Reconociendo a mi hijo: Capítulo VIII (Parte1)

3316 Words
«Mateo, despierta, Mateo», escucho la dulce voz de Eliana llamándome muy bajito. Al principio creo que es parte de mi sueño, uno que no recuerdo, pero de seguro estoy soñando, por lo que me pongo sobre el costado izquierdo de mi cuerpo, me acurruco y sonrío para seguir disfrutando, pero un palmazo en plena nalga hace que me sobresalte y despierte por completo al sentarme de inmediato sobre la cama. - ¡Lo siento, Mateo! —escucho suplicar a Eliana, quien está parada a mi lado de la cama. - ¡¿Por qué la tan dulce manera de despertarme?! —pregunto mirándola con algo de fastidio, ya que me dolió el golpecito. - En verdad lo siento, pero llevo casi media hora buscando por todo el apartamento alguna olla o tetera que me permita hervir agua. Ayer se acabó la que traía en el termo de Sebastián. Pronto él despertará y tengo que prepararle su botella de leche. Por la noche, cuando estaba en el trabajo, Olena y Pablo invitaron la cena para Eliana y Sebastián, por lo que mi ahora novia no tuvo que cocinar y, por lo tanto, no conoce la distribución de la cocina… Esperen, yo no tengo mayores utensilios de cocina, solo el equipo de cocina y horno que hace poco compré. ¡Ay!, ya me atraparon la mentira, no me queda de otra y tendré que confesar. - Habíamos quedado que con el dinero de mi liquidación haríamos los gastos de lo que necesite para emprender el negocio de repostería —Eliana había cruzado los brazos sobre su pecho, como lo hace cuando está molesta, muy molesta. - Es que es un equipo muy caro, por eso preferí comprarla y mentirte de que era parte del mobiliario con el que ya contaba en el apartamento. Además, cuando la vi, me enamoré a primera vista, y no quise dejar pasar la oportunidad de contar con tan buena cocina y horno -mis labios se habían estirado tanto al sonreír e intentar que con eso Eliana no luciera tan molesta, pero la cara ya empezaba a dolerme. - Encima me dices que te enamoras de otra a primera vista —Eliana bromea, tratando de no reír porque se ha dado cuenta que me siento intimidado ante ella porque me ha atrapado mintiéndole, la primera y única vez que pienso mentirle. Yo me acerco algo temeroso, ella se deja abrazar y dejo un beso sobre sus cabellos. - Perdón. Es la única vez que te miento. Solo quise evitarte un gran gasto —soy muy sincero sobre lo de la única vez que le miento, y ya lo sabe. - Mateo, sé que te preocupas por mí, por que no me sienta como una carga, que no me angustie, ni me falte nada, pero no me mientas. Aceptaré la cocina y el horno como uno de tus regalos, los cuales siempre recibiré con alegría, sin criticar, ya que cada uno de ellos son una forma que utilizas para decirme que te importo y que siempre estás atento a lo que necesito, y esa es una bonita manera de amar —cuando termina de hablar, yo solo atino a cargarla en mis brazos y empezar a girar con ella. Hacemos más ruido de lo debido, por lo que Sebastián se despierta llorando. Suelto a Eliana, quien va a tomar en brazos a nuestro bebé para calmarlo, y yo me dirijo a buscar la pequeña hornilla y la tetera con la que hervía agua, la cual había escondido en una caja que dejé en el anaquel donde guardo los productos de aseo y lavandería. Esta mañana de sábado, la primera que despertamos siendo familia, viviendo juntos en mi apartamento, salimos a hacer las primeras compras para ordenar nuestro hogar. Tras comer el desayuno que tuve que comprar al no tener utensilios ni comida, los tres salimos hacia el centro comercial, con la intención de revisar meticulosamente los pasillos de las tiendas de abastos, y comprar todo lo que nos falta para cocinar las tres comidas en casa. Al recordar que el dinero que ya no tendré que gastar en comprar muebles nuevos, remodelar la habitación principal y amoblar la de Sebastián por el regalo que nos hicieron Aleksandr y Sasha, acuerdo con Eliana que compraremos lo mejor en utensilios y baterías de cocina, cosa que ella acepta, ya que señala que es importante que elijamos aquellos productos que estén hechos con los mejores materiales, así cuidamos nuestra alimentación, y con ello estamos manteniendo una buena salud. A la par que compramos todo lo que necesitamos como familia, sumamos la serie de utensilios que Eliana necesitará para su emprendimiento de repostería, de tal manera que le recuerdo a mi amada novia que para la próxima semana debe agendar la degustación de postres a la que invitaremos a nuestros amigos, y donde elegiremos las mejores recetas con las que empezaremos su negocio. La cuenta a pagar se hizo cuantiosa, pero no llegó a igualar la cifra que costaron el juego de sala y comedor, por lo que concluimos que, considerando la excelente calidad de los productos adquiridos, hemos hecho una buena compra. Los próximos días empezamos una rutina que para mí se ha convertido en ese detalle que necesitaba mi vida. Si bien es cierto que con mis estudios estuve muy ocupado en los últimos años, tiempo en el que he vivido solo, ahora que estoy culminando el pregrado, ya empezaba a necesitar de algo que ocupe mi tiempo y pensamiento, y la llegada de Eliana y Sebastián ha sido muy oportuna. Aunque no puedo comparar el ir a la universidad con criar a mi hijo, ya que son dos actividades muy diferentes, aunque cada una muy satisfactoria, una está supliendo a la otra, y ambas me ayudan a ser mejor persona, a prepararme para enfrentar la vida con éxito. Y digo esto último porque uno de mis deseos para esta vida es que Sebastián tenga hermanos, iguales a él con quienes pueda compartir y apoyarse cuando Eliana y yo ya no estemos en esta vida, y a esos hijos, después de haber aprendido al cuidarlo a él, podré atenderlos sin que Eliana me esté dando indicaciones a cada momento. Yo soy hijo único y me quedé muy solo tras la muerte de mamá, por lo que un hermano o hermana hubiera sido un grato consuelo y apoyo, como lo que Aleksandr y Olena viven al tenerse uno para el otro, y yo quiero eso para Sebastián, aunque es un tema que aún no pienso discutir con Eliana, ya que debemos consolidar la relación con el matrimonio, estabilizarnos económicamente y ver crecer a nuestro actual hijo por unos años más, y de ahí ya podré incluir el tema en nuestras pláticas. Todas las mañanas, me levanto a las 5:30 a. m. para hervir el agua con que prepararé la primera botella de leche para Sebastián. Mi hijo tiene un reloj biológico tan preciso que cada mañana despierta a las 6 a. m. en punto para pedir su primer alimento del día, y tras consumirlo en breves minutos y eructar con mi ayuda, vuelve a dormir unas tres horas más. Cuando Sebastián vuelve a quedarse dormido, Eliana se despierta, me da un beso de buenos días y se dirige a la cocina a preparar el desayuno, ya que yo debo ir a la universidad. Tras desayunar con mi novia y recibir uno de los deliciosos sánguches que me prepara para que lo coma a media mañana, me despido de ella y de mi hijo, que aún duerme, y me voy a estudiar. Al terminar mis clases antes del mediodía, regreso a casa, y tras jugar unos minutos con Sebastián y tomar un baño, almuerzo con mi familia. Eliana resultó tener unas manos benditas para la cocina, por lo que prepara delicias que disfruto. El que ella cocine hace que el gasto de alimentación de los tres sea igual al que pagaba para mí cuando estaba solo y compraba mi comida, además que tiene el plus de que ella vigila con mayor detalle lo que como, cuidando el nivel de sal y azúcar, cantidad de carbohidratos, calidad de los cárnicos y sabor. En síntesis: soy un hombre bien alimentado y feliz. Después del almuerzo, yo me encargo de dejar limpia la cocina mientras Eliana se ocupa de asear a Sebastián, ya que mi pequeño termina con rastros de comida por toda su cara, cabellos y ropa. Mi hijo está en esa edad en que le gusta tocar y jugar con todo lo que tiene cerca, y nosotros dejamos que lo haga porque es su manera de explorar el mundo. Tras terminar de limpiar la cocina, empiezo a barrer y trapear el comedor y la sala, ya que, por las mañanas, antes de ir a la universidad, no me da el tiempo para hacerlo. Cuando Eliana sale de la habitación con un limpio y bien oloroso Sebastián, el apartamento está reluciente, y ella siempre agradece por hacer mi parte de las labores domésticas con un beso, así que yo feliz de hacerlas. Luego me doy un baño, cambio mis ropas y me despido de ambos porque llegó la hora de ir a trabajar. Eliana me entrega otro delicioso sánguche que siempre como en algún momento oportuno que tengo en los eventos del hotel, y cuando llega la 1 a. m. —a veces un poco antes, otras un poco después—, enrumbo hacia el apartamento, al lado de mi familia. Cuando llego, Sebastián duerme plácidamente. Eliana siempre se despierta cuando escucha que ingreso al apartamento, pero de inmediato hago que regrese a la cama. Después de un aseo rápido y ponerme el pijama, me echo en mi lado de la cama, doy gracias por ser bendecido con esta nueva vida, con mi familia, y duermo hasta que sean las 5:30 a. m., cuando debo despertar para empezar un nuevo día. Durante la primera semana viviendo juntos, Eliana se organiza para invitar a nuestros amigos para el siguiente martes por la tarde, ya que esa tarde-noche no iré a trabajar por ser mi día de descanso. Con ayuda de Olena, quien frecuentemente nos visita, ya que el apartamento de Pablo está dos pisos arriba, Eliana va a comprar los productos que necesita para la degustación, ya que la rubia de ojos grises la traslada en su auto junto a Sebastián y la ayuda cuidando de nuestro hijo mientras elige los ingredientes. Por su ayuda, Olena es la primera que se entera de la fecha y hora de la degustación, y es ella quien llama a Pablo para avisarle que tienen una cita en el apartamento de los Meyer Carillo, como se refieren a nosotros desde que Eliana, Sebastián y yo empezamos a vivir juntos. El fin de semana, Eliana llama a Sasha y la invita a participar de la degustación junto a toda su familia, Aleksandr y sus dos hijos. La pelirroja acepta encantada y muy contenta de que Eliana no deje pasar el tiempo y ya esté preparando todo para iniciar con buen pie su emprendimiento. Hoy, martes, día de la degustación, coincidentemente ha sido suspendida la única clase que tenía, por lo que aprovecho en ayudar a Eliana con todo lo que necesita para terminar los postres que degustaremos por la tarde. Ella ha pensado en varias ideas de empaques y hasta en un logo para que los postres que prepara sean fácilmente reconocidos y diferenciados de la posible competencia, por lo que me dice que aún le falta imprimir las artes que ha estado diseñando con ayuda de Olena. Para dejarla tranquila, avanzando con lo que aún tiene que hacer, salgo con Sebastián hacia la galería comercial cercana a la universidad donde diversos negocios de impresión brindan servicios. Ahí llego donde Ángel, a quien siempre le he confiado la impresión de los planos y demás trabajos de la carrera. Al verme con Sebastián en brazos, me pregunta quién es el niño, y yo le respondo que mi hijo. Ángel se sorprende porque no tenía idea de que siendo tan joven tenga un hijo, y le explico que por cuestiones que ya supimos resolver, mi novia y mi hijo ya están viviendo conmigo. Ángel es un joven señor cerca a los cuarenta que se animó a iniciar el negocio que tiene desde hace diez años, justamente cuando su novia salió embarazada de su primer hijo, y él no tenía un trabajo fijo como técnico en informática. La galería comercial estaba en plena construcción, y al pensar en la oportunidad que tendría ofreciendo servicios de arreglos de computadoras, laptops y de impresión a los estudiantes que van a la universidad y residen cerca de la zona, le pidió a su padre que le preste dinero, con el cual pudo dar el enganche para la compra del local en partes y proveerse de un par de máquinas con las que inició el negocio. Que los alumnos de arquitectura buscaran dónde imprimir planos, luego donde hacer cortes láser y demás productos y servicios necesarios para los trabajos que en esa carrera requerimos, Ángel fue haciendo crecer su negocio al ahorrar e invertir bien ese dinero en su propio negocio. Su buen carácter, que siempre es muy respetuoso y nos da ideas para solucionar algún inconveniente en nuestros trabajos, ha hecho que su negocio sea el primero en el que pensamos cuando requerimos alguno de los servicios que ofrece, por lo que no dudo en ir donde él para imprimir todo lo que Eliana necesita. - Tu hijo ha salido muy bonito, tu novia debe ser muy linda —comenta Ángel mientras abre los archivos que quiero imprimir. - O sea, yo soy una bestia horrible, y qué bueno que mi hijo no heredó mis genes —bromeo porque con Ángel hay confianza. El se ríe a carcajadas por lo que acabo de decir. - No es eso, Mateíto. Lo que pasa es que los hijos varones, en su gran mayoría, se parecen a la mamá, por eso lo digo. Tú tienes tu pepa, eres alto y con esos ojitos verdes tienes a varias arrastrándose por ti, pero imagino que la mamá del bebé es una señorita guapa porque el niño está bien bonito, aunque no tiene los ojos claros como los tuyos —y Ángel no se equivoca porque Eliana es una mujer muy bella. - Ah, ya, ahora quieres arreglarla diciéndome pepón —digo haciéndome el ofendido, y Ángel se carcajea—. Vas a tener que hacerme un descuento para que te perdone. - No te preocupes, Mateíto. Por ser nuestro cliente fiel te haré un descuento. Pero ya no te hagas el ofendido, sino ahorita pregunto a esas chicas que están en el servicio de cortado a láser si no les pareces guapo, ya que no dejan de mirarte con tristeza al verte cargando al bebé —el comentario de Ángel me lleva a hacer la siguiente pregunta. - Ángel, ¿se nota que Sebastián es mi hijo? —pregunto y el señor de las impresiones me mira raro. - Mateíto, ¿acaso dudas que el bebé sea tuyo? —repregunta bajando el tono de la voz, para que solo yo lo pueda escuchar—. No conozco a tu novia, por lo que no sé si es o no una buena chica, pero el niño, aunque no sea tu viva imagen, tiene rasgos tuyos —en ese momento, Sebastián sonríe, y Ángel completa su comentario—. Ves, la sonrisa de tu hijo es igualita a la tuya. - No lo digo porque dude que Sebastián sea mío, sino porque esas chicas piensen que es mi hijo, ya que podría ser mi sobrino o mi hermanito —amplío con este comentario la pregunta que hice. - ¡Ah!, era eso —dice Ángel con la voz tan elevada que todos voltean hacia donde él y yo estamos conversando—. Sí, tienes pinta de padre, de uno bueno, responsable, por eso la tristeza en las caras de esas señoritas porque ya eres un hombre comprometido. Cuando Ángel ve el logo que Eliana y Olena hicieron y las demás artes que tienen que ver con el empaquetado que mi novia piensa usar para ofrecer sus productos, el señor de las impresiones me pregunta sobre quién prepara postres y si son ricos. De inmediato le respondo que son los mejores postres que he probado en mi vida y que los hace mi novia. También le cuento que ella renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de nuestro bebé, ya que yo estoy asumiendo nuestros gastos, pero que al no querer que toda la responsabilidad económica recaiga solo en mí, está emprendiendo en un negocio de repostería para vender postres a porciones o completos, según lo que pida el cliente. - Trae unas muestras para que mi esposa pruebe. Ella es la que se encarga del pequeño negocio de comida que tenemos en la entrada del local, y está buscando quien le provee de tortas y otros dulces. Si los de tu novia son tan buenos, puede que mi esposa sea su primera clienta que le compre en cantidad. Al llegar a casa, Sebastián y yo también llevamos el almuerzo. «Para que no tengas que preocuparte en cocinar», le digo a Eliana, y ella me agradece con una enorme sonrisa. Darme cuenta de esos pequeños detalles hace que el amor que siente por mí se fortalezca, y yo me siento muy bien amado por cómo responde a mis atenciones. Cuando le comento lo que Ángel ha pedido, que le lleve algunas muestras de los postres para que su esposa los pruebe porque está buscando un proveedor de tortas y dulces, Eliana se emociona de tal manera que empieza a dar saltitos y agradecer a Dios porque las oportunidades empiezan a llegar desde antes de comenzar a promocionar el negocio de postres. Los tres agradecemos por lo que se nos está concediendo, y la idea de que cada día nos unamos en oración para agradecer lo que tenemos y conectar con Dios, aparece, acordando que ese será nuestro momento especial como familia desde ese día y por toda la vida. Una hora antes de la llegada de nuestros amigos, Eliana tiene todo listo. Ella solo tiene secundaria completa, su padre nunca pensó en apoyarla para que estudie una carrera, pero ella es inteligente, así que le pidió a Olena que la ayude a organizar una presentación de negocio, ya que se le ocurrió que era correcto decir unas palabras antes de empezar a servir los postres así porque sí. La rubia de ojos grises la instruyó en el tema, ya que es licenciada en administración de negocios, así que mi novia, al ver que tiene algo de tiempo, se dispuso a tomar una ducha, cambiar sus ropas por unas más formales para estar lista y recibir a sus invitados a lo que será la primera reunión donde hable sobre su emprendimiento. Son las 5 p. m. en punto, y se escucha el timbre del apartamento. Sasha y Aleksandr llevando en brazos a sus hijos de cinco y tres años aparecen al abrir la puerta, de inmediato los invito a pasar. Eliana con Sebastián en sus brazos saluda a Sasha, cuyo hijo, un hermoso rubiecito de ojos azules saluda a mi hijo, quien le sonríe entusiasmado por ver a otro niño. Estoy a punto de cerrar la puerta, y la mano de Pablo me lo impide. Él y Olena acaban de llegar corriendo desde el ascensor del edificio. Habían salido a almorzar, y estaban algo agitados pensando que llegaban tarde. En verdad es que la puntualidad no es algo que identifique a la población de esta parte del mundo, pero no olvidemos que, de nuestros cuatro amigos, tres son ucranianos, por lo que están acostumbrados a llegar puntuales a donde vayan.
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