El dia de la obra ha llegado. Todos estamos nerviosos, apenas nos hemos
aprendido nuestros papeles, si es que se puede decir que los aprendimos. Hanny
no nos había dado mayor detalle de donde sería la presentación, por lo tanto
asumimos que sería algo pequeño, sin mucho público para que nos vieran. Para
nuestra sorpresa nos encontramos con un gran público de adultos, jóvenes y niño,
mas de lo que podíamos imaginar, alrededor de unas cien personas
aproximadamente. Estoy nerviosa, no tengo un papel tan importante; pero igual no
puedo dejar de pensar en el gentío que nos espera allá afuera a la expectativa del
espectáculo que desean presenciar.
La primera presentación es un coro de niños entre los cuatro y seis años, se ven
tiernos con sus trajecitos todos combinados en rojo, blanco y verde. Algunos están
perdidos del tono de la canción, algunos bailotean de un lado a otro, uno de ellos
grita para ser el que cante más fuerte, o eso cree el. Una niña se saca los mocos y
uno comienza a llorar y se lo lleva una señora que al parecer es su abuela y lo
baja del escenario. Son como un dulce y tierno desastre que canta Noche de Luz y
Paz. Cuando terminan su presentación los padres estallan en aplausos y los
niños dan las gracias con una reverencia antes de retirarse y salir saltando como
corderitos. Simplemente tiernos.
Los siguientes son un grupo de niños un poco mas grande, de unos diez años
aproximadamente. Ellos van a hacer un nacimiento viviente. En Kalos es una
tradición navideña representar el nacimiento o pesebre, haciendo una réplica del
lugar donde nació Jesús. Siempre es adornado con casitas, fuentes, pastores,
muchos animales, un ángel que no puede faltar, los tres reyes magos y muchas
luces de diversos colores para iluminarlo. Siempre los hacen con mucho papel
decorado en tonos verdes y marrones para hacer montañas y caminos, son un
adorno muy bonito que se puede conseguir en casi cualquier casa. Ahora que lo
pienso, aún no he adornado la casa; pero creo que no será este año, después de
todo no estaremos en casa y eso no tendría ningún sentido, ¿Verdad?
En este caso no hay muchas e las cosas que nombre por ser un nacimiento
viviente, solo están las representaciones de José, María, el niño Jesús, unos
cuantos pastores, los tres reyes magos y unos niños disfrazados de mula y buey
para ambientar el pequeño establo que han hecho en unos pocos minutos.
Nosotros aun intentamos concentrarnos en nuestra obra, todos vamos de alla
para aca acomodando todo, lo que debemos sacar al escenario. Mesas,
cuadernos, máquina de escribir falsa, sillas y un montón más de tarantines que por
suerte otras personas nos ayudaran a movilizar. La obra del nacimiento viviente ha
terminado, lo sabemos por los aplausos y silbidos en ovación a ellos, ahora
seguimos nosotros. Siento como se me hace un nudo en el estómago.
Vamos Diana, tu puedes. Mi subconsciente intenta animarme para que olvide los
nervios que crecen gradualmente.
— Muchachos, vengan todos — dice Hanny con entusiasmo para que nos
acerquemos a ella.
Todos nos reunimos y hacemos un circulo a su alrededor.
— Tampoco tanto, denme espacio vale — dice en tono de broma.
— O nos acercamos o nos alejamos. Tú decides —le dice Ram subiendo las
manos al aire.
— Tranquilos, dejen las peleas — dice Ferd colocando cara de pacificador.
— Aquí nadie está peleando. Cálmate tú. — le responde Ram encogiéndose
de hombros y quedándose en silencio.
— Ya déjense de tonterías chicos. Estamos a punto de salir y nuestros
ensayos fueron todos por teléfono y el que acabamos de tener en la
mañana. Somos un completo desastre — Hanny nos ve a todos y nos lanza
una sonrisa nerviosa difícil de interpretar.
¿Está feliz?
— Cálmate Han — escuchamos la relajada voz de José — Lo importante es
que estamos aquí y que vamos a hacer la obra ¿No? Ya lo que suceda
después es de poca importancia. La gente siempre escoge si disfruto o no
algo sin importan que tan buena o mala sea la experiencia, o lo que sea
que estén viendo. Ahora nosotros somos los que tenemos que disfrutar
nuestro desastre. Animo, que si podemos.
— Si, vamos a darlo todo sobre el escenario chicos — dijo Nicole a voz alta y
sonora.
— Yo pienso que debimos haber practicado más — dijo una chica.
No recuerdo su nombre, era algo así como Dalia. Lo cierto es que desde que
llego no ha parado de quejarse de esto y lo otro, que si la decoración, el acto, el
tiempo. Todos sus comentarios solo provocan estrés innecesario, ya todos se ven
cansados de ella.
— Igual ya aceptamos estar aquí, afuera nos está esperando todo ese público —
le replique con tono firme y viéndola — Cuando Hanny nos comentó sobre hacer
esta obra, estábamos más que seguros que esto pasaría, practicar todos por
nuestro lado no iba a ser sencillo, nos iba a costar coordinación y muchas cosas
por no poder ensayar en que ¿Dos días o menos? Aun así estamos aquí, vinimos
a dar la cara, no podemos salir ahora con pretextos y quejas, ya sabíamos cómo
veníamos, solo nos queda hacer lo que acaba de decir José, disfrutar nuestro
momento. Y ya.
No sé por qué me tiemblan las piernas y me siento fría después de hablar; pero
también siento un hilo de valentía por defender a los demás del desánimo.
— Así mismo es. — dice José con una sonrisa de satisfacción en el rostro.
Él sabe de qué estamos hablando.
— Bueno — dice chica no recuerdotunombre volteando los ojos con odiosidad.
— Ya sabemos que no tiene que salir perfecto ni nada por el estilo. Por favor
den lo mejor de ustedes — nos recordó Andrea que despide una seguridad
increíble.
— ¡Alla vamos! — chillo Nicole.
— Vamos entonces — dijo Ram con una gran sonrisa y sus brazos cruzados
que le dan un porte de estar seguro de sí mismo.
Afuera escuchamos a la presentadora que esta por dar la bienvenida.
— Ahora con ustedes ¡Un Cuento de Navidad!
Decir que reí, reí y reí es quedarme corta. Casi me meo de la risa y solté
lágrimas por nuestra actuación. Desde el inicio todo perdió la seriedad dando los
primeros tropezones contra nuestra propia utilería. Nuestro viejo tacaño no solo
resulto ser agarrado con el dinero, sino también un malandro por así decirlo, su
socio se comportó más tonto de lo que necesitábamos, los fantasmas hacharon
broma hasta decir basta y eso sin contar las caras que ponían durante la
actuación. Los niños adultos corriendo y saltando y cada detalle fue para morirse
de la risa. En fin terminamos disfrutando nuestra actuación. Deberíamos meternos
a comediantes improvisados y dar más espectáculos como este. Las personas
que estaba allí presentes también rieron hasta decir basta, creo que se llevaron un
buen recuerdo de nosotros aunque no nos conozcamos. Sería divertido ir por allí
caminando en Oremurt y conseguirme a quien que me diga: Ey, allí está la esposa
de Bob y su negocio de dudosa procedencia. Hasta Daya, si es como se llama la
chica pesimista, termino disfrutando de todo lo que os paso en la obra. Eso no era
una competencia, era un servicio para iluminar a los demás con algo de la
Navidad.
Ahora que todo ha terminado, nos invitaron a una pequeña cena navideña a
todos los que participaron en las diferentes presentaciones del día. Estamos en un
gran salón con alrededor de cuarenta personas incluyéndonos. Todas las
personas están hablando y de fondo están colocando músicas de la época para
alegrar el ambiente. Cuando llegamos nos dirigieron a una mesa, nuestra mesa.
Cuanta exclusividad para algo tan sencillo.
Estando todos sentados en sus respectivos lugares, apagan la música del lugar
y suena el pitido de un micrófono cuando hace interferencia. Mis pobres oídos me
duelen. Me recupero del chirrido atormentador y dirijo mí vista hacia el centro del
salón, en medio hay un hombre que no conozco, va vestido con un traje azul
marino satinado, zapatos negros y una camisa blanca, se ve joven; pero no tanto
como de unos cuarenta y cinco aproximadamente, lleva el cabello n***o peinado
hacia atrás de forma que parece una pequeña ola. Toma el micrófono y comienza
a hablar.
— Hola, muy buenas tardes, ¿Cómo están todos? — pregunta en un tono
amable a todos los presentes dejando ver una amplia sonrisa blanca.
— ¡BIEN! — respondemos todos al unísono a su pregunta.
— Así me gusta mi gente. Me alegra que la estén pasando bien el día de hoy.
Mi nombre es Julio Carvajal, soy el encargado de esta maravillosa actividad
que todos ustedes han hecho posible para alegrar a las personas de
Oremurt y llenarlas del espíritu navideño, de compartir, del servicio y el
amor por los demás. De verdad mi equio y yo estamos complacidos con
todo lo que ha ocurrido en cada una de las presentaciones, únicas a su
manera.
Suelta una risa y todos somos contagiados, cada uno debe haber recordado
algo específico que le dio gracia durante el evento.
— ¿Quién es él? — le pregunto a Nicole que está a mi lado.
— ¿No lo sabes? — me observa como si no pudiera creer lo que le estoy
preguntando en ese momento.
— Obvio no. Llevo mucho tiempo sin estar por aquí. Es poco probable que lo
supiera — tuerzo la boca a un lado y alzo una ceja.
— Ay, es cierto. Se me olvida — se muerde la lengua y luego me da una
sonrisa — Te cuento, él es un hombre que se dedica a lanzar programas
para Oremurt, cosas que incentiven a niños, jóvenes y adultos s ser
mejores y ciudadanos más responsables. En las últimas festividades que se
han llevado a cabo él ha tenido un aporte importante para las comunidades.
Se ve que es un buen tipo.
— Oh, esos es muy bueno. Debe ser un gran apoyo para estos momentos
difíciles que se han vivido en todas partes del país.
— Se puede decir que sí.
Dejamos de hablar y nos volvemos a concentrar en lo que está diciendo el señor
Julio.
— Espero que ustedes también hayan disfrutado tanto como nosotros de este
evento, y rogamos porque puedan seguir iluminando al mundo con este
programa de amor y servicio.
Termina su discurso y todos aplaudimos. Me he perdido la mayor parte de lo que
dijo; pero creo que estoy de acuerdo con la opinión que me he formulado de él y lo
que hace.
— Ahora viene la parte que sé que todos estaban esperando ¡Nuestra Cena
Navideña!
De una puerta ubicada al fondo del salón, comenzaron a salir varias personas
con bandejas en manos llenas de platos con comida. Iban pasando por cada una
de las mesas de manera organizada dejando los platos servidos. Nuestra mesa
contaba con un total de diez personas, a todos nos sirvieron rápidamente.
— Vaya, esta comida luce fantástica — le susurre a Nicole a mi lado.
— Si, ya quiero probarla — me contesto también en un susurro — No tenía la
mínima idea de que esto sucedería.
— Yo menos. Hanny no nos informó nada.
— Hanny, Hanny — le susurra Nicole para que la vea. Esta a dos personas de
nosotras.
— ¿Qué pasa?
— ¿Qué es todo esto? No nos dijiste nada.
— Yo tampoco sabia sobre esto. Ha sido una sorpresa para todos.
— Ah, que impresionante. Bueno ahora solo nos queda disfrutar.
— Buen provecho para todos — anunciaron por el micrófono.
— ¡Buen provecho!
La cena constaba de un pan de jamos, ensalada fría de gallina con papas,
zanahoria, guisantes y mayonesa, cochino horneado y una tradicional hayaca. El olor de toda la comida es exquisito y los sabores están estupendos. En cada mesa
han colocado un refresco de cola negra, lo repartimos entre todos y disfrutamos
nuestra comida.
Mi primer plato navideño de la temporada. No puedo evitar el pensamiento y esa
sensación en las mejillas que se tiene cuando a uno le gusta mucho algo. Todo un
deleite.
Todo termino a las cinco de la tarde. Nos comenzamos a despedir de algunas
personas del lugar y luego entre nosotros. Nicole se fue con Hanny y Andrea a su
casa, Ferd se fue por su lado y yo me quede con Ram en la Plaza.
— ¿Ya te vas a tu casa? — me pregunta Ram viéndome con serenidad.
— sí, debería hacerlo antes de que sea más tarde. Mañana debo viajar a
Sacarac temprano.
— Ya veo — guarda silencio por un momento — Mmm, ¿te gustaría dar una
vuelta por aquí mismo? Vamos a pasar casi un mes sin vernos.
— Igual podremos hablar por llamadas o mensajes — me rio.
— Tienes razón. Pero no es igual.
— Bueno, vamos.
Termino aceptando dar una vuelta por la plaza y sentarnos a descansar un rato.
Nos reímos de la obra y no me lo puedo negar, critique a Daya.
— Ay, no. No hagamos eso, nos falta hacer prácticas, no somos profesionales
— imite la voz de Daya.
Ram se ríe a mi lado.
— Que mala eres. Te ves tan tierna y estas llenas de maldad.
— Por favor, mira quien habla.
— Yo soy un hombre inocente y sin maldada. — Me mira con ojos de falsa indignación.
— Bien bello. Ahora la victima.
— Siempre cariña.
Como siempre, los soltamos a reír por esos bueno a momentos juntos que nunca me aburren.
— La pasó muy bien cuando estoy contigo. He durado tiempo deseando una amistad así.
— Yo tambien me la paso bien, y gracias.
— Te voy a extrañar.
— Ya te lo dije, me puedes escribir o llamar.
— Esta bien.
Las luces de la plaza se encienden todas a la vez con sus vivos colores que inundan el lugar con brillo y belleza, y ese es nuestro indicativo de que es hora de despedirnos. Me encantaría quedarme unos minutos más, unas horas más, cuando estamos juntos el tiempo pasa más rápido, no alcanza, no es suficiente para todo lo que queremos decir. Se nos escapa entre las manos cada segundo que compartimos.