CAPÍTULO 30

1046 Words
Nari —¿Nari? —dijo Liam, de pie en la puerta. Tragué saliva, cerrando el portátil con suavidad, sin que el clic fuera delator. —¿Sí? —respondí con voz suave, como si no acabara de ver mi mundo desmoronarse. Él me observó con esa expresión rota que tan bien sabía disfrazar con sonrisas. Sus manos estaban en los bolsillos. Nervioso. Sus ojos, esquivos. —¿Qué hacías despierta? —preguntó. —No podía dormir. Soñé cosas raras otra vez —mentí, sin pestañear—. Vine a revisar unas fotos viejas. Pensé que me ayudaría a recordar cosas lindas. La palabra recordar le provocó un leve temblor en la mandíbula. Lo noté. Todo lo notaba ahora. —¿Qué tipo de sueños? —insistió, acercándose. Apreté los dientes en silencio. No debía parecer demasiado segura. Ni demasiado confundida. Solo… vulnerable. Él necesitaba seguir creyendo que yo no sabía. —Había una chica. Se parecía a mí. Pero no era yo —dije, bajando la mirada—. Estaba sola. Y tenía miedo. Liam tragó saliva. Sus manos se cerraron en puños. —¿Y crees que fue un recuerdo? —No lo sé —susurré—. ¿Tú qué crees? Se congeló. Y ahí lo vi. La verdad estaba ahí, debajo de su piel. No la dijo. Pero tampoco la negó. —Ven. Te haré un té —dijo por fin—. No quiero que sigas pensando en eso. Le sonreí. Una de esas sonrisas que se quiebran como cristal al caer. Actuar. Esperar. Observar. Me serví el té. Charlamos. Él trató de distraerme. Me contó anécdotas, me hizo reír. Yo jugué mi papel. Pero cada palabra que decía la clasificaba mentalmente como pista o distracción. La intuición ardía en mi pecho. Algo no encajaba. Más tarde, cuando Liam fue al baño, aproveché para revisar su mochila. No debía hacerlo. Pero ya estaba demasiado dentro para detenerme. Allí estaba. Un sobre con fotografías antiguas. Yo… o alguien como yo, en distintos escenarios clínicos. Y entre ellas, una imagen desgastada, doblada en una esquina: Jiwoo. Con el uniforme escolar. De la misma academia donde Mike estudió. Y junto a ella… Liam. No podía respirar. La mirada de Jiwoo hacia él no dejaba lugar a dudas. Estaba enamorada. Y él, en la foto, no devolvía esa mirada. Pero entonces vi otra cosa: una nota escrita a mano, deslavada, apenas visible: "Lo hiciste bien, aunque no me recuerdes. Te perdono." Sentí que el suelo se me iba. Liam volvió. Rápido. De pronto. Escondí el sobre. Sonreí. —¿Ya estás listo para dormir? Él asintió. Me abrazó. Me besó la frente. —No quiero que sueñes nada malo esta vez. —Tú quédate conmigo, y todo estará bien —le respondí. Y mientras él cerraba los ojos, yo los abría por dentro. Ya no era una simple víctima de los errores del pasado. Era parte del rompecabezas. Y esta vez, no iba a dejarlo a medias. Desconfianza en la penumbra La noche había caído por completo cuando Nari se encerró en la habitación. La tenue luz del pasillo apenas se filtraba por la r*****a de la puerta, proyectando sombras que parecían moverse cada vez que parpadeaba. Tenía el celular en la mano, revisando una y otra vez ese mensaje que la había descolocado. "¿Hasta cuándo piensas seguir fingiendo ser ella?" Esa frase la perseguía como un eco. No era solo el contenido, sino el momento exacto en el que llegó: justo después de su conversación con Jiwoo, justo cuando empezaba a atar hilos que no terminaban de encajar. Liam estaba en el sofá, a solo unos pasos de distancia, pero la tensión entre ambos era palpable. Había un silencio espeso, incómodo, como si ambos supieran que había algo que decir… pero ninguno se atrevía a romperlo. —¿Todo bien? —preguntó él, intentando sonar casual, pero sus ojos la analizaban con detenimiento. —Sí… solo estoy cansada —mintió ella con una sonrisa fugaz. Liam no respondió de inmediato. Se puso de pie y caminó hacia la cocina, pero antes de desaparecer de su vista, murmuró: —Estás rara últimamente… como si estuvieras esperando que yo dijera algo que no quieres oír. Esa frase hizo que Nari lo observara con más atención. ¿A qué se refería? ¿Estaba insinuando algo o era solo paranoia? Quiso preguntarle directamente, pero algo dentro de ella le gritó que esperara. Que lo observara. Esa noche no durmieron juntos. Liam se quedó en la sala, con el televisor encendido pero el volumen bajo. Nari, en la habitación, fingía dormir mientras escribía frenéticamente en su diario. Ahí volcaba pensamientos, hipótesis, nombres, fechas. No era sólo el mensaje… era la actitud de Liam, los comentarios de Jiwoo, el extraño comportamiento de Euni en redes, y esa voz interior que le decía que había algo que no encajaba. A la mañana siguiente, Nari se despertó sobresaltada. Soñó con un accidente. El sonido de vidrios rompiéndose y un grito. El suyo. El de alguien más. El recuerdo no era nítido, pero la sensación sí. Cuando bajó, encontró a Liam hablando por teléfono, de espaldas. No se dio cuenta de que ella estaba escuchando. —…No, Jiwoo no sabe nada. Y ella tampoco. Solo necesito tiempo. No puedo decirle todo aún. No después de lo que pasó… Silencio. —Sí, lo sé. Pero si lo descubre por su cuenta, todo se irá al carajo. Ese fue el instante. Nari supo que tenía que actuar. No lo enfrentaría. Aún no. Fingiría ignorancia. Lo observaría. Lo escucharía. Haría preguntas pequeñas, indirectas. Y mientras él bajaba la guardia, ella iría conectando las piezas. Pero antes de que pudiera moverse, Liam se volteó. Al verla ahí parada, con los ojos bien abiertos y una expresión casi neutral, se tensó. —¿Hace cuánto estás ahí? —preguntó con voz grave. Nari sonrió con calma. —Apenas bajé. ¿Hablabas con tu madre? Liam vaciló… apenas una fracción de segundo. —Sí. Me preguntaba si íbamos a visitarla. Ella asintió sin decir nada más. Fingió no notar la mentira. Pero lo supo. Él le estaba ocultando algo. Y ahora, más que nunca, ella estaba decidida a descubrirlo. Aunque eso significara abrir puertas que jamás imaginó.
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