero–avisó ignorando el sobre que había quedado en la mesa, su tono de voz había cambiado, e hizo el intento de pararse, pero ella lo detuvo.
—No por favor, no te vayas, no buscaba ofenderte, realmente, quiero compensarte con algo
—Pues ya te dije que no lo necesito, gano lo suficiente para mantenerme, no intentes redimirte conmigo
—¡Qué dices!
—No te hagas la ingenua conmigo. Abogados como tú, están acostumbrados a ese juego de intercambiar dinero para conseguir lo que quieren, pero yo no soy uno de tus clientes habituales–avisó molesto, ya dispuesto a marcharse de allí. Las ideas que habían surgido a última hora en la cabeza de Mark, sobre quien verdaderamente era Ana, en esos minutos sentados en el café, estaban cobrando vida.
—Definitivamente, no sabes nada sobre mí, no voy a permitir que me insultes de esa manera—le contestó ella con cara enrojecida, aquellos faroles azules que tenía en medio de su rostro, los apuntó con hacia Mark.
—Sé lo suficiente sobre ti, como para quién trabajas, con quién trabajas, o con quién te acuestas–respondió con determinación
—Ay, ya veo por donde viene el asunto, aun así, eso no te da el derecho para que me juzgues.
Ana enfadada, apretó con firmeza sus puños encima de la mesa, estaban en un lugar público, aunque en una mesa bastante reservada, pero no quería alborotos, no estaba en condiciones de llamar la atención, intentó calmarse, volviendo a sumergir sus labios en su taza de café.
—Señorita, yo no la estoy juzgando cada quien sabe lo que debe hacer para su propio beneficio
Pero, sin embargo, usted me ofende ofreciéndome su dinero, a mí me pagan por hacer mi trabajo, no busco popularidad como otros–advirtió enfático mirándole de reojo, determinado a salir de allí.
Aquellos minutos frente a la mujer de mirada, hechizante y atractivo, irresistible, fueron suficiente para darse cuenta de que clase de chica era ella, la consideró de inmediato como una oportunista, para Mark, ella estaba con Matías solo para buscar seguridad y beneficios económicos, además de la popularidad que se había ganado al trabajar a su lado, de lo contrario, no podía explicar, como una mujer de 28 años, estaba con un hombre que podía ser fácilmente su padre.
Ana desconocía totalmente que Mark detestaba a Matías, y por ende, a cualquier persona que estuviera a su lado, Mark lo conocía, aún mucho más que ella misma y buscaba venganza, por motivos muy oscuros que luego iban a ser revelados, su mudanza a Bogotá, no fue solo por encontrar una estabilidad económica, sino también, siguiendo los pasos de aquel abogado del mal.
Mark se puso de pie, listo para irse, pero Ana recibió una llamada que la obligó a suplicarle que se quedara.
—Por favor, no salgas, te lo pido–le dijo ella parándose de inmediato, entorpeciendo su camino, impidiendo su progreso.
— ¡Qué te pasa!
—Es Matías, me mandó a seguir, sabe que estoy acá adentro con alguien
—Pues yo no tengo nada que ocultar–dijo Mark y dio dos pasos, Ana insistió rogándole que no avanzara, y se aferró como una niña a sus brazos
—Te lo explicaré todo, pero por favor, no salgas por esa puerta, ven conmigo, ese hombre es capaz de cualquier cosa—dijo ella con cara de terror
Mark tuvo sus dudas de si creer en ella o no, pero por alguna razón, volvió a palpar la misma conexión que tuvo con Ana el día del incendio, la sintió indefensa y vulnerable, a pesar de la coraza de fortaleza que había vislumbrado en ella, finalmente aceptó, aunque con cautela. Ana, quien conocía muy bien el lugar, en donde estaban, era uno de sus lugares favoritos. Ella lo condujo a un pasadizo secreto que daba a otra salida.
Por unos minutos, ambos se quedaron parados allí, mientras ella esperaba una señal de su amigo, el camarero, para poder salir. La figura imponente de Mark, la atrapó, haciéndole sentir cosas dentro de ella, que no podría ignorar.