—¡Basta, por favor, deténganse! —pidió Camila intentando separar a su hermano y a Eduar de Camilo. Rodó su mirada a Sandrid—, ¡ayúdame! Sandrid se acercó y ayudó a su amiga a separar a los muchachos. —¡Basta, deténganse! —gritaban las chicas. Eduar y Cristian se apartaron de Camilo quien estaba bastante encolerizado. Se levantó del piso. —¡DÉJAME EN PAZ, NO ME BUSQUES MÁS EN MI VIDA! ¡LARGATE! —gritó con fuerza Sandrid. Algunas personas que estaban pasando por la calle se quedaron a ver lo que estaba pasando de lejos y comenzaron a murmurar. —¡ESTARÍA YO LOCO PARA VOLVER A BUSCARTE, ZORRA! —gritó Camilo, escupió sangre, llevó una mano a su cara, había quedado hecho un desastre. —¡LÁRGATE!, ¡BESTIA, MALDITO! —gruñó Camila, abrazó a Sandrid. Camilo rodó la mirada a la calle y

