Reconociendo a mi hijo: Capítulo V (Parte 2)

3262 Words
Aleksandr no permitiría que Olena viviera lo que Lyudmyla tuvo que soportar porque él era un muchachito de trece años cuando ese desquiciado y enloquecido hombre llegó a sus vidas. Pidiéndole un último favor a quien había sido su jefe por cinco años, obtuvo el apoyo del pequeño ejército que él mismo había entrenado e incursionó en la mansión donde ahora sus dos hermanas estaban prisioneras. Al ser joven, Olena pudo salir por sí misma de esa propiedad, pero Lyudmyla necesitó la ayuda de Aleksandr, y ahí fue que él se percató del embarazo de su hermana. Como si la noticia que había una nueva vida por venir lo llenara de una fuerza sobrenatural, el exsicario cargó en brazos a su hermana mayor y la llevaba consigo hacia su liberación, pero una bala que el cirujano disparó y cayó en una de las pantorrillas del gigante ucraniano hizo que el andar de Aleksandr se detenga. El médico separó a Lyudmyla de su hermano e intentó atacarlo, pero Aleksandr solo necesitó de un movimiento violento de su brazo derecho para hacer que el cirujano, que ya llegaba a los cincuenta años, retroceda varios pasos por la fuerza del golpe que recibió. En un intento de continuar con el escape, Aleksandr empezó a caminar con una notoria cojera hacia Lyudmyla, quien no lograba ponerse en pie por el mal estado corporal que tenía. Cuando la hermana mayor levantó la mirada y vio que detrás de su hermano se elevaba la sombra de su esposo alzando en mano el arma que ya había usado para herir a Aleksandr, y que ese nuevo disparo sería mortal, Lyudmyla sacó fuerzas de donde no tenía, dejó el suelo, corrió hacia la espalda de Aleksandr y recibió el disparo. Cuando el cirujano vio a quien le había caído la bala que soltó su arma, empezó a gritar y a jalarse los pocos pelos que le quedaban cubriendo la cabeza. Aunque había empezado a olvidarse de ella, aún quedaban sentimientos enfermizos por la hermana mayor Shevchenko, por lo que verla herida de gravedad le causó un ataque de pánico al galeno. Aleksandr quiso tomar el cuerpo de su hermana y llevársela, pero ella no lo dejó. Le dijo que ella se quedaría para que ellos puedan ser felices, que ese siempre había sido su destino y que nunca tuvo miedo de dar su vida por la de ellos. Arrastrándose hacia Lyudmyla, el cirujano llegó llorando y trató de apretar la herida en su vientre, pero dejó de hacerlo cuando ella le dijo que era imposible que parara la hemorragia, ya que acababa de matar a dos con un solo disparo. El médico, al saber que ella esperaba un hijo suyo, terminó enloqueciendo. Al ver que el pecho de su esposa dejó de moverse al haber llegado la muerte, el galeno hizo algo que Aleksandr no se esperaba. Corrió al bar que tenía y mojó sus ropas y piel con las bebidas de muy alto grado de alcohol que ahí había, para luego prenderse fuego y morir apresado por las llamas, con mucho dolor, gritando que con ello esperaba redimir sus pecados y poder estar al lado de Lyudmyla y de su hijo dondequiera que continúe la existencia. Olena y Aleksandr acompañados de Sasha dejaron Ucrania para ir a Alemania, donde el gigante había dejado algunos amigos. Estuvo trabajando como seguridad personal de un político, quien no dudó en contratarlo al recibir la recomendación del jefe mafioso, quien empezaba a armar la fachada de respetado empresario en otros países de Europa. Así estuvieron unos cinco años, hasta que salió a la luz los ilegales tratos bajo la mesa que el político alemán estuvo haciendo para favorecer a un consorcio empresarial ante una licitación pública. Ese escándalo hizo que el pasado de Aleksandr fuera investigado y tuvieran que huir de Alemania, llegando a Francia, viviendo por un poco más de un año en muy malas condiciones porque no podían conseguir mejores trabajos que los de reciclador para no llamar la atención de la policía. El embarazo inesperado de Sasha hizo que tomaran la decisión de despedirse de Europa. Vendiendo en el mercado n***o las pocas joyas que Lyudmyla logró entregarle a Olena antes de la incursión de Aleksandr a la mansión, lograron costear el traslado hacia Marruecos, de donde salieron hacia un nuevo país en América. Al llegar a este nuevo país, muy distinto en todo aspecto de lo que estaban acostumbrados, desde el clima hasta el estilo de vida muy fiestero y amiguero, se establecieron en el barrio más caótico de la capital porque era la única forma de no llamar la atención de las autoridades, pero a la vez tendrían la oportunidad de hacer posible los negocios que Aleksandr había aprendido en sus años siendo sicario. Al no contar con mucho dinero, el ucraniano empezó un espectáculo de peleas callejeras donde él mismo se agarraba a golpes, sin reglas, contra los mejores luchadores de algunos grupos delincuenciales cuya organización y poder distaban mucho de aquel clan liderado por el jefe mafioso que le dio la oportunidad de obtener un trabajo y evitar que sus padres fueran asesinados, aunque tiempo después murieran por sobredosis. El ucraniano era imbatible, por lo que poco a poco fueron llegando de otras zonas del país y del continente contrincantes que esperaban derrotarlo. Y al mismo tiempo, Aleksandr iba llenando sus bolsillos de mucho dinero y formando su grupo, su clan, uno que lograría apoderarse del bajo mundo de esa ciudad capital al estar bien organizado. Las peleas callejeras fue el primer negocio que creó y dio paso al de apuestas, ya que a los pocos meses pudo comprar un inmueble, y con la fachada de una lavandería encubría el verdadero negocio generador de dinero. El negocio de drogas fue inesperado al llegar por sí solo. El mayor proveedor de estupefacientes le ofreció a Aleksandr trabajar juntos, ya que reconoció que el grupo liderado por el ucraniano era sólido y bien organizado. En un principio el gigante no quiso entrar en ese negocio al recordar que sus hermanas y él no tuvieron una buena niñez por culpa del vicio de sus padres, por lo que no estaba dispuesto a expandir un mal que daña no solo a quien lo consume, sino a todos a su alrededor, pero al recordar un consejo de su exjefe, el mafioso ucraniano de quien aprendió los negocios en que se había metido, terminó asociándose con ese poderoso proveedor. El consejo fue: «Mantén cerca a tus amigos, pero aún más cerca a tus enemigos. Tenerlos controlados, dependiendo de ti, es el secreto para evitar que inicie una guerra». Y así hizo Aleksandr, siendo el encargado de brindar protección en el desembarco de drogas y traslado de la misma, más no vendiéndola, ya que de eso se encargaba el socio, por lo que en Rozhevyy y en el negocio de apuestas no se vendía estupefacientes, acuerdo al que llegó el gigante ucraniano con su socio, alegando que quería evitar que algún cliente pierda el control y ataque a una de las prostitutas o inicie una pelea en alguna partida de cartas, ya que tendría que aniquilar al perpetrador de violencia, y ganarse problemas por una estupidez como esa, no era rentable para sus propósitos empresariales. Esa noche que se armó un tiroteo en la discoteca, era la primera noche que Olena salía a divertirse después de llevar siete meses viviendo en América. Por el barrio donde vivían; por lo que Aleksandr hacía para ganar dinero y crecer económicamente; por el embarazo de Sasha, y por aún no dominar bien la lengua oficial de ese nuevo país en el que radicaban, la joven no salía sola a ningún lugar, menos de noche, ya que debía cuidar de su cuñada y mantenerse a salvo de alguna represalia contra su hermano por no haber perdido una pelea que a algún maleante le interesaba ganar. Después del nacimiento de su primera sobrina y de que la organización que lideraba su hermano estaba dando buenos frutos, Olena exigió al gigante ucraniano que la sacara a una discoteca porque moría de ganas de bailar y divertirse como una joven de su edad. El tipo que causó el tiroteo era un búlgaro que buscaba venganza contra aquellos que acordaron engañarlo para robarle su dinero, haciendo que una bella mujer lo enamore para sustraer los bienes en su apartamento al tener esta la llave que él le compartió. En la pista de baile había logrado acertar dos tiros mortales, uno para cada cómplice de la muchacha que se atrevió a verle la cara de idiota. Aleksandr, por más metido en negocios turbios que se encontraba, no le gustaba esos actos absurdos que ponían en riesgo a tanta gente inocente, ya que pudo haberlos seguido al salir de la discoteca y meterle un tiro a cada uno en la soledad y oscuridad de la calle, pero como estaba poniendo en riesgo a tantos que ni enterados estaban del problemilla que había entre el asesino y las víctimas, el ucraniano se atrevió a enfrentar al búlgaro para desarmarlo y reducirlo, tarea que no se le dio fácil porque resultó ser otro buen luchador. El negocio del burdel nunca estuvo en los planes de Aleksandr, simplemente se dio para ayudar a un grupo de mujeres dedicadas a ese oficio y que eran constantemente maltratadas por sus clientes o eventuales proxenetas que las obligaban a pagarles cupos para que no terminen con un cuchillo entre las costillas o el rostro desfigurado por ácido. En cada mujer indefensa, maltratada, Aleksandr veía a Lyudmyla, por lo que no pudo hacerse de la vista gorda e intervino organizando a las servidoras sexuales al abrir un burdel para que, además de recibir pagos por cada cliente que atendían, puedan ganar dinero por la repartición de utilidades, ya que cada una de ellas era socia del negocio. Al necesitar de alguien que administre el burdel, porque él estaba muy ocupado con el de apuestas, que incluía el de peleas callejeras, y dando protección a su socio del negocio de drogas, Aleksandr se dispuso a buscar entre las trabajadoras sexuales a la más indicada para ese cargo, pero ninguna daba la talla, ya que ninguna contaba con los conocimientos mínimos sobre la gestión de negocios. Ante esta situación, Olena vio su oportunidad para empezar a trabajar, ya que llevaba once meses en esa nueva ciudad y aún no había hecho algo más que labores domésticas. Ella pudo estudiar en Alemania la carrera de administración de negocios, así que sabía cómo llevar uno. A su hermano no le gustaba mucho la idea que su hermana, una joven de casi veintiséis años, sin pareja y quizá hasta virgen -él nunca le preguntó sobre ese detalle, así que suponía que su hermana seguía intacta, y no se equivocaba- esté manejando un negocio donde puede llegar un cliente agresivo al cual se debe tratar con mayor rudeza, hasta que ella le demostró que así como podía ser compasiva y muy empática, también podía ser una arpía a la que no le temblaría la mano cuando llegue el momento de tener que poner en su sitio al cliente que quiera herir a una de aquellas mujeres que no encontraron en la vida más que esa opción para calmar el hambre propia y de sus familias. La policía se enteró de la existencia de un centro nocturno exclusivo para caballeros en el barrio más caótico de la ciudad, el cual daba el servicio también de traslado a los clientes desde diferentes puntos de la urbe, para que no teman por su bienestar al entrar y salir de ese distrito tan convulsionado por la violencia. Al principio, las autoridades pensaron que sería un causante más de problemas, pero con el tiempo se dieron cuenta que era todo lo contrario, ya que las denuncias de las trabajadoras sexuales por golpizas o intentos de asesinato dejaron de llegar a la estación de Policía del distrito, así como las calles dejaron de ser frecuentadas por ellas y sus clientes al tener un espacio apropiado para sus encuentros y negociación del servicio. Asimismo, las autoridades del sector salud pudieron hacer un mejor trabajo de empadronamiento de las mujeres que se dedicaban a este oficio y ofrecerles charlas gratuitas y campañas médicas que coordinaban con la matrona, o sea, con Olena. Fue así como Pablo se enteró que ese negocio pertenecía a Aleksandr y que Olena lo dirigía. Una mañana que el policía acompañó a la jefa de obstetras del hospital del distrito al burdel, ya que se debía coordinar con la matrona las campañas médicas que realizarían entre las prostitutas, y era necesario que la profesional en salud sea escoltada, el policía supo que la hermosa rubia estaba a cargo del negocio, uno que su hermano había financiado. A Pablo, que estaba muy ilusionado pensando cada día más y más en la rubia de ojos grises, se le cayó el cielo encima al pensar que esos dos habían sido proxeneta y prostituta, respectivamente, en su natal Ucrania, y que, al llegar a este nuevo país, no hubo de otra que trabajar en el negocio que ya conocían bien. Pablo no respondió las muchas llamadas que la rubia hizo al intentar comunicarse con él para explicarle cómo se habían dado las circunstancias. Aleksandr intentó hablar con él al ver llorar a su hermana, porque ella también había empezado a sentir algo por ese guapo y joven policía, pero tampoco tuvo éxito. Así pasaron los años hasta que llegó esa tarde en que la enfermedad de Sebastián hizo posible que esos dos volvieran a compartir el mismo espacio, dándose la oportunidad de que Olena le explique con sumo detalle su historia de vida y por qué llegaron a organizar el burdel. - Entonces, Olena no es una experimentada servidora s****l, sino una virgen que por el triste recuerdo de su hermana mayor ayuda a esas mujeres a que dentro de su desgracia puedan vivir tranquilas, sin hombres que las exploten o que las maltraten –menciono tratando de resumir la larga historia que acaba de contarme. - Se nota que eres muy inteligente al llegar a esa conclusión concisa y precisa –suelta Pablo sosteniendo su cabeza con la mano del brazo que apoya en la ventana de su auto, con la mirada perdida en un punto del paisaje, expresión que no logro descifrar-. ¿Te das cuenta que he sido un grandísimo imbécil todos estos años? No les di la oportunidad de explicarse, en especial a ella, que solo está implicada en el negocio del burdel. - ¿Y qué hiciste cuando te enteraste de la verdad? –pregunto curioso. - Ella terminó diciéndome: «Ahora que sabes la verdad, también sabes que eres un grandísimo imbécil. No quiero volverte a ver en mi vida». Olena estuvo a punto de abrir la puerta e irse, pero yo la tomé del brazo, la jalé hacia mí, cerré la puerta con seguro y le di un beso, uno que nunca le pude dar antes de enterarme que ella era la administradora del burdel –Pablo calla y yo espero que siga contándome lo que pasó, pero como nuevamente se pierde mirando el paisaje, pregunto lo obvio para que continúe con el relato. - Y ella, ¿cómo reaccionó ante esa impulsiva reacción que tuviste? – poco a poco empieza a aparecer en el rostro de Pablo una sonrisa que para mi gusto me parece un poco estúpida, y entiendo que ella respondió para bien el beso-. Con esa cara respondiste mi pregunta. - Ese fue su primer beso… nunca antes la habían besado, por eso fue un poco torpe, pero me gustó muchísimo que así sea –dice Pablo aún perdido en el paisaje, pero súbitamente gira hacia mí y me toma de los hombros. Por su repentino movimiento, me asusto y pongo mis manos sobre mi boca, no vaya a ser que el recuerdo de ese beso lo tenga hipnotizado e intente darme uno a mí-. ¡No te voy a besar, ridículo! –dice al ver mi reacción. - Por si acaso, uno nunca sabe –digo bajando las manos. - Luego de besarnos nos quedamos mirando sin saber qué decir. Ella estaba completamente sonrojada y yo empecé a tener una erección. Al recordar que ella es virgen y que nunca ha mantenido una relación amorosa con un varón, acaricié su mejilla, ella me miró a los ojos, le sonreí y la volví a besar, enseñándole cómo se hace. Cuando me separé de ella, mantenía sus ojos cerrados y sus labios ligeramente separados, esperando que continúe, pero como no lo hice, ella abrió los ojos y se encontró conmigo sonriéndole encantado por lo tierna e inocente que puede ser. - Y todo eso, ¿qué significa? –pregunto para que termine de contarme los últimos detalles, ya que miro mi reloj y noto que llevamos estacionados por la conversación más de cuarenta minutos. - Que nos vamos a dar una oportunidad –dice y una sonrisa enorme aparece en su rostro. - ¿Por eso lo nerviosa que estaba cuando te vio en el hospital hace casi una hora atrás? –digo con intención de que repare que esta charla nos está tomando demasiado tiempo, algo que le estoy restando a mis clases universitarias. - Es que después de que bajó del auto y se fue a trabajar, no hemos hablado del tema. Además, es raro que ayer por la noche nos estábamos odiando y hoy por la mañana solo queramos comernos a beso. Por mi parte, quiero hacer algo más que solo besarla, pero no estoy seguro sobre cómo ella respondería si le insinúo hacer algo más que prodigarnos suaves caricias y tiernos besos –dice Pablo, y yo rio por la expresión que tiene, una que se esfuerza en demostrar que no piensa obligar en nada a Olena para dar el siguiente paso en la relación. - Pablo, entiendo que te debe espantar un poco el que te guste una mujer de treinta años que no ha sido follada, pero no se trata de una menor de edad por quien puedes ir preso al pretenderla. Relájate, tómalo con calma, ¿o es que crees que el gigante de su hermano puede matarte si te coges a Olena? –pregunto inocentemente, y en eso recibo un palmazo en la nuca por parte de Pablo-. ¡Auch! ¡Eso dolió! –grito porque en verdad me dolió. - ¡No utilices los verbos follar o coger ni ningún otro de ese tipo junto con su nombre! A ella le haré el amor, no simple sexo, así que habla con más propiedad –suelta el policía mirándome serio. - Ok, ya entendí. Pensé que entre nosotros podríamos utilizar los términos de siempre -comento mientras sobo mi nuca. - No. Cuando se trata de Olena debes ser muy respetuoso. Carajo, ¡una virgen a los treinta años!, y no porque sea fea, sino porque así lo ha querido. No cabe duda que esa mujer es sumamente especial, y eso me enamora más –dice y se vuelve a perder mirando el paisaje. Yo solo atino a mirar mi reloj, y Pablo se da cuenta que hemos gastado bastante tiempo en la charla-. No te preocupes, ya retomo la marcha. Para compensarte la demora, esperaré a que estés listo y te llevaré al campus de tu universidad –ante esa propuesta, me quedo más tranquilo, y mi amigo policía enciende el motor para continuar con nuestro camino.
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