Gen ronca fuerte, es el sonido más perturbador que jamás haya escuchado.
No puedo creer que pude, por primera vez desde que soy amigo de Gen, contarle contarle todo lo que estaba sintiendo.
Si estos días fueron raro creo que esta noche fue la más rara de todas. Me siento libre de porque pude contar todo lo que tenía por dentro y Gen me escuchó pese a que no dejó de reírse en algunas partes y en otras solo escuchó y pensó mucho. También se le notó sorprendido y en otros momentos confundido, y no lo culpo, hasta yo estoy confundido.
Estoy durmiendo con Gen, en su casa, dejé mi casa sola y siento que mamá lo sabe.
Pienso en muchas cosas y en nada en concreto a la vez.
Nunca había sentido tantas cosas así. ¿Cómo es posible que una persona pueda sentir tantas cosas y seguir vivo? Tal vez vivimos para sentir. Cuando escucho una canción, leo un libro o veo una película puedo sentir un gran número de emociones porque por momentos estoy trasladado a otro mundo donde hay libertad de sentir, y luego cuando acaba ese instante puedo seguir mi vida igual porque ya el sentimiento pasó.
Pero esto es distinto, esto no es una canción, no es un libro, no es una película. Es mi vida. Es real. No hay libretos. Y no sé aún qué diablos pueda ser.
Gen me supo escuchar, pero no cuenta con el don de aconsejar. No puedo culparlo, me dejó sacarlo todo.
Le empecé contando desde el principio, cuando conocí a Molly, le dije que nos caímos, que casi pierdo la cadera alcanzando los zapatos para los bolos, que luego fue que la vi en la SOM y después en el Tiempos de café. Le dije todo lo que tenemos en común y la manera tan hermosa y graciosa con la que puede hacer de cualquier momento un chiste. Desearía tener ese don. Le conté lo que pasó el día que la vi discutir con el motociclista y cómo estaba de triste por culpa de ese idiota. Recordé cuando vimos la Bella y la Bestia en el cine y nos tuvimos que ir caminando, le dije a Gen que amaba su estilo tan espontáneo. Molly pareciera que no le importara lo que digan los demás, tan solo hace todo con total naturalidad que parece mentira.
Cuando hablé de Tina conté todo lo que sentía cuando la conocí y la manera en cómo me hizo sentir que era su protector porque la veía tan tímida que me llenaba de ternura el que siquiera no pudiera sostenerse la mirada. Recordé cuando salimos corriendo después de engañar a los pobres viejitos de la cola, le conté nuestra conversación de ese día, de cómo tomamos mucha confianza que a los pocos días ya éramos como viejos amigos. Le dije que fue muy raro y atrevido que me arrimara a la pared y me intentara besar, que Murray nos interrumpió, que se puso celosa cuando me vio con Molly y me empezó a decir "mi amor", dije lo que pasó en la playa, que me sentí en una película y no quería que ese momento pasara. Tina me atrae mucho y me hace pasar por tantos momentos de adrenalina en la SOM cuando nos escabullimos para besarnos sin que nos descubra. Le dije a Gen que me sentía confundido al no saber si éramos o no éramos novios. Le conté que me sentía como un imbécil sintiendo algo por dos chicas a la vez y que aún peor me sentía cuando besaba a Tina y pensaba en ello.
También le comenté a Gen que tenía problemas para comunicarme y decir lo que sentía, tal vez por no querer parecer débil, o porque casi nunca me pasa algo interesante, pero hay tantas cosas que están pasando que no sé qué diablos hacer. Dije lo que me aconsejó la señora Noris, lo que dijo de mi dolor de cabeza, de mi confianza hacia mi mejor amigo y del café con papelón.
En ese momento empecé a llorar sin poder evitarlo y no podía gesticular bien las palabras. Gen me pasó un trapo con el que empecé a limpiarme la cara hasta que me di cuenta que era uno de sus calzones y se lo tiré con rabia. Seguí llorando como nunca había llorado por 5 minutos.
Cuando acabé de hablar y llorar me sentía muchísimo más liviano, tanto que me dieron ganas de comer, Gen tenía la cara roja de reír y llorar conmigo.
—Sabes, Joe, a veces creía que eras gay. Y ahora tienes a dos chicas detrás de ti. Si eres gay, eres uno con mucha suerte.
—Gen, ya duérmete.
Lo pateo y sigue durmiendo.
Siento los ojos cansados y me pregunto por qué no puedo dormir de una puta vez.
Me levanto y voy a la cocina con confianza ya que el papá de Gen tampoco se encuentra en ciudad.
Busco algo de café y no lo encuentro. La cocina de la casa de Gen es tan grande que tan solo pensar en buscar en todos los lugares el envase en donde almacenan el café me da bastante cansancio. Me rindo y voy a la sala. Igual de grande, con una gigante pantalla y majestuosos espejos por todos lados. Veo en una mesa una foto de Gen pequeño con su mamá y no puedo evitar sentirme un poco triste, por Gen, que no pudo despedirse de su mamá y no ha podido irla a visitar, y por mí, por que me hace recordar a mi mamá que se esfuerza mucho en hacerme sentir bien y amado y yo creo que no le he correspondido como debería.
Me siento en un gigante sofá que parece de cuero blanco y veo que en una repisa de cristal que está junto a la pantalla gigante hay una botella de vino tinto. Sin pensarlo, y como si estuviese en mi casa voy y me sirvo un trago.
Siento como el sabor dulce y fuerte baja por mi garganta y me hace sentir un poco más relajado. Me sirvo otro trago y no sé por qué diablos ahora estoy pensado en Gabriel García Márquez, en el puto libro que debo leer y en el desgraciado profesor Camaho que no encontró otro libro mejor con el que atormentarnos.
Vuelvo a pensar en Tina, en lo inteligente que puede llegar a ser. Y pienso ahora en Murray y su extraño comportamiento hacia ella. Murray no sabe que yo la vi entrar a hurtadillas a robar información de Tina. ¿Debo decirle a Tina? ¿Estará en problemas?
Reviso rápidamente mi f*******: pero aún sigo sin recibir la aceptación de la hija de Murray.
Tomo otro trago de vino y pienso un poco más. No sé por qué ahora quiero llorar de nuevo... tal vez porque el gordo está dormido y no podrá verme... o porque el vino tiene efectos veloces... como sea... recuerdo a la señora Noris... y me dejo drenar por las lágrimas...