El mejor contrato de mi vida. Capítulo 2. Jordán.

1041 Words
Entré a la oficina de Sophia con furia, cerrando la puerta tras de mí. No podía creer que esa chica me hubiera rechazado, a mí, que nunca había recibido una negativa de ninguna mujer. —Me dijo que no, Sophia. ¿Cómo es posible que me rechazara? Tú dijiste que reunía todas las características que necesitaba para casarme. ¿Cómo pudiste equivocarte? —le espete a mi asistente, con los ojos chispeando de enojo. —Lo siento, Jordán. Parecía ser una chica dócil, nunca imaginé que podría rechazar tu propuesta. Pero debes entender que no todas las personas están motivadas por el dinero y la ambición. Tal vez ella sea diferente. —No me importan esos escrúpulos. Necesito encontrar una esposa con urgencia. Mi abuelo me dio un ultimátum y sabes que sus amenazas no son en vano. —Quizás cambie de opinión. ¿Quieres que la llame para tratar de convencerla? —preguntó Sophia, tratando de calmarme. —No, no quiero que hagas nada. Le daré hasta mañana. Estoy seguro de que me llamará. En realidad, no estaba seguro de lo que estaba diciendo. Ella era tan diferente a las demás que no tenía idea de qué esperar. Sus ojos negros y expresivos se quedaron grabados en mi mente, y la imagen de su belleza exquisita no me dejaba en paz. ¿Qué me estaba pasando? No podía creer que una joven pudiera cautivarme de esa manera. Necesitaba verla de nuevo desesperadamente, convencerla a toda costa de que se casara conmigo. Tal vez no sería un matrimonio por amor, pero quién sabe, al menos podría estar cerca de ella durante el trayecto, tocarla, besarla, respirar su dulce perfume. Estaba furioso, frustrado y obsesionado con Margaret. —No quiero que nadie me moleste, Sophia. No estoy disponible para nadie. Cancela todas mis citas. Necesito pensar. Voy a salir un rato y tomar aire fresco. Margaret Después de caminar durante un buen rato, llegué a casa exhausta y me quité rápidamente esos tacones que habían sido una tortura para mis pies. Aún podía sentir el sabor de su beso en mis labios. No entendía por qué ese chico ocupaba tanto espacio en mis pensamientos. Además, estaba el hecho de su propuesta de matrimonio. ¿Cómo podía pedirme eso sin siquiera conocerme? Me pregunté cómo sería mi vida si realmente pudiera ser por amor, pero sabía que eso era una fantasía. Él era un mujeriego, y su propuesta desesperada lo demostraba claramente. Cuando entré en el cuarto de mi abuelita en busca de consuelo, me encontré con una escena desoladora. Su silla de ruedas no estaba allí, y sus pertenencias tampoco. El pánico me invadió de inmediato. —¡Papá! ¡Papá! —grité con desesperación, con el corazón latiendo con fuerza en mi pecho—. ¿Cómo pudiste hacer esto? ¿La llevaste a ese lugar? —Sí, lo hice. Tu abuela era un estorbo, y ni tú ni yo podemos cargar con ella —respondió mi padre con cinismo, sin mostrar el menor remordimiento. —Eres despreciable. No puedo creer que mamá te haya amado alguna vez. Eres un monstruo —le espeté, sintiendo una rabia que nunca antes había experimentado. —No me hables así. Esta es mi casa y hago lo que quiero. Tu abuela es una anciana inútil, y no pienso cuidarla. Además, tengo otros planes para ti. ¡Vete a tu habitación! —gritó, abofeteándome. Corrí a mi habitación, presa del miedo y la desesperación. Temía nunca volver a ver a mi abuela. Cerré la puerta con llave y me dejé caer en la cama, las lágrimas empapando las sábanas. Sentía un dolor inmenso dentro de mí. Las palabras de mi padre resonaban en mi cabeza: "Tengo otros planes para ti". ¿Qué significaba eso? Seguramente nada bueno. El terror me invadió de nuevo. Sabía que mi padre tramaba algo maquiavélico que solo me traería más dolor. Necesitaba que ese día terrible terminara de una vez por todas. Lloré hasta quedarme sin lágrimas, exhausta. Finalmente, el cansancio me venció y me quedé dormida. En mis sueños, vi a Jordán con su sonrisa deslumbrante, extendiéndome sus brazos. Al despertar, una idea comenzó a formarse en mi mente. Jordán. —Vaya, por fin apareces. ¿Dónde te habías metido? Espero que ya tengas una prometida que presentarme. No me decepciones, Jordán. Siempre he confiado en ti, no quiero dejar de hacerlo —dijo mi abuelo con tono desafiante. Sabía que él no tenía mucha paciencia, lo cual me desesperaba aún más. Lo que estaba en juego era de suma importancia y podría cambiar mi vida por completo. Ella lo significaba todo para mí, y solo el pensar que algo o alguien pudiera lastimarla me destrozaba por dentro. —Te aseguro que te sorprenderás, abuelo. Es una belleza, la nieta perfecta para ti —respondí con altivez. —Espero que sí, ojalá no me decepciones como lo hizo tu madre —sus palabras fueron como cuchillos cortando mi piel. Preferiría que me golpeara a que hablara mal de ella, pero no podía hacer nada más que obedecer y seguirle el juego. Mi despiadado abuelo se marchó, dejándome en silencio. Salí a la terraza en un intento por encontrar calma en la vista panorámica, pero la imagen de Margaret seguía atormentándome. Su sonrisa encantadora y su aroma único llenaban mis pensamientos, recordándome mi fracaso al intentar convencerla de aceptar mi propuesta. La situación me agotaba, y sabía que tenía que hacer algo al respecto. Justo cuando me disponía a llamar a Sophia, mi teléfono móvil sonó. Era un número desconocido, así que respondí con cautela. La voz al otro lado me dejó sin aliento. —Señor Benedetti, habla Margaret McGregor. Escuchar su nombre hizo que mi corazón se acelerara de emoción, pero decidí mantener la compostura y no mostrar mis sentimientos. —Vaya, señorita McGregor, me alegra escucharla. Pensé que su decisión era definitiva —respondí con aires de superioridad—. Dígame, ¿ha reconsiderado mi propuesta? Deseaba con toda mi alma que aceptara, que se convirtiera en mi esposa, incluso si todo se trataba de un contrato absurdo. En ese momento, nada más importaba que ella y lo que pudiera decirme. —Jordán, ¿podríamos quedar para vernos?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD