Pablo llega unos minutos después, y noto que Olena cambia su sonrisa por una expresión seria. A la ucraniana se le nota incómoda. Al fijarme en mi amigo, este no trae una buena cara, luego me dice: «Mateo, la señora Matilde –la casera del edificio donde vivimos- se ha comunicado conmigo por unos inconvenientes en el servicio de agua potable. ¿Puedes acompañarme a fuera un rato para comentarte lo que ocurre?», yo asiento con la cabeza, le sonrío a Olena y le pido que cuide de Eliana, que, si despierta o llaman de cuidados intensivos, me avise. La rubia acepta, me sonríe, pero cuando su mirada llega a Pablo, vuelve a ponerse seria. Algo pasa entre esos dos y voy a tratar de descubrir qué es.
- ¿Qué pasó Pablo? ¡No me digas que la bomba de nuevo se averió y no tendremos agua por unos días! –suelto preocupado por esos detalles domésticos, pero Pablo me agarra del brazo y me aparta del resto de la gente que está cerca de la puerta de Emergencias.
- ¿Esa rubia es amiga de tu Eliana? –pregunta Pablo muy serio.
- Creo que sí, es quien cuida al bebé mientras ella está trabajando. ¿Sucede algo?
- Creo que tu Eliana no es tan sana como pensé –frunzo el entrecejo al escucharle decir ello.
- ¿A qué te refieres? –preguntó algo molesto por como se ha atrevido a insinuar que Eliana no es una buena persona.
- Olena Shevchenko junto a su hermano Aleksandr administran el burdel más grande de la ciudad, el cual funciona en este barrio –mi primera reacción es de sorpresa porque Olena no aparenta ser una mujer dedicada al negocio de la prostitución, luego me pongo serio y respondo a lo que Pablo acaba de decir.
- ¿Y? Que Olena se dedique a ese oficio no significa que Eliana también. Y si así lo fuera, estoy seguro que nunca lo hizo con gusto, sino por necesidad. Ser madre soltera no es fácil, más cuando ni tu familia te apoya después de haber sido abandonada por un cobarde –digo y Pablo deja la seriedad y me sonríe.
- No te molestes conmigo, Mateo. No te voy a negar que me alegra ver que ya no eres un prejuicioso, pero no me gusta que los Shevchenko estén cerca a Eliana. En ese burdel no solo comercializan con sexo, también lo hacen con drogas y con apuestas clandestinas. Esa es gente peligrosa, y no me parece adecuado que el pequeño crezca rodeado de ellos –ahora entiendo a Pablo. No es que Eliana pueda ser una prostituta, sino que también la podrían estar utilizando en los otros negocios.
- Gracias por tu preocupación, Pablo, pero creo que Eliana no está metida en nada de eso, sino para qué trabaja lavando platos en el hotel, de seguro vendiendo drogas ganaría más dinero –el policía asienta con la cabeza y se rasca la barbilla en una posee notoria de estar pensando a profundidad sobre este tema.
- Espero que los Shevchenko sean mejores personas y nos sorprendan haciendo un acto de caridad con Eliana y el bebé -comenta Pablo a la par que lanza un suspiro, como si su deseo de que esos extranjeros en verdad sean buenas personas sea algo que espera fervientemente.
- Eso mismo espero –digo, y en ese preciso momento, escucho la voz de Olena llamándome por mi nombre.
- Eliana ya se despertó –dice la rubia, y camino para regresar a Emergencias.
Veo como la mujer que me enamora cada día más está moviendo lentamente la cabeza y elevando los brazos para ver que está conectada a una unidad de suero por medio de una vía intravenosa que han colocado en su brazo izquierdo. Jalo una silla para sentarme a un lado de la camilla donde se encuentra para poder contarle cómo ha evolucionado el estado de Sebastián. Ella me mira, me reconoce, los ojos se le llenan de lágrimas, está avergonzada; imagino que es por haberme ocultado la verdad porque no creo que haya algo más que pueda apenarla de tal manera que quiera llorar. Tomo su mano derecha, la acaricio con suaves toques que le prodigo con mi pulgar; con la otra mano acaricio sus cabellos para tranquilizarla.
- Todo está bien, Eliana. Tu bebé está estable. El médico me ha dicho que está reaccionando muy bien a los antibióticos. Ya no tiene más fiebre y ahora duerme para que pueda hacer un mejor efecto la medicación. Va a tener que quedarse unos días en el hospital para que chequeen su progreso, pero el médico pronostica que en breve podrá ser dado de alta. No te preocupes por nada, no estás sola –Olena se acerca, y al ver Eliana a su amiga sonriéndole, entiende mis últimas palabras, que estamos para ayudarle, que no estará sola cargando con el cuidado de Sebastián en el hospital.
- Gracias –dice a duras penas, con la voz entrecortada por las ganas de llorar.
- Dime cómo te sientes. Han pasado tres horas desde que te desmayaste –le digo, y ella mira a Olena con mucha preocupación-. Tranquila, que nosotros hemos estado pendientes de ti y de Sebastián, todo está bien –ella respira hondo y se dispone a hablar.
- Estoy bien, gracias –su mirada cambió, dejó atrás el miedo y volvió a expresar alegría, como me veía al encontrarnos en el hotel, cuando aún no le manifestaba mi interés por ser algo más que amantes clandestinos y ella me negaba la oportunidad de demostrarle que soy un hombre de mucho valor y que la puedo hacer feliz-. Mateo, quiero ver a mi hijo –las dos últimas palabras las dijo desviando su mirada de la mía.
- Voy a pedirle a la enfermera que pregunte si puedes pasar a ver a Sebastián –digo y, sin planearlo, dejo un beso en su frente, luego me alejo y voy a buscar a quien me pueda ayudar a hacer que Eliana se encuentre con su hijo.
Al igual que sucedió conmigo, la enfermera lleva a Eliana para que vista las prendas de bioseguridad antes de ingresar a cuidados intensivos. Mientras ella habla con el médico y pasa unos minutos con Sebastián, Olena, Pablo y yo salimos hacia la sala de espera de Emergencias, ya que el médico de turno ha firmado el alta de Eliana. El policía no despega una mirada juzgadora de Olena y la rubia lo ignora por completo mientras revisa su celular. Yo solo pienso en Eliana, deseo que ella se anime a contarme su historia y así saber, aunque ya tengo una idea de sus motivos, por qué no me da una oportunidad.
Tras terminar el tiempo que podía quedarse al lado de Sebastián, vemos a Eliana acercarse a donde estamos sentados esperándola. Ella agradece a Pablo por haberle ayudado al trasladarnos con su bebé grave en brazos, mi amigo, con un semblante serio, acepta el agradecimiento con una sutil venia que era más que nada el movimiento afirmativo de su cabeza. Al dirigirse a su rubia amiga, le pide que vaya a trabajar, que ella estará bien. Olena deja su silla y abraza a Eliana, ahí noto que la rubia es muy alta, casi de mi tamaño, y solo lleva calzado deportivo, así que le creo que su hermano sea un gigante como me lo describió, y agradezco que nunca haya tenido la necesidad de irme a buscar para saldar cuentas por mi relación a escondidas con la hermosa mulata que ha cautivado mi corazón.
- No pienso dejarte aquí, sola, esperando por noticias del estado de Sebastián. Ya me comuniqué con Aleksandr y le conté lo ocurrido, él y su esposa me reemplazarán en mis funciones –dice Olena y miro a Pablo, quien eleva una ceja al sentir curiosidad por el tipo de trabajo que tiene la rubia en el burdel.
- Bueno, sola no va a estar porque yo pienso quedarme a cuidar de ella –suelto, y los tres giran sus cabezas para mirarme. Pablo sonríe con complicidad, Olena con ternura y Eliana agradecida-. Si te necesitan en tu trabajo, puedes ir tranquila, yo estaré aquí para apoyar a Eliana –la rubia mira a su amiga y ella asiente con la cabeza, indicándole que acepta mi ayuda y que todo estará bien.
- De acuerdo, pero si me entero que dejaste sola a Eliana, le diré a mi hermano que vaya con sus hombres a saldar cuentas contigo –dice la rubia muy seria, me está amenazando.
- Y los hombres de tu hermano, ¿son así de altos y fuertes como él o no tanto y puedo tener una oportunidad de defenderme? –consulto con algo de picardía, como queriendo que suene mi comentario a broma y que la rubia me tenga cariño. Olena entendió y sonrió, golpeó mi hombro con un par de palmazos y luego se despidió de Eliana con un abrazo, prometiendo mantenerse en contacto para saber a dónde la encontraría por la mañana.
- Disculpe, señor policía, ¿podría hacerme un último favor? –preguntó Eliana a Pablo con mucha delicadeza-. ¿Podría acercar a Olena a su trabajo? Aunque muchos saben en el barrio quién es y lo que su hermano les haría si algo malo le sucede, hay gente que no le tiene miedo ni al diablo, y no quiero que algo malo le pueda pasar a mi amiga –Pablo mira a Olena, la rubia lo mira con fastidio. Mi mirada oscila entre Olena y mi amigo, y presiento que algo hay entre estos dos, o quizá es mi imaginación. Al final Pablo acepta, se despide y con un ademán invita a la ucraniana a seguirlo hacia su auto, ya que, cuando regresó al hospital, su turno de patrullar ya había acabado, por lo que lo hizo manejando su propio vehículo.