Solo una amiga

1276 Words
Se hicieron la 1:00p.m y fui a casa.  Descansé un poco, me duché y salí a mi turno en el “Tiempos de café”. Gen me pasa buscando y en 8 minutos hemos llegado al Angells Mall. El loco Patch nos saluda y de una vez nos manda a comenzar a trabajar. Esta jornada acaba a las 10:30p.m. Ya quiero salir y los minutos parecen pasar cada vez más lentos. Trato de no pensar en el tiempo y se hace cada vez más difícil. La verdad es que los lunes suelen ser muy aburridos aquí. El Angells Mall está casi que en silencio y hay muy poca afluencia de personas. Lo único que me alegra es que hay música, aunque no tenga ni puta idea de qué es lo que estás sonando. Pero no pienso cambiarla. No pienso siquiera acercarme al reproductor, no desde la vez que me distraje con Thinking Out Loud. Gen está hablando con alguien en la entrada, parece que está alzando un poco la voz, sin embargo no le doy mucha importancia ya que Gen siempre alza la voz. Cierra la puerta de cristal y lo veo con cara extrañada y solo se limita a decirme con señas que solo era un loco.  Sigo trabajando. Gen toma el control del reproductor de música y coloca una playlist de Juan Luis Guerra. Ahora “Tiempos de café” está ambientado con “Tus besos” y Gen está en la cocina bailando bachata con la escoba logrando sacarle carcajadas a todos. —¡Dios!—digo—pobre Gen, ha confundido a la pobre escoba con Becca. —Cállate Krump. Solo estás celoso porque no tienes con quien bailar bachata. —Tal vez—reímos.  Se hacen las 10:15p.m. y solo hay un par de personas tomando café en las mesas de afuera. Me siento a descansar un poco, saco mi celular y trato de terminar "Buscando a Alaska" pero suena la campana de la puerta y debo ir a atender a quien quiera que sea. Voy a la mesa de la chica que llegó y noto que la conozco. —¿Molly? —¡Joe! ¿Trabajas aquí? —Eh, sí ¿Tú qué haces aquí? ¿Y a estas horas? —También trabajo en el Angells Mall, ¿recuerdas? ¿Los bolos? —Oh, sí, cierto. —Sí, y bueno, acaba de terminar mi jornada. —Yo estoy a punto de acabar la mía. —¡Genial! Así podré compensarte el café de la mañana. —Eh, es que... —Ay no, Joe. No dejará que me tome el café sola, por favor. Además un café nunca se puede negar. Reímos. —Bueno, en eso tienes mucha razón—miro el reloj y son las 10:28p.m.—. Espera, iré a quitarme el delantal. —Te espero—me dice sonriendo. Me quito el delantal. Antes de cualquier otra cosa corro al baño porque me hago pipí. Gen también está en el baño peinándose su ridículo cabello ondulado y está cantando "Despacito" mientras lo hace. Entro rápidamente y bajo la cremallera de mi pantalón. Estoy relajado orinando cuando de repente el idiota de Gen patea la puerta logrando asustarme y hacer que accidentalmente la pipís salpique a diferentes direcciones y moje mi pantalón. Grito y corro al espejo notando tras el reflejo que toda la parte de la cremallera se mojó. Gen ríe.  —Parece que has tenido un accidente, Joe. Tranquilo, suele pasar mucho—ríe con fuerza. —Cállate—le espeto enojado. Llevo mis manos a la cabeza sin saber qué hacer. Tomo una toalla y la froto en el pantalón. Me desespero. Me miro al espejo y corro. Me asomo a ver a Molly y la noto que está esperando mientras mira su reloj. Corro nuevamente al baño. Tomo de nuevo el delantal y me lo coloco. —Ya volví. —Pensé que habías dicho que te ibas a quitar el delantal. —Síiii, bueno... ¿Qué cuentas de nuevo, Molly Viegas?— me siento. —Pues nada, la verdad. Aparte de que tuve que salir corriendo de la SOM hasta acá para llegar a tiempo y que acabo de terminar una estresante jornada, nada más que quieras oír.  Gen nos trae dos grandes tazas de café y me hace señas raras detrás de Molly. —¿Te gusta mucho el café, eh? —Cómo no. El café es un deleite inexplicable. Es como si la felicidad que nunca llegaras a sentir estuviera en una taza. —Poético—me responde—. Mi mamá dice que me quedaré sin neuronas si sigo tomándolo como si fuera agua. —Puede ser, pero entonces tus neuronas morirían feliz—reímos. —¿De dónde eres, Joe? —De aquí de Barcelona ¿Y tú? —Igual, por desgracia... —Oye, ¿porqué lo dices así? ¿Tanto odias la ciudad? —No la odio. Solo que hubiese preferido nacer en... no sé... Singapur, Suecia—ríe—. O bueno, cualquier otro país de primer mundo. Siempre he querido salir de aquí.  Toda mi familia es venezolana así que está algo difícil el cumplimiento de mis sueños. Es la frustración de mi vida—dice casi cantando. —Si te sirve de algo, también me pasa igual. Eso de salir, viajar y andar de aventurero solo pasa en mis más remotas fantasías cuando leo "Buscando a Alaska" o "Ciudades de papel". —¡Sí! ¡Exacto! Tal vez no podamos aventurar, pero los libros logran que nuestra imaginación vaya a donde sea. Reímos. —Tienes ojos color sol–le digo. —Y tú lo tienes café. Lo que no sé es si son café amargo o café dulce—ríe. Nos quedamos mirando en silencio por unos segundos. Ella sonríe y se muerde el labio inferior. Tiene el cabello rubio amarrado a una cola y hay algunos cabellos rebeldes que le dan en la cara.  —Eres muy divertido, Joe. Ojalá que podamos volver a repetir el café y la charla. —Estoy de acuerdo. Nunca te negaría un café. Nos despedimos y se va ella primero. Voy rápido a la cocina, me quito el delantal y noto que aún el pantalón sigue algo húmedo. —¿Quién era?—pregunta Gen. —¿Quién era quién? —No te hagas el idiota. ¿Quién era la chica sexy con la que hablabas? —Es Molly, una amiga. —¿Solo una amiga? ¿Desde cuándo tienes amigas? O mejor dicho ¿Desde cuándo tienes amigas sexys? —Tengo muchas amigas sexys. —¿Sí? Nómbrame una. —Ok, basta Gen. No tengo que darte la lista de todas mis amigas sexys. —No me la tienes que dar porque no existe.  —Deja de fastidiarme—reímos. —Es más fácil creer que Maduro se maduró el bigote a creer que tienes amigas sexys como esa rubia. —Shhhh-le espeto a Gen—no digas ese nombre, idiota. Si te llegara a escuchar el loco Patch te mata–volvemos a reír. —Como sea. Ya Becca me está llamando, debe ser que está afuera esperándome. —¿Esperándote? ¿A esta hora? —Sí, le prestaré el auto. —¿Le prestarás tu auto? Definitivamente esa mujer te está controlando toda la vida. —Solo le estoy prestando mi auto por primera vez. No significa que me esté controlando. Dijo que haría algo con unas amigas y me rogó que se lo prestara. —Ya déjala, gordo. —La dejaré cuando se vaya Maduro... perdón, digo, cuando se vaya el innombrable—reímos.
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