Treinta y siete

2008 Words

—Oye tú—, Clementina iba de salida, se detuvo en seco al escuchar a Jacinto —Me pareció haberte dicho que saques tu trasero de esta casa, pero veo que aún sigues aquí—, pasando la lengua alrededor de sus dientes, Jacinto balbuceó —Pero mejor que no te hayas ido, así te lo hago saber y tambien se lo haces saber a tu adorado hijo—, se acercó, Clementina ya intuía por dónde iba la cosa —Lo arruinaré, escucha bien, haré que su miserable cadena de restaurant se vaya a la mierda. Lo que hizo con mi hija, lo pagará bien caro, él, y todos esos reporteros de mierda. —Ni siquiera sabes si es tu hija, además, no la conoces como es, pueda que sea una cualquiera que trabaja para la pornografía—, Jacinto levantó la mano, pero antes de estamparla en la cara de Clementina, la empuñó y la bajó —¿¡Qué!?, v

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