CAPÍTULO 39

1417 Words
Las luces del salón de reuniones eran frías, como el ambiente que se respiraba. No era hostilidad. Era tensión. Liam estaba sentado en un extremo de la larga mesa de vidrio, con los dedos entrelazados. Nari, a su lado, con una carpeta manila entre las manos. Frente a ellos, los managers de ambas agencias, los asesores legales, un representante de prensa y, conectados en videollamada, dos rostros sin expresión de la junta directiva de K-Starlight Entertainment. Nadie hablaba todavía. Pero todos sabían lo que estaba en juego. —¿Entonces es oficial? —rompió el hielo la manager de Nari, ajustando sus gafas—. ¿Vas a dar una rueda de prensa para hablar de tu identidad? —Sí —dijo Nari, firme. Su voz no titubeó. —Y además… ¿van a confirmar su relación? —preguntó un directivo, arqueando una ceja. Liam miró a Nari, y luego asintió. —Sí. Un murmullo cruzó la mesa como un cuchillo cortando el aire. El manager de Liam frunció el ceño. —¿Tienen idea del impacto de esto? Estamos hablando de un escándalo de identidad, una confusión médica, meses de actividad bajo un nombre que legalmente no era el suyo… y ahora, un noviazgo con su compañero de grupo. Podría costarles contratos. Fans. Ingresos. Todo. —Y no decir la verdad podría costarnos algo peor —dijo Liam con frialdad—. El respeto propio. —Esto no es un drama para redes —intervino otro—. Necesitamos un plan. Comunicado oficial. Control de medios. Definir qué preguntas se responden, qué queda fuera. Y todo eso… debe estar listo para mañana. Nari apretó la carpeta contra su pecho. —Entonces trabajemos en ello. No quiero esconderme más. Ya no. Un silencio breve. Luego, la manager de Nari habló con voz más suave: —Si vamos a hacerlo, lo haremos bien. Con sinceridad, pero con estrategia. Tendremos una stylist lista, un set neutro, luces suaves, traductores… y por favor, ensayen las respuestas. Cada palabra cuenta. —¿Se puede hablar de los errores del hospital? —preguntó uno de los abogados. —No atacaremos al sistema médico —aclaró Liam—. Solo contaremos lo que ocurrió desde nuestra experiencia. —Y respecto a Daniel y Mike… —preguntó otra voz—. ¿Se mencionarán? Nari vaciló un momento. —Solo si es necesario. No queremos sensacionalismo. —Y el grupo… ¿ya sabe todo? —preguntó alguien más. —Sí. Y nos apoyan —respondió Liam—. Incluso Jun escribió un comunicado en privado ofreciendo su respaldo si es requerido. La reunión continuó por horas. Ajustes. Enmiendas. Tiempos. El anuncio sería transmitido en vivo, con subtítulos multilingües y moderado por una periodista confiable. Las redes ya estaban en cuenta regresiva. Al final del día, mientras todos salían de la sala, Nari se quedó unos minutos sola, mirando su reflejo en la ventana del edificio. No se veía débil. No se veía perdida. Se veía como quien está a punto de encender una chispa… y está lista para el fuego. El set era simple y aséptico: fondo marfil, dos micrófonos, una mesa baja con agua y pañuelos. A la izquierda, la moderadora —una periodista veterana, respetada por no vender morbo— repasaba tarjetas. A la derecha, dos sillas. Sobre la mesa, un cartel: “Declaración oficial — Nari & Liam”. Detrás de cámaras, estilistas y managers susurraban como abejas. Nari llevaba un traje sastre n***o sin adornos, camisa blanca, el cabello recogido en una coleta limpia. Nada que compitiera con las palabras. Liam, blazer gris, camiseta negra, el rostro serio. —Respiración —susurró él, entrelazando los dedos con los de Nari. —Entra conmigo —respondió ella, firme. —Siempre. La luz roja encendió. En vivo. La moderadora sonrió leve. —Buenas tardes. Gracias por acompañarnos. Hoy Nari y Liam han pedido hablar sin intermediarios. Empezaremos con una declaración y luego abriremos preguntas. Nari, cuando quieras. Nari se acercó al micrófono. No temblaba. —Gracias. Voy a ser directa. Mi nombre profesional es Nari. Legalmente, desde hace meses, soy Song Hana. Nací en Australia como Samantha Johnson. Fui separada al nacer de mi hermana gemela, Song Nari, por decisiones médicas y familiares que hoy sé que fueron equivocadas. Hizo una pausa. —No supe nada hasta después de un accidente que muchos recuerdan. Desde entonces viví con preguntas que nadie podía —o quería— responder. Hoy tengo documentos, fechas y un diario de mi madre biológica que explican esa separación. No estoy aquí para destruir a nadie, sino para dejar de vivir a oscuras. Silencio absoluto. La periodista asintió. —Liam. Él se inclinó. —Estoy aquí como pareja de Nari y como colega. Cometí errores cuando perdí la memoria y no supe manejar el dolor de no recordar. La herí. A su familia también. Hoy no vengo a excusarme; vengo a respaldarla en lo que decida y a decir algo sin rodeos: la amo. Y vamos a enfrentar lo que venga, juntos. Los flashes estallaron como tormenta contenida. La moderadora levantó la mano. —Abrimos preguntas. Una reportera de cultura alzó la voz primero. —Nari, ¿adoptada o suplantada? El público se confunde. —Fui adoptada de facto bajo otra identidad. No “suplanté” a nadie. Me criaron como Nari sin contarme el origen real. La Nari original —mi hermana— falleció. Yo sobreviví. Contarlo de forma clara es lo mínimo que ella merece. Un periodista de investigación: —Se rumora un programa clínico de “separación neonatal” avalado por autoridades. ¿Lo confirma? ¿Demandará? Nari sostuvo la mirada. —Confirmo que hubo prácticas irregulares en mi caso. No haré juicios públicos sin terminar el proceso legal. Ya iniciamos solicitudes formales de información. Y no, esto no es ciencia ficción: es negligencia con nombres y apellidos que se tendrá que esclarecer. De espectáculos: —¿Mintió para entrar a la industria? —No. Entré como fotógrafa, después como modelo y actriz. Mi trabajo me pertenece; mi historia fue lo que me ocultaron. Un tabloide disparó: —¿Daniel? ¿Fue su pareja? ¿Tercero en discordia? El aire se tensó. Nari no parpadeó. —Daniel fue un apoyo en un momento muy oscuro. No es “tercero” de nada. Cerramos ese capítulo con respeto. Mi relación es con Liam. Otra mano. —Liam, ¿su grupo apoya este anuncio? ¿Teme perder contratos? —Mi grupo lo apoya. Si un contrato cae por decir la verdad, es un contrato que no quiero. La moderadora miró la última tarjeta. —Última pregunta: ¿por qué ahora? Nari tomó aire. —Porque ya no me da la gana seguir pidiendo permiso para existir. Hubo un murmullo colectivo; una mezcla de alivio, sorpresa y aplauso contenido. La moderadora cerró: —Gracias. El comunicado completo, con documentos clave, estará en los sitios oficiales. No habrá entrevistas adicionales hoy. La luz roja se apagó. El zumbido de la sala se volvió humano: respiraciones, pasos, vasos de agua. Nari retrocedió dos pasitos; Liam ya estaba ahí. —Lo hiciste perfecto —le dijo, con la voz quebrada. —Lo hicimos —corrigió ella. Minutos después, en la sala adyacente, los managers refrescaban pantallas. —Tendencia en diez países —informó prensa—. 62% de comentarios positivos, 24% neutrales, 14% críticos. —Marcas clave: esperando. Nadie cancela hoy —añadió el manager de Liam—. —Los fans de Nari están organizando un proyecto de apoyo —sonrió la manager de ella—. “We stand with the truth”. Nari apoyó la frente en el cristal del ventanal. Desde allí la ciudad parecía un circuito de luces respirando. El teléfono vibró. Sofía: “Orgullosa.” Jun: “Siempre.” Andy: “Puertas abiertas, cuando quieras cantar.” Un último mensaje, sin nombre: “Hiciste lo correcto. —D.” Nari sonrió apenas. —¿Listos para la segunda parte? —preguntó la moderadora, asomándose—. Subimos el dossier a prensa. —Adelante —dijo Nari—. Con todo. Liam la miró, y por primera vez en mucho tiempo no vio grietas, sino un mapa. Uno que quizás dolía en ciertos puntos, sí, pero que por fin tenía dirección. Tomó su mano. Ella no la soltó. Afuera, el ruido crecía. Adentro, una calma rara. La calma de quien dijo la verdad y todavía está de pie. La tormenta había empezado. Pero ellos también.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD