--¿Entonces dices que ya Tina sospechaba de que Becca me estaba engañando?
--Eso fue lo que me dijo.
--Lo siento, Joe, pero ya no estoy en condiciones de creer lo que dice Tina. ¿Qué ganaría Molly con mentirle a Murray? ¿Y desde cuándo es una grave falta el que una estudiante le sea infiel a otro estudiante? Tina nuevamente está mintiendo.
--Algo me dice que Molly tampoco vive en la dirección que está en la información que saqué de la computadora de Pence.
--Eres un maldito, Joe, debiste haber ido el mismo día que conseguiste esa información.
--Lo sé, pero… Molly tal vez no quiere que la encuentren.
--Krump, ahora sí que te volviste loco ¡No es momento para que te vuelvas Paulo Coelho!
Gen está enfocado en que Tina miente porque cree que ayudó a Becca a esconder el secreto de su infidelidad. Y yo también lo creo, pero eso no la hace más mala que Becca.
Después de que Tina se fue llamé a Gen y le conté a medias lo que sucedió y se vino a mi casa de nuevo. Gen está seguro de que Tina sí sabía. Yo lo sigo dudando aunque no ayuda el hecho de que haya mentido con respecto a su dirección y se haya ido sin explicarme nada.
Gen salió de mi habitación, escuché que bajó las escaleras y quizás fue a tomar otra pastilla. Al volver a subir apareció todo vestido de n***o con guantes de cuero n***o y un sombrero de flores negras que usa mamá en algunos funerales.
--Gen, ¿por qué usas los accesorios de mi madre?
--Volveremos a jugar a los detectives esta noche.
--¿Y no podrías jugar a los detectives sin usar ese ridículo sombrero?
--Esto lo hace aún más serio, aunque no lo parezca.
--Estoy cansado, Gen.
--¿Así que prefieres quedarte acostado y morirte del dolor de cabeza en vez de enfrentar la vida de una puta vez? ¡Vístete! Iremos a buscar a Molly y sabremos quién es la mentirosa.
--Maldita semana.
--Sí que lo es.
.
Vuelvo a revisar mi celular con la esperanza de que Molly haya contestado, pero solo hay mensajes de mamá que me vuelve a preguntar si todo en casa está bien, y le vuelvo a responder que sí. Busco en la galería la foto que le saqué a la computadora de la directora Pence y veo la dirección de Molly: Parque Sur, calle #7, casa #128. Me alivio un poco ya que Parque Sur queda muy cerca de donde dejé a Molly aquella vez que salimos al cine y no quiso que la acompañara a su casa. Gen está manejando y las luces que de a momentos alumbran su rostro hacen notar cierta preocupación y tristeza.
Llegamos a la calle #7 de Parque Sur, es una larga calle y bastante alejado del lugar del que dejé a Molly la última vez. Hay poca iluminación. Parque Sur siempre ha sido muy lúgubre y hasta un tanto peligroso. Se me eriza la piel solo de recordar que cerca de estas calles me persiguió aquel extraño motorizado.
--¿Traes tu celular contigo, Joe?
--Lo dejé en tu auto.
--Que bien.
--¿Por qué?
--Estas calles se ven algo peligrosas, es mejor que ni tengamos encima algo que nos puedan asaltar.
--Lo único que espero que te asalten es ese sombrero absurdo y esos guantes de mujerzuela.
--¿Sí sabes que estos guantes son de tu madre?
--Mmm, no son de ella…- Gen ríe.
Caminamos viendo el número de las casas. Gen trae consigo una linterna y la mueve a todos lados.
--Deja de mover tanto esa linterna que harás que toda la calle sospeche de nosotros.
--Todo está oscuro ¿qué esperas? Esta gente debería reunirse para comprar el alumbrado. Que sinvergüenzas.
--Se ve que son personan no tan afortunadas como para poder comprar un bombillo, Gen, ten algo de comprensión.
--Solo digo que hay una gran diferencia en tener dinero y tener calidad de vida.
--No hagas tanto ruido, no es necesario que te pongas en modo Paulo Coelho, se supone que esa es mi tarea.
Seguimos caminando y todas esas casas parecen solitarias, ni siquiera plantas tienen al frente. El lugar es muy tranquilo, tanto que hasta da miedo. Nos acercamos a una casa para ver el pequeño letrero que indica el número y cuando pisamos cerca de la entrada alguien salió de golpe.
--¿Qué quieren?—dijo en tono muy abrupto un tipo grande y con tatuajes.
--Eh... Buenas noches, solo buscamos la casa #128.
--¿Ustedes son del FBI, cierto?—nos mira con bastante seriedad.
--No, amigo… solo buscamos a una amiga que vive en la #128…
--¿Y tú por qué usas sombrero de viuda desgraciada?
--Eh… es que… acabo de enviudar—El tipo mira con tanta rabia a Gen que parece que le fuera a salir fuego de los ojos.
--¿Así que eres una viuda?—le pregunta a Gen de golpe.
--Eh… sí… mi mujer falleció.
--¡Ya díganme qué hacen en mi casa!
--Solo… estamos… disculpe… solo buscamos una amiga que vive en la #128.
--Ah… Pues esta es la #78. ¡Lárguense de mi propiedad!
Avanzamos a prisa queriendo encontrar rápido la fulana casa para salir de este horrendo lugar.
Ya a punto de acabar aquella larga calle nos encontramos la casa #128. Muy modesta, con el frente un poco sucio y todas las ventanas cubiertas de cortinas negras que dan aspecto de que hace años que no vive nadie allí, dudo en entrar pero Gen no se detiene.
--Ya estamos aquí, por lo menos tocaremos a la puerta.
--Gen, no creo que esta casa esté siquiera apta para que alguien viva aquí.
--Para mí este lugar no es apto para que viva nadie, pero henos aquí buscando a Molly.
Gen toca a la puerta algo temeroso y yo me quedo un poco alejado, no sea que vuelva a salir otro loco creyendo que somos del FBI. Nadie sale. Gen vuelve a tocar.
--Joe, que nadie salga no significa que Molly no viva aquí… o eso creo.
--Quizás esta sí sea la casa de Molly y simplemente no está. No es necesario volver a sacar otra teoría conspirativa.
--Bueno, tal vez tengas razón. Ya vámonos y volvamos mañana.
Gen tal vez está triste de que no hubiese habido mayor acción hoy que la que tuvimos cuando entrevistamos a la hija de Murray o cuando entramos a la oficina de Pence. Lo noto algo apagado cuando volvimos a su auto y me pregunto si habrá podido vencer las tentaciones de volver a escribir, llamar o buscar a Becca. No ha dicho mucho de ello y eso me preocupa, pues si fuera mi caso ya es obvio que sería difícil para mí contarlo, pero Gen es de los que se les hace más fácil expresar sus sentimientos.
--¿Estás bien, gordo?
--Sí… ¿por qué lo preguntas?
--Te ves algo decepcionado… triste…
--Bueno, como sabrás… no han sido los mejores días…
Sigue manejando y a pesar de que trata de cambiar su humor sé que solo busca no hablar del tema y esconder lo que en realidad está pasando por dentro.
--Te digo algo, Gen…
--Dime.
--Somos los peores espías que existen. No hemos podido resolver un solo caso de ninguna de nuestras mujeres—reímos.
--Bueno, eso de “nuestras mujeres” creo que está en juego.
--Pues sí.
Después de unos segundos pensando Gen dice:
--No somos tan malos espías. Fíjate que ese grandote que nos salió creyó que éramos del FBI.
--Sí, y después creyó que eras una viuda desgraciada—ambos reímos.
.
Al llegar a casa Gen se tiró en el sofá y parecía no querer levantarse. Sonó mi celular y es mamá llamando:
--Joe, querido ¿Todo en casa va bien?
--Sí, mamá, todo en orden. La casa parece como si nadie viviera aquí.
--¿Y por qué estás llegando a estas horas si se supone que estás libre?
--Estaba con Gen haciendo algunas cosas.
--No estés tanto en la calle, últimamente me han dicho que la inseguridad en Barcelona está creciendo.
--Mamá solo estábamos haciendo unas cosas cerca de casa, no tienes que preocuparte.
--¿Y Gen está contigo?
--Sí, mamá, se quedará a dormir esta noche. No quiere estar solo.
--Está bien, cariño, pero nada de fiestas, por favor.
--Mamá, solo iremos a dormir.
--Bien, Sophy quiere decirte que no quiere que entren a su habitación.
--Joe, no quiero que entres a mi habitación, si lo haces lo sabré en seguida—dice Sophy gritando.
--No haré nada en tu habitación, pequeña niña desquiciada—ríe del otro lado.
--Querido, ya me tengo que ir. Tengan dulces sueños. Te amo mucho, adiós.
Cuelgo y Gen se está riendo.
--¿Qué diría tu madre al saber que su dulce y bien portado Joe estuvo dos veces en la oficina de Pence burlando la cerradura, entrando al colegio de noche y jugando a los espías?
--Cállate, gordo. ¿Cómo podría enterarse?
--Es una abogada, Joe, ellos se enteran de todo.
--Aún sigo sin recibir respuesta de Molly…
--Mañana iremos nuevamente a su casa y verificaremos si vive alguien. Nadie puede desaparecer así de la nada.
--Solo espero que esté bien.
--Pues sí—Gen sigue tirado en el sofá de la sala y se quita las botas.
--Gordo, no tires tus botas asquerosas en la sala.
--Joe, no quiero seguir manejando esta noche ¿podría quedarme esta noche aquí en tu casa? ¿Aquí en este mueble?
--Solo si haces unas empanadas como las de esta mañana.
--Hecho.
--Y no tienes que dormir en el sofá, mi cama es muy grande. Además mamá sabe que te quedarás.
--Solo quieres que duerma contigo, Krump, porque me amas—dice con tono femenino. Gen y sus bromas. Parece que los ensayara al levantarse en la mañana.
Ya era casi media noche y Gen no paraba de contarme varias de las travesías que pasó con Becca. Dejo que hable tranquilamente y me río cuando hace un chiste o cuenta algo que él cree que es gracioso. Gen se ve feliz cuando lo escucho. De repente se queda callado y ve el techo. También lo miro a ver lo que sea que vea. De un momento a otro empezó a llorar como si alguien hubiese muerto. Por un segundo me asusté, pero dejé que también drenara todo el dolor que había acumulado hasta ahora.
--Joe, mi vida está hecha un desastre.
--Calma, gordo—le digo mientras lo abrazo--, todo estará bien.
--Siempre me repito eso, “todo estará bien, todo estará bien”. Mi padre sigue siendo un maldito indolente, mi madre me abandonó y mi novia me engañó con otro tipo. ¡¿Cómo diablos puedo repetirme a mí mismo que todo estará bien cuando en realidad no estoy seguro de ello?!—llora aún más.
--Lo podrás superar. Has sabido enfrentar la vida con la partida de tu madre y la indiferencia de tu padre. Podrás también con esto y con cualquier cosa que se atraviese, porque eres Gen Harper, el que siempre hace reír a todos a pesar de las circunstancia. La mayoría llora cuando está pasando por terribles momentos, y tú eres diferente, porque enfrentas la tormenta con risas. Eso es lo que te hace genial, gordo, no es tu dinero ni tu carro, es esa personalidad tan única la que le da color a tu vida. Has podido, puedes y podrás con esto y más.
--Maldito Joe, cuanto te amo—sigue llorando--. No entiendo cómo soportas tanto drama y juego a la vez de mi parte.
--La práctica hace al maestro.
--Dios santo—dice mientras se ve las lágrimas--. Parezco una pinche vieja viuda desgraciada.