Muy entrada la mañana, Ludis abrió los ojos, aún aturdida y con los parpados pesados, cansada y desnuda con la gruesa manta de pelaje color café cubriéndola. No sentía la incomodidad pegajosa que la hacía querer un baño con urgencia, pero si estaba adolorida por todas partes, con marcas en sus senos y su cabeza daba vueltas. Un destello en su memoria hizo que se incorporara de súbito, con los ojos abiertos de par en par y sosteniendo firme con sus manos la manta de piel de oso cubriendo sus senos. La noche anterior y por fracción de segundos, antes de perderse en placer, creyó haber visto a su hermano abrazando a Asher, luchando con él, parecía estar diciendo algo y se le veía muy enfadado y a la vez en pánico. Su Dagna se proyectó fuera de su cuerpo sin que ella lo pudiera controlar

