En medio de mi llanto junto al cuerpo de Prágus, volví a escuchar quejidos en una de las celdas a mis espaldas y recordé las palabras del Hashim “ya le he proporcionado una cómoda habitación en este lugar” … es verdad él está aquí. Hice un esfuerzo para ponerme de pie y comencé a buscar, tenía miedo, pero no podía parar, sé que no podía hacer nada, al menos no ahorita, pero necesitaba verlo y que el supiera que no lo abandonaría… Cuando al fin llegue a la celda de donde provenía el ruido, me acerque y ahí estaba, ese hombre de mediana edad, robusto y alegre, siempre dispuesto a ayudarme… tirado en el suelo, sollozando, destruido incapaz de pronunciar una palabra… Me agache para intentar hablar con él, necesitaba saber que había sucedido, como me había descubierto Hashim y sobre todo que

