Misterio

2039 Words
La camioneta de mamá marca la luz roja indicando que se está quedando sin gasolina. El semáforo está rojo y me detengo. Hace mucha calor, tanto que me sofoco. Veo por el retrovisor que se va acercando una moto, reconozco fácilmente que es el motorizado que me perseguía la noche que fui al cine con Molly y en el momento en que el semáforo cambia al color verde acelero y la moto también acelera detrás de mí. Cruzo la avenida y sigo derecho por una calle algo estrecha y vuelvo a cruzar la siguiente a la izquierda, veo por el retrovisor y nadie está. Sigo manejando y cuando cruzo de nuevo en la siguiente derecha está frente a mí el motorizado en la mitad de la calle. En ese momento se me apaga la camioneta ¡Maldita sea, se acabó la gasolina! Trato con desespero de hacer que la camioneta encienda girando la llave, pisando el acelerador pero el auto no responde. Cuando vuelvo a ver hacia el frente aquel tipo sacó una pistola y me apuntó. Al momento de que iba a jalar el gatillo sonó la alarma del celular de Gen y me desperté sobresaltado, sudado, con la respiración acelerada y buscando entre las sábanas el maldito celular para apagar el maldito ruido. Lo consigo y lo apago. Son las 6:00a.m y Gen no está en la habitación. Bajo las escaleras y por un momento olvido que mamá no está en casa ya que de la cocina viene el olor a café recién colado. --Buenos días, Krump—me saluda Gen que parece muy fresco y de buen humor. --¿Desde qué hora estás despierto? --Solo llevo despierto como una hora. --¿No tienes resaca? --Solo un poco de jaqueca pero tomé uno de los analgésicos que tiene tu mamá en uno de esos gabinetes. --Que bien. Me pasa café y lo bebo apresurado aun cuando está recién hervido. Tengo dolor de cabeza y me molesta un poco la luz de modo que trato de no abrir mucho los ojos. --¿Qué te sucede, Joe? Te ves mal. --Creo que tu resaca la estoy sufriendo yo—digo con la voz cansada. --Que extraño eres, Krump. Desayuna y toma una pastilla. Me iré a bañar para irnos a la SOM.— le levanto el pulgar y sale de la cocina. Termino el café y cuando me levanto para servirme más veo que al gordo le dio tiempo para hacer empanadas. Vuelvo a tener el sentimiento de tener a mamá en casa y me da un poco de nostalgia. Gen se acostumbró a levantarse muy temprano para hacer su propio desayuno. Amo mucho a mi amigo y me alegra un poco verlo de un buen ánimo pese a que le terminó a su novia hace menos de 24 horas. Busco una caja de pastillas y me tomo un analgésico. Escucho el agua de la regadera correr y me apresuro a desayunar para no llegar tarde a la SOM. . Al llegar al colegio recordé todo lo que hicimos anoche cuando entramos y salimos tan fácil y ese extraño chico de la basura que se queda dormido… El mundo está loco. --Gen, ¿Qué harás si ves a Becca? --No vendrá. --¿Cómo lo sabes? --Solo lo sé. La conozco… bueno, eso creía. Reviso mi celular y aún están los mensajes de Tina y Molly sin responder. Solo hay mensajes de mamá preguntando si todo está bien y le respondo que sí. Entramos a nuestra primera clase de castellano que de nuevo vuelve a ser en la biblioteca y ahí está Tina sentada en la primera silla del semicírculo que forma siempre el profesor Camaho para dar sus clases. Me siento en el otro extremo y Gen se sienta a mi lado. Tina me ve y sonríe. Me saluda con la mano y le regreso el saludo aunque se me hace más difícil devolverle la sonrisa. Camaho sigue hablando del bendito libro de García Márquez que ya leí, me di cuenta que era un libro muy corto y me apresuré en leerlo completo. Echo una mirada a toda la clase y me doy cuenta que Becca no vino. Gen tenía razón. Terminó la clase y Tina vino a saludarme. --Joe—me alcanza-- ¿Cómo has estado? --Pues bien. Pero lo hubieses sabido antes si tan solo habrías respondido todos los mensajes que te envié mientras estabas desaparecida. --Lo siento, de verdad. Perdóname la vida, mi amor, pero tuve que ir de viaje a Valencia por una emergencia familiar y en el camino perdí mi celular. No encontré después cómo avisarte. --¿Una emergencia familiar? --Mi abuelo se enfermó y tuve que ir con mi papá a cuidar de él un par de días. --Pero ¿cómo es que ni siquiera pudiste avisar al colegio? --Papá llamaba pero nadie contestaba…-- me abraza—De verdad lo siento, no te quise preocupar. No sabes cuánto te extrañé—me acaricia el rostro y me besa. No puedo creerle, o en realidad creo que no quiero creerle. --¿Sabes lo que pasó entre Gen y Becca? --Oh sí… Becca me llamó… llamó al celular de papá y estaba llorando mucho. Yo le aconsejé muchas veces, Joe, le decía que cuidara su relación con Gen ya que Gen es un gran chico, pero no sé por qué decidió hacer eso. --¿Hacer qué? --Pues engañar a Gen con ese tipo. En realidad ya sobreentendía que Becca le estaba siendo infiel a Gen con ese tipo de la kawasaki pero aún me seguía sorprendiendo. --Tina, ¿tú lo sabías? --Pues… en realidad lo sospechaba… pero nada con certeza, Joe. Becca siempre fue un poco envidiosa y mentirosa. --¿De verdad? ¿Por qué lo dices? --Siempre tuvo envidia de mí porque yo tenía muchas cosas y ella no. Mis padres me daban lujos y sus padres no son tan afortunados. Yo siempre salía con amigos y a ella la rechazaban y cuando se juntaban con Becca por lástima ella siempre hablaba pestes de mí diciendo cosas absurdas. Cuando sus padres iban a mi casa de Valencia ella siempre quería hacerme ver mal frente a todos. Nunca entendí la razón de que se comportara así. --¿Y cómo es que sigues siendo su amiga? --Es que… ella es la única amiga que tengo aquí en la SOM y en Barcelona… así que me refugié un poco en ella… Me sigue sorprendiendo lo zorra que ha podido llegar a ser Becca. Digo, sabía que era una zorra, e incluso pensé en coronarla como la reina de las zorras, pero no sabía que en verdad tendría las características para poseer con orgullo dicho nombre. --Becca ocultó muchas cosas. --Sí… --Muchas personas ocultan muchas cosas, pero todo siempre sale a luz. --Eso supongo… --Por cierto, la profesora Sandra Murray quiere hablar contigo, deberías ir a verla. --¿Me está buscando de nuevo? --¿De nuevo? --A Murray le fueron con el chisme de que yo estaba ayudando a Becca a escaparse de clases para ir a hacer cochinadas con ese tipo con el que engañaba a Gen. Ya le dije varias veces que yo no tengo nada que ver con Becca pero ella insiste, me tiene acosada, Joe. Creo que está obsesionada… como enamorada de mí… es muy extraño, amor, no debes hacerle caso. --¿Y quién querría involucrarte en eso con Becca? --Molly Viegas. --¡¿Molly?! ¿Cómo es que Molly quiere perjudicarte si ni siquiera se conocen? ¿o sí? --Claro que no la conozco, Joe. Pero sé que ustedes salieron, y ella sabe que nosotros nos gustamos y me quiere alejar de ti. ¿No te das cuenta que ella y Murray están contra mí? Ambas están locas, no debes prestarle atención. Me quedo en shock y siento que el dolor de cabeza vuelve. Quizás por eso Molly no me responde ni aparece, sabe lo que hizo y está temerosa de que se lo recrimine, pero… ¿Molly? ¿Molly mintiendo? ¿Cómo puede ser así de mentirosa la Molly que conocí en los bolos y que sabe filosofar con películas de Disney? --Tina, ¿Estás segura de todo eso? --Es así como te digo, amor, pero tú sabes que yo no estaría de acuerdo con esas cochinadas de Becca, ¿no, mi amor?—me besa nuevamente, y le correspondo el beso, aunque no siento nada… tengo la mente a mil por segundo. Después de clase Tina me dice para almorzar en el cafetín, me niego ya que no traje dinero y de repente se me ocurre una idea. Le digo que mejor vayamos a su casa y almorcemos allá para así conocer a sus padres. --No… no podemos ir a mi casa. --¿Por qué? --Porque no tengo llaves y debo esperar hasta la noche hasta que llegue papá y me abra la puerta con su llave. --¿Y por qué tú no tienes llave? --Sí tengo… tenía… pero las perdí… --¿Al igual que tu celular? --¡Exacto!—me dice-- ¿Y si mejor vamos a tu casa?—me dice acariciándome el cabello. Y aunque desconfío ahora de todos, le respondo: --Vamos. . Al llegar a mi casa buscaba propiciar un momento para decirle que fui hasta “su casa” y descubrí que en realidad no era su casa. Pero Tina hablaba de lo terrible de la clase de matemáticas y cómo los profesores en su antigua escuela eran menos estrictos con los trabajos evaluativos. Comimos arroz con pollo asado, en realidad solo pude comer un poco y Tina tampoco comió mucho. Al terminar Tina se ofreció a ayudarme a lavar la losa, mientras yo lavaba ella secaba. Pero cuando ya estaba lavando el último plato Tina se subió al mesón y me trajo hasta sí para besarme. Me rodea con sus brazos y abro paso a que su lengua entre en mi boca, siento sus manos debajo mi franela, me da un largo mordisco en el labio inferior que me hace gemir un poco. Rodea sus piernas en mi cintura y apresuradamente desabotono uno a uno su camisa. Me besa el cuello mientras mis manos pasean por su espalda y siento su cuerpo pegado al mío. Por un momento recuerdo cuando estuvimos hace algunas semanas en la playa y estábamos en esta misma posición, y pienso que esa Tina es totalmente diferente a la Tina que me está besando ahora. Ese día en la playa me sentí seguro, ahora me siento con inseguridades de las que antes no era víctima. Al pensar en eso me desanimo tanto que me aparto de Tina y me siento en la mesa del comedor. --¿Qué sucede, mi amor? Ni yo sé lo que sucede, debería tener sexo y después enfrentarla, pero no puedo, no puedo, no puedo. --Tina, ¿dónde vives? --¿Qué? --Te pregunté dónde vives, Tina. --Sí, escuché claro la primera vez, lo que no entiendo es a qué viene esa pregunta cuando la estábamos pasando tan bien hace un par de minutos. --Responde, por favor. --Vivo en la… la Calle San Diego—dice casi sin recordar el nombre. --¿En la C34-M3?—le digo mirándola fijamente. --Ehh… sí, mi amor ¿cómo sabes? --Porque anoche fui con Gen hasta tu casa. Pero resulta que tú no estabas allí. Mejor dicho, resulta que esa no es tu casa. --Joe… mi amor… ¿por qué fuiste hasta mi casa?—me dice asustada. --¡La que debe responder aquí eres tú, Tina! ¡¿O también es mentira que te llamas así?! --Joe, basta, ¿Quién te dijo que esa era mi dirección?—Tina ahora habla con voz temblorosa, tal vez ansiosa. --Lo saqué de la computadora de Pence, además no fui el único, el día anterior Murray también quiso saber tu información. --Aguarda, ¿la profesora Murray también quiso saber mi dirección? --Tina, por favor dime por qué me has mentido. ¿En qué estás metida? Dime si puedo ayudarte, por favor. --Me tengo que ir.—Toma sus cosas y se va.      
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