Capítulo 4

812 Words
Capítulo 4 Y así pasó el miércoles y el jueves en una rutina muy aburrida. Pero el jueves por la noche, apenas salí del trabajo, pasé por el apartamento de Paloma. Cuando mi amiga abrió la puerta y entré, vi a Matheus y… Gustavo. - No sabía que Matheus era tan amigo de este tipo. – le susurré a Paloma y casi pregunto: “¿por qué recién me presentó ahora?” - Se conocen desde hace algunos años, pero Gustavo estudió en el extranjero, por lo que no tenían mucho contacto entre ellos. – Paloma dejó el susurro y habló en un tono alto. – Ven ahora. Terminemos de ver esta película con nosotros. No tendría otra opción, así que me senté en el sofá con mi amiga. Gustavo y Matheus estaban sentados en el suelo sobre una alfombra negra frente a nosotros. La película era una comedia romántica, así que en unos minutos pude escuchar la risa de Gustavo que extrañamente me hizo sonreír y me calmó en un breve momento. Apenas terminó la película, Paloma y yo fuimos a la cocina. - ¿Y ahí? ¿Cómo están los preparativos? – Yo pregunté - Oh, Melissa, estoy tan nerviosa. ¿Conoces esa tensión previa a la boda? - Por supuesto que no lo hizo, pero continuó. – No pienso en nada más aparte de eso y te quiero más presente conmigo estos días. - En cuanto pueda me paso, pero ahora me tengo que ir. – el cansancio me iba tomando poco a poco. – Mañana, su hijo tomará el lugar de Marcelo, espero que esté bien. – Me encogí de hombros. Paloma no pareció sorprendida en absoluto, en cambio soltó una risa sarcástica. No entendía por qué estaba demasiado perezosa para siquiera hablar. Regresé a la sala y me despedí de Matheus y Gustavo. Y por lo que noté, Matheus también estaba ansioso por la boda. - ¡Adiós, Matheus! ¡Adiós, Gustavo! – Dije dirigiéndome a la puerta. Paloma me acompañó, pero Gustavo nos interrumpió antes de abrir la puerta. - Melissa, ¿te importa si te acompaño de nuevo? Es que ya me iba, mañana tengo uno de los primeros días de trabajo y no quiero llegar tarde a la empresa. – Concluyó un poco avergonzado y sin aliento. Me reí de su cara y Matheus contuvo la risa a sus espaldas. Me hizo sonreír involuntariamente, especialmente cuando quería decir algo, pero su timidez solo lo dejaba sonreír torcidamente. - Claro. – Respondí. - ¿Lo haremos? Se despidió de Matheus y bajó conmigo. Caminábamos en silencio por nuestro camino, cuando decidió romper el silencio: - Sabes, Melissa, eres muy diferente a todas las chicas que he conocido. Aunque esté tan cerrada. – sonrió un poco avergonzado.- Sé que tienes un lado fantástico y me encantaría conocerte. ¿Estaba… estaba coqueteando conmigo? Sentí que me ardía la piel y metí las manos en el bolsillo del pantalón. - No sé qué responder. - Sonreí un poco tonta y continué. – También eres un chico muy agradable y muy diferente a los que he conocido. También me gustaría llegar a conocerte mejor. Espera un segundo. ¿Estaba coqueteando con él también? Dios mío, ¿en qué estaba pensando? Solo sabía su nombre, a diferencia de él, que parecía saber más sobre mí. Gracias a Paloma y Matheus, imagino. - Espero que esto sea bueno. - Sonrió mirándome de pies a cabeza. – Bueno, creo que ya estás entregada. – bromeó y miró el edificio detrás de él. Solo entonces me di cuenta de que ya estaba frente a mi edificio. - Así es. Hasta cualquier día allí entonces. – Me despedí sonriendo, pero no pude salir de la esquina. - ¿Podemos salir alguna vez? – me sorprendió preguntando, y con esos ojos de esmeraldas brillantes y bastante ansioso por la respuesta. - ¿Por qué no? – Yo pregunté. Pero más para mí. - ¿Puedo tener tu número de teléfono? – Yo pregunté. ¿Y porque no? Me gustaría mucho salir con él. Esto no quiere decir que viviríamos un romance, sino que podríamos divertirnos en el futuro. Eso era lo que él también esperaba, ¿no? Intercambiamos nuestros teléfonos y traté de pasar junto a él hacia el edificio, pero nuestros brazos se rozaron ligeramente y no sé cómo pero sorprendentemente, me encontré dentro de su abrazo. Un fuerte abrazo que me calentó todo. Podía sentir la definición y cada rasgo de su cuerpo y, extrañamente, no quería dejarlo ir. - Entonces aún más. – Sonrió cuando me soltó y siguió su camino radiante. - Hasta luego. – susurré sonriendo cuando él ya se alejaba, aunque no podía escuchar. Sentí un completo escalofrío en mi cuerpo en el momento en que sonrió así y la forma en que su silueta se alejó de mí.
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