Anna Karina Villanueva

3089 Words
Caracas, Venezuela. Con locura y desesperación. Anna Mi vida no ha sido muy divertida, pero hice algo digno de reconocimiento. No me arrepiento. He pasado por muchas situaciones buenas y aceptables, pero también he vivido momentos que no vale la pena recordar. ¿De quién me estoy burlando? Mucha gente me considera extremadamente peligrosa. Yo no soy una mala persona. Lo que quiero decir, es que he cultivado algo de fuerza en mi vida, un poco de fama. No conozco el método exacto. Creo que aprendí eso de mi padre. Estoy orgullosa de haber logrado tantas cosas maravillosas en solo 28 años. Me gusta la atención del sexo opuesto. Millones de personas solo pueden hacerlo con una sonrisa. El poder de las mujeres es asombroso. La alarma de mi celular suena desesperada, salto y me recuerdo a mí misma que debo cambiar ese tono lastimoso que inmediatamente me desespera, pero ahora mismo no tengo tiempo. Estaba a punto de levantarme cuando alguien me abrazó por la espalda. — ¿Adónde vas preciosa? — Ray me detiene respirando sobre mí ese aire matutino que me asquea, quiere más sexo. — A darme una ducha y creo que tú también debes hacerlo amigo, no hueles precisamente a rosas— y pongo los ojos en blanco cuando lo siento encaramarse encima de mí. — Ray es en serio, sabes que odio que me beses así, sin asearte primero. — ¡Oh vamos Anna! Las parejas normales tienen sexo en la mañana, ¿por qué no podemos ser una pareja normal? — me dice luego de levantarse con cara de pocos amigos y encerrarse en el baño. Aunque a veces me parece que Ray es demasiado sensible, su comentario me dejó un poco pensativa. Sí, no somos precisamente una pareja normal y pensándolo bien ¿Qué tan seria es nuestra relación? ¿Somos pareja? Tenemos alrededor de cinco años juntos, recuerdo lo bien que me sentía a su lado los dos primeros, éramos la pareja envidiada de la universidad, nada nos perturbaba ni nos hacía molestar. Pero no sé en qué punto, tal firmeza se rompió. Ya no me siento complacida a su lado y no me interesa demasiado si nos vemos o no. He recibido muchas protestas de mi familia por no querer sentar cabeza aún y casarme con él. Pero es que siento que me falta algo. Es como si algo en mi interior pidiera un sentimiento, una emoción o simplemente algo que pudiese consumirme. Ray no me dirigió la palabra el resto de la mañana, de hecho, ni siquiera desayunó conmigo, así que decidí restarle importancia al asunto y concentrarme en mis labores del día, al final de cuentas, él siempre regresa a mí. Salir a correr fue mi primera tarea del día, eran las ocho de la mañana y estaba sudando a mares, pues lo hice como si estuviera en un maratón y el primer premio fuera mucho más poder del que tengo ahora. Lo sé, soy una obsesiva con eso. Creo que es parte de mis genes paternos, mamá siempre dice que soy la réplica de mi padre y que a veces le da miedo, no quiere que sea una bruja. — Hija me preocupa que seas como tu padre — dijo mi madre cuando la llamé el otro día. —Sabes que lo amo mucho pero tiene esa actitud de “yo controlo todo a mi antojo que me molesta”, eso no está bien— — Madre, no sabes lo bien que se siente. Todos a mí alrededor solo asienten ante cualquier petición— —Todos menos Raymond, sabes, a veces creo que se va a cansar y te va dejar, Anna, tengo miedo de que te quedes sola — puse los ojos en blanco. — Deberías pensar en terminar de formar una familia con él, sabes que es un buen hombre y te ama— — Mamá, no estoy lista para ese tipo de complicaciones, mi vida está bien así. Tu sabes perfectamente que tengo otras prioridades— dije exasperada. Cada vez que hablo con mamá, terminamos teniendo la misma conversación y la entiendo, de sus tres hijos yo soy la única soltera y la que no le ha dado nietos. Pero es que yo no me veo rodeada de hijos y con un delantal puesto horneando galletitas con chispas de chocolate, limpiando la casa y esperando ansiosamente a que Ray llegue del trabajo para quitarle los zapatos y atenderlo. Arrugo el entrecejo ante tal pensamiento. Definitivamente eso no es lo mío. Salir de compras un sábado en la mañana, es mi segundo pasatiempo favorito, mi rutina consiste en pasar de tienda en tienda hasta comprar el último grito de la moda, me encanta lucir bien y luego recorrer las librerías de la ciudad. ¡Amo leer! Y no cualquier lectura, para ser honesta odio esa basura que le dicen autoayuda y me disculpo ante los escritores de ese género pues se han esforzado y supongo que han pasado por muchas cosas para poder publicar y hay algunos que logran popularidad. ¡Pero es que es tan aburrido! Lo mío es el thriller psicológico, misterio, terror y sí, a veces me dejo llevar por el romance, pero sólo si tiene una buena trama del resto lo deshecho como piedra al vacío. Sin más, entro a la librería y recorro tranquilamente cada pasillo, me detengo ante un libro del bueno de Katzenbach, uno de mis escritores favoritos y sin dudar lo añado a la cesta. Creo que en cualquier momento podría construir un altar en su nombre. Sigo mi recorrido y tomo un par de libros más, entre los que se encuentra Jillian Flynn, otra que se ha ganado un lugar en mi ranking personal. Pago los libros y miro el reloj de mi teléfono, he quedado en verme con mi hermana en este centro comercial y creo que lleva algo de retraso, así que sin problema me dirijo a un pequeño café a esperarla. Pido un latte vainilla y una magdalena para matar mi ansiedad y mientras espero distraída me consigo con un aviso no muy lejos que reza “Concurso de relatos cortos - Cierre de recepción de relatos hasta el 15 de marzo”. Un atisbo de tristeza me inunda, siempre he querido ser escritora, pero la cruda realidad me golpea cada vez que puede, para tener éxito en ese campo hay que correr con mucha suerte. — ¡Hola hermana!— mi hermana menor Angélica me abraza efusivamente, la miro sin prisa, es mi versión un poco menor y más pequeña, pero tiene un aire de rebeldía que siempre he envidiado. Con sus converse negras y sus jeans desgastados se ve hermosa. — ¡Hermanita tarde como siempre!— la reprendo con un toque de diversión. — Dejaría de ser yo — nos sacamos la lengua en señal de burla. Cuando estoy con ella me siento más joven y con derecho a ser inmadura. Punto. — ¿Qué es de tu vida y de tu imperio hermana?— — Aún no es un imperio pero pronto lo será. Pues he tenido demasiado trabajo, la empresa me absorbe demasiado, por eso no he tenido mucho tiempo de llamarte. ¿Tu cómo vas, tus estudios, vida social, etc.? — Bien, formo parte de un club de lectura y quisiera apuntarme a un taller de dibujo — me dice con un gesto de entusiasmo. — Ya… y ¿Cuándo harás algo que realmente valga la pena? Quiero decir, inscribirte en una universidad, estudiar una carrera con futuro, etc. — —Estoy haciendo cosas que valen la pena, pero te entiendo así que he decidido estudiar arte— arrugo el entrecejo al escucharla mientras el muy joven mesero me mira con cara de estúpido mientras me coloca el café y la magdalena, aunque mi hermana le está hablando pidiéndole un refresco. — Sabes que con eso no te ganarás la vida ¿Verdad?— — Ya suenas como papá. Deben entender que eso es lo que me gusta— respondió muy segura. — Y lo entiendo pero esta es la vida real, no un cuento de hadas, puedes tenerlo de hobbie pero no asumirlo como lo único que harás en tu vida, tu estabilidad económica es muy importante, sabes que si estudias algo bueno te puedo conseguir un buen trabajo, con mis contac…— — ¡No! Y no quiero tener esta discusión otra vez — ambas nos miramos en silencio. — Escucha, entiendo tu preocupación pero yo sé lo que quiero y lo que me hace feliz realmente, el arte está en mis venas, lo disfruto y ¿qué mejor que dedicarse a algo que realmente te encanta?— Touché, pensé. — Tu también tienes inclinaciones por el arte, por la escritura, ¿Por qué no lo intentas realmente? Podrías tener mucho éxito — mi hermana es la única que sabe mi secreto, ni siquiera Raymond está enterado de ello. — Porque yo prefiero vivir de la realidad que de los sueños… con los sueños no sales a comprar ropa, con ellos no comes en un buen restaurant— — Hay algo mejor que eso hermana, la satisfacción de hacer lo uno realmente quiere y el orgullo de saber que eres buena en ello— me quedé mirándola un par de segundos, a pesar de su edad sabía ponerme en mi lugar y además, sin querer, estaba dándome una lección. — ¿Sabes? Te invito a un festival de poesía que se hará esta noche en Tango’s, sé que te gustará — — No lo sé, tenía planes con mis amigas — respondí y me mira fijamente. — Bueno está bien iremos— terminé aceptando. Terminamos el encuentro hablando de un chico que le gusta y otras cosas sobre nuestras aficiones. Al final de la tarde, la llevé a casa para cambiarnos y salir al dichoso festival de poesía. —Anna— la voz de Ray me interrumpió de mis pensamientos, justo ahora terminaba de vestirme —Wow. ¿De salida?— desvié mi mirada y lo encontré con una botella de vino en la mano. —Creí que podríamos tomarnos unas copas y reconciliarnos como hacíamos antes, lamento haber tomado esa actitud esta mañana. — No hay problema Ray— seguí vistiéndome. — Discúlpame, pero tengo planes con Angélica y no puedo fallarle— — ¿Será que me puedes dar un poco de importancia o es que ahora debo hacer una cita para ver a mi mujer? — Raymond yo no soy tu mujer, soy cualquier otra cosa menos eso ¿Ok? Deja de reclamarme como tuya porque yo no soy un objeto — por unos segundos nos miramos desafiándonos. — Antes te gustaba que te dijera así — — Ya no soy la misma de antes y lo sabes — continué con lo mío. poniéndome los aretes y mirándome en el espejo. — Me exasperas Anna — — Me exasperas Raymond — dicho esto, se marchó tirando la puerta al salir. * Angélica estaba sentada en un reservado del local, todo estaba decorado de forma muy bohemia, luces tenues, de fondo sonaba un par de acordes de una guitarra. — ¡Gracias por llegar a tiempo hermana! Por un momento dudé sobre si vendrías, sabes, a veces eres demasiado estirada — la atraje hacia mí y la abracé con ternura, adoraba a esta cabezota. — ¡Gracias por lo que me toca!— y reí. Me senté en la silla libre y atraje la atención de un joven que se encargaba de servir a las mesas, tan mono, con sus ojos claros y su tez sonrojada, seguramente no tiene más de 19 años, ¡Toda una lindura!, le sonreí abiertamente y el joven se sonrojó aún más. — ¿Puedo saber qué tienes que los hombres se rinden a tus pies? Tu y yo somos parecidas y yo no los tengo babeando — y tuerce ligeramente los labios. — Se llama seguridad y pues, he aprendido a ser un poco coqueta, no sabes todo lo que uno puede conseguir de ellos y no me mires así, no me refiero a nada material, todo lo que tengo y lo que he logrado ha sido por mis méritos, es sólo que a veces uno debe regalar sonrisas para tener el mundo a tus pies— — No sé de qué demonios estás hablando hermana. — Verás, llego a un lugar y si quiero conseguir la mejor mesa sonrío y muestro mis hoyuelos y una mirada pícara, cuando me dan sus números simplemente lo desecho, cuando no quiero hacer alguna cola, me hago la indefensa y me atienden inmediatamente. Lo siento hermanita, así funcionan las cosas en este mundo. Claro, ahora con el tiempo, que he logrado tener cierto respeto y fama pues a veces no necesito ser tan simpática solo tener dinero— — No envidio tu vida para nada, yo prefiero ser feliz — eso fue un disparo directo a mi corazón, nuevamente ¡Touché! — Por cierto, no sólo eres un imán para los hombres — y arrugo el entrecejo. — Las mujeres también se rinden a tus pies— y rió a carcajadas. — ¡No sé de qué demonios hablas! — niego con la cabeza y le di un sorbo a la bebida que recién me trajo el chico bonito de hace rato. — Mira disimuladamente pero hay una mujer al fondo que no te ha quitado la mirada de encima, casi podría jurar que te ve con lascivia— — ¿Dónde? — desvío mi mirada y ahí está, una pelirroja súper sexy que levanta su copa brindando conmigo en silencio, es realmente hermosa e imponente —¡WOW!—sacudo mi cabeza y le doy otro sorbo a mi trago y le hago señas a mi hermana para no vuelva a decir ni una palabra al respecto. Trato de ocupar mi atención en otra cosa, así que miro al resto de las personas, un cartel me indicó que era noche de micrófono abierto y enseguida mi vista se desvió hacia el escenario. Un hombre cuyos hilos plateados denotaban gran experiencia, hizo una reverencia hacia el público, sacó un papel y con una hermosa voz de locutor comenzó a recitar un poema que pareciera de su propia inspiración. “El océano de tus ojos se posa en mis labios Y mi corazón acelera desesperadamente Lucho por contener mis impulsos por tenerte Pero eres un imán que me atrae lentamente. Y no lo puedo evitar más Siento que mis deseos debo alcanzar Y hace tanto tiempo que te quiero besar Oh mi princesa, perdóname si te falto el respeto Es que no puedes ocultar tu belleza Esa que tanto amo y venero Oh mi princesa, eres como el primer canto de un ave recibiendo el amanecer Eres cómo el crepúsculo que atrae la noche Tanta calma sin reproche Tanta esperanza de una noche Jamás dejaré de venerarte Jamás te soltaré ni por un instante Bésame princesa, te lo ruego Bésame por siempre y enrédate en mi pecho” Todos aplauden, al parecer el hombre tiene cierta fama en el lugar y no le quito mérito, me gustó mucho su poema, estuvo cargado de emoción, de amor verdadero. Por momentos miraba a su esposa mientras lo leía y fue un gesto muy lindo no lo puedo negar. Así como él, subieron varias personas más, de edades variadas, la juventud también está presente en estos temas y eso me gustó. Enseguida se subió a la tarima la mujer que tanto me veía, a la luz del foco se veía más hermosa aún y tenía una figura de ensueño. Me miró fijamente un momento y debo decir que me intimidó y tuve que bajarle la mirada, me sentía extraña. — Dicen que no importa el sexo si el amor es puro —fulminé a mi hermana con la mirada por su comentario. — Deja de decir estupideces, esas cosas no me van— —Yo lo sé, lo digo por ella, en todo caso, sé que eres una rompecorazones con los hombres, pobres, te gustan demasiado— y asentí encogiéndome de hombros. —Qué te puedo decir hermanita, no soy mujer de quedarme encerrada por un solo hombre. — Has durado mucho con Ray— —Sí, es el primero con el que duro tanto, pero no sé, digamos que sigo de cacería. —Ray es un buen hombre, no le hagas daño por favor— —No lo haré, pero no sé cuánto tiempo durará este romance, las cosas no van del todo bien, yo soy un espíritu libre y el demasiado controlador— —Enamorado— —Controlador— —No tienes moral — ¡Tocuhé! Nuevamente. Mi hermana me ha dado de tres, tres. —Yo también lo quiero controlar todo— —En fin, me encantaría verte en este escenario y en muchos recitando poemas de tu autoría— dijo emocionada. —No, olvídalo, lo que yo escribo se queda conmigo, sabes que es una especie de desahogo de ciertas cosas— —Lo sé, pero ese desahogo te gusta, deberías intentarlo algún día— —Seré el hazmerreír de todo mi puto círculo social y lo sabes, yo nunca he estado en esas cosas— — ¡Pues que se vayan al diablo!... En f*******: consigues grupos de escritores, que se comparten cosas y se apoyan de alguna manera— — ¿Acaso me insinúas que debo meterme con gente desconocida que no sé si sean asesinos en serie o violadores desalmados?— — ¡Anna, por Dios! Estás exagerando, yo estoy en uno de arte y pintura desde hace algunos meses y me he sentido bien, hay personas que son muy buenas y agradables, solo debes darte la oportunidad de conocerlas. — ¿Sabías que estás loca verdad? — entrecerré mis ojos mientras me asentía con la cabeza y luego miré a la mujer que aún seguía en el escenario, realmente no le presté atención a sus palabras, pero pensé que si me gustaran las mujeres, no dudaría en revolcarme con ella. Y asustada por ese pensamiento, decidí que debía irme a mi apartamento, así que cansada arrastré los pies hasta mi cuarto y caí rendida sin pensar en más nada. Pero un sueño bastante subido de tono me despertó repentinamente, donde unos ojos profundos y unas manos delicadas me masturbaban mientras yo gritaba desesperadamente. Ya me estaba volviendo loca.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD