Pesadillas
- Corre!, ¡corre y no mires atrás, no te detengas, llévala a un lugar donde no puedan encontrarla, hazme caso mujer!!!, si ha de ser mi fin, que así sea, pero no puede ser el tuyo ni el de ella tampoco....
-La dejare en algún lugar a salvo y regresare por ti te lo prometo.
-No lo hagas, ella seguro te necesitará y para mi quizá sea demasiado tarde, anda vete ya!, puedo sentirlos acercarse, no están lejos... no tardan en lleg... ya están aquí!!.. Correee!! corre!!
-AAAHHHHH!!!!!
Un grito ahogado y escalofriante me despierta de golpe, de un brinco me quedo sentada en la cama a la mitad de la noche, con el corazón latiendo tan fuerte que casi siento que atravesará mi pecho, con la respiración agitada que me parece imposible escuchar otra cosa que no sea el sonido del aire entrando con fuerza por mis fosas nasales, me esfuerzo para quedarme en silencio y lograr escuchar algún sonido que me indique de donde pudo haber provenido ese espantoso grito... no hay nada, ni un murmullo, ni el viento, y mientras voy recuperando el aliento, puedo calmar mi mente perturbada y caer en cuenta que ese grito provino de mi...
Una vez más, como muchas noches desde que tengo memoria, esa pesadilla vino de nuevo a mi, y aun después de tantos años, sigo sin lograr averiguar si se trata tan solo de alguna loca pesadilla, o si es un recuerdo que viene a atormentarme cada noche esperando que logre desenterrarlo de mi pasado... un pasado que no conozco, un pasado que permanece oculto en el abismo de mis memorias...
La mañana llega gloriosa, perfumada de los más dulces aromas, una exquisita mezcla entre azucenas y mermeladas, puedo sentir el olor del café llamándome con sutileza para que baje a desayunar. Mi estómago gruñe y se estremece con la simple idea de que la mesa estará llena de deliciosos manjares, y ahí, en el centro, los famosos bollos del panadero real, nadie ha podido igualarlos, en sabor, en textura, en suavidad….
Como una ágil gacela me levanto de un salto de la cama y jalo mi bata para ponérmela de manera apresurada mientras bajo corriendo los escalones, casi a punto de tropezar una o dos veces con las pantuflas q me regalaron mis tíos hace varios cumpleaños ya.
Al llegar al gran comedor, pude percatarme que ya estaban ahí sentadas mis primas Mariel y Elena como si hubieran dormido con sus finos vestidos puestos y su perfecto maquillaje. Como siempre me obsequiaron como detalle de buenos días, una mirada de desprecio y asco, q solo ellas podían realizar con tal perfección y exactitud para que nadie más lograra notarlo, debo admitir que durante muchos años esto me afecto, pues ellas eran lo más cercano que tenía a unas hermanas, sin embargo siempre me han tratado como con desprecio, tampoco puedo decir que han hecho de mi vida una pesadilla, no desperdiciarían su valioso tiempo en mí, pero si he sentido su rechazo total, las miradas frías e indiferentes, y a pesar de sonar como una mártir, tampoco puedo culparlas, pues he venido a invadir su vida, su hogar, su familia. Mi tía es una mujer estricta, poco cariñosa, siempre está encima de ellas para que alcancen la perfección, ya que como princesas, ella dice que es su obligación estar por encima de cualquier otra mujer del reino, pues el día de mañana deberán desposarse con algún príncipe o algún duque o conde, y sea a donde sea que les toque ir, deberán representar con alto honor y gracia su pueblo y ser dignas de su esposo, por otra parte, el trato conmigo es muy diferente… creo q la palabra correcta es “indiferente”, si soy educada, si soy lista, si soy fina, eso realmente no importa, porque yo nunca alcanzare el estatus que tienen ellas, yo solo estoy ahí, una boca más, no estorbo tampoco porque me toca hacer muchas tareas en la casa real, que mis primas jamás ni en sus más terribles pesadilla tendrían que hacer, pero mi educación y preparación no es algo que le quite el sueño a mi tía, así q por esa razón ella no me presiona de la manera en la que las presiona a sus hijas, y supongo que esto es en gran medida la principal razón por las que ellas me guardan rencor.
-Buenos días a todos!
Digo con alegría al sentarme a la mesa lista para probar los deliciosos platillos que ha preparado el cocinero para esta mañana.
-¡Por amor de Dios Ailén!, si no tienes la cortesía de arreglarte para bajar a desayunar, al menos ve y lávate las manos.
Una carcajada sonó al unísono de todos mis primos, mientras yo me levantaba rápidamente y me dirigía a un baño a asearme correctamente, acomode mi bata q no se viera tan arrugada, arregle un poco el chongo que le había hecho a mi n***o cabello y me lave las manos y la cara.
Al regresar a la mesa pude ver que mi tío ya estaba sentado ahí también desayunando, por más que fuera el rey y las mil y un obligaciones que pudiera tener, era imperdonable que faltara a un desayuno familiar y mi tía se encargaba de que así fuera. Todos debían estar a la mesa, sentado a la izquierda del rey se encontraba mi primo mayor y heredero al trono, el príncipe Ezra, el no solo heredo el nombre de su padre, también heredo su altura y su porte, un hombre apuesto, con facciones varoniles, cabello color castaño y ojos almendrados, realmente era un deleite para todas las damas de la corte estar en su presencia, afortunadamente también heredo el carácter de su padre, ya que era un hombre cortes y amable, y había sido bien instruido por su madre a tener modales totalmente impecables; estoy segura que el reino quedara en buenas manos; ya tenía 23 años y debía buscar una esposa, pues el rey no sería eterno y debía estar preparado con una buena reina a su lado y herederos fuertes para cuando el ocupara el trono, o al menos ese es el discurso que día a día le daba su madre desde que cumplió los 18 años. Esto me inquietaba un poco, pues él era el único m*****o de la familia que siempre me trato como “hermana”.
Desde que tengo memoria él siempre estuvo cuidándome, me enseñó a montar caballo, a disparar con arco, a usar una espada, a ser fuerte, valiente e independiente. Solía decirme que yo no tenía la ventaja que tenían mis primas que por su posición alguien siempre cuidaría de ellas y no tendrían que preocuparse por nada, pero que yo debería aprender a defenderme sola y valerme por mi misma. A mi tía realmente no le interesaba lo que hacíamos en nuestro tiempo libre, mientras no malcriara a sus preciadas hijas de la manera en que lo hacía conmigo, nada le importaba, aunque al final de un entrenamiento solía regañarme por llevar el vestido todo lleno de lodo y manchas de pasto, así que prefirió pedir al sastre me hiciera vestidos mucho más sencillos para mí y algunas ropas de varón que no le pesara tanto verlos arruinarse en mis descuidadas manos, “joyas y finas telas son un desperdicio en ti” solía decirme…
Por otro lado, mi tío era amable conmigo, lo de ser cariñoso no se le daba, y no por ser más frio como su esposa, sino porque el tiempo que le dejaban sus obligaciones de rey era muy limitado y mi tía se encargaba que se lo dedicara a sus hijos varones, sobre todo al futuro heredero, así que de vez en cuando me dedicaba alguna sonrisa, una palmada en la cabeza y en algunas contadas ocasiones una caricia en mi mejilla mientras me recordaba que tenía los mismos ojos que su hermana… mi madre…