Island lo miró con recelo, entendiendo que nada era tan sencillo con él. Siempre había un truco, un juego más profundo que el aparente. Pero también sabía que no podía retroceder. No frente a Daska. —¿Y qué ganaría yo? —preguntó, alzando una ceja mientras se acercaba lentamente, sin apartar la mirada de la suya. Daska se inclinó ligeramente hacia atrás, su sonrisa enigmática nunca abandonando sus labios. —Si ganas, dejaré de perseguirte por una semana. Te daré tu espacio... hasta donde sea posible —respondió, sus palabras impregnadas de un sarcasmo que la hizo apretar los dientes—. Pero si gano yo... tendrás que hacer algo por mí. —¿Y qué sería eso? —su tono era desafiante, aunque una parte de ella se estremeció ante las posibles respuestas. —Lo decidiré después de ganar —dijo con una

