Llego al colegio y quedo a las afueras debajo de los frondosos árboles que decoran el frente de la SOM para esperar a Tina.
Comienzan a llegar chicos, chicas, profesores y todo el personal. No hay mucha población estudiantil asistente, eso pasa siempre en los primeros días de clases. Hoy empieza el segundo trimestre del año y, como siempre, la mayoría decide faltar. Gen llega con su padre, baja del auto y saluda.
— Es raro que no haya llegado con Becca—digo.
—Anoche se quedó a dormir en casa de una amiga y se vendría al cole con ella. ¿Tú qué haces aquí? ¿No estarás esperando a alguien? ¿o sí?
—Eh, no. Tal vez—Gen me mira confundido—. Ok, sí, solo estoy esperando a...
—Hola chicos—Ha llegado Tina junto a Becca.
—Hola—digo.
—Bueno, ¿no piensan entrar?—dice la odiosa de Becca tomando a Gen de la mano y pasando el umbral principal.
—Estoy algo nerviosa—me dice Tina con voz ansiosa.
—Lo sé, pero no tienes porqué. Yo estaré contigo—ella se limita a sonreír y ahora sí entramos.
Vemos que chicos van y vienen por los pasillos. La SOM resulta ser más grande de lo que aparenta por fuera. Tiene pasillos largos y anchos que se cruzan con otros largos pasillos. En los principales se encuentra el despacho de profesores, la dirección y al final una especie de jardín con varios arbustos y trinitarios que siempre están rociados. A la derecha de dicho jardín está el pasillo que da al cafetín y seguido está la biblioteca, algunas aulas de clase y posterior a ellos se encuentran las escaleras que dan a los pisos superiores donde están las aulas más grandes donde solemos ver clases los de último año.
Tina está encantada con la SOM, le gusta mucho el cafetín y la estructura de la SOM. Le presento a algunos amigos y se ve que está menos nerviosa que hace algunos minutos. Tina les ha caído bien a todos.
Suena la campana para entrar a clases.
—¡Oh Dios mío!—exclama Tina asustada— ¿Sabes cuál clase nos toca?
—Claro—río—. Ya deja de asustarte, el colegio no te comerá... No aún—aún vuelvo a reír y ella solo me mira con seriedad y luego también ríe.
Nos vamos camino al salón que queda en la primera planta alta de la SOM.
Entramos, nos sentamos y notamos que Gen y Becca ya están sentado por detrás de nosotros que nos sentamos a mediados de los asientos del salón del lado derecho donde está la ventana, yo me siento delante de Tina. Ya la mayoría de los asientos están ocupados. Son alrededor de 30 chicos más o menos.
Es mi quinto año en esta secundaria, y gracias a Dios que también es el último. Sin embargo, me siento como nuevo porque con los que menos trato son con los de mi clase y ellos tampoco me tratan a mí salvo la vez que fui novio de Rylie Peace en tercer año. Rylie era muy hermosa, todos en la SOM la conocían por su resplandeciente belleza, era modelo y por consiguiente todos los chicos querían con ella. Conocí a Rylie cuando empecé a trabajar en el "Tiempos de café" y ya ella llevaba un par de meses trabajando allí.
Cuando vi que semejante hermosura pasaría más de 5 horas conmigo me puse tan nervioso que las manos me sudaban y todo me salía mal. Siempre me pasa eso y lo odio porque me hace sentir de lo más estúpido.
Rylie para mí era totalmente inalcanzable, ella me trataba con mucha amabilidad, su personalidad era lo que la hacía ver aún más hermosa. Y no solo la sentía inalcanzable por ser extremadamente hermosa, sino porque dicho sea de paso era un año mayor que yo. Ella estaba en 4to año. Sin embargo, hubo un día en el que Rylie estaba trabajando sin fuerzas y aún el loco Patch lo notó y la regañó medianamente. Era mi segunda semana trabajando y solo nos hablábamos de "Hola" y "Adiós", pero ese día me sentí tan mal por ella que tomé la osadía de invitarla a tomarse un café conmigo después de nuestro turno por si necesitara hablar con alguien. Ella accedió, a pesar de que quizá no entendiera muy bien porqué le hablaba como tartamudo (producto de mis nervios). Pasado nuestro turno nos sentamos y al principio no hallaba qué decir. Trataba de comportarme lo más relajado posible. Noté que de su bolso sobresalía un libro y le pregunté cuál era. Ella sonrió entusiasmada, sacó el libro y lo colocó en la mesa, era un ejemplar de "A orillas del río piedra me senté y lloré" de Paulo Coelho. Me sorprendí mucho pues ese es uno de mis libros favoritos. Ella era fiel lectora y amante de los libros de Coelho. Poco a poco nos conocimos, intercambiando libros, yendo un poco al cine. Le pude tomar bastante confianza y más tarde (motivado por Gen) le pedí que fuese mi novia. Fue un día que nunca olvidaré porque la luna estaba en cuarto creciente y aunque me digan supersticioso creo que la luna causa algún efecto mágico o espiritual en toda la tierra. Las mejores decisiones siempre las tomo en luna creciente. Ese día Rylie me dio el sí más perfecto que buscaba. Ese día Joe Krump ya no estaba soltero, aunque después no tenía ni idea de cómo era ser un novio, pero Rylie fue muy dulce y me supo sobrellevar, creo que eso no pasa en muchas relaciones. Todo el colegio se enteró de que en la SOM había un chico llamado Joe que cursaba allí desde hacía 3 años y que ahora era el novio oficial de Rylie Peace. Para mi mala suerte, Rylie fue seleccionada para una gira de 10 meses por Europa como modelo de una cadena de vestidos muy famosa y me terminó con la muy típica pero justificada excusa de que por la distancia no funcionaría.
La verdad que no me deprimí, sí me dolió que se fuera, pero no me entristeció mucho lo de nuestra relación. Sí la quise mucho, pero era una relación que parecía más de amigos que de novios. Algo loco.
.El reloj da las 7:30a.m. y entra una mujer alta de cabello marrón rojizo con varios libros en las manos. Debe ser una profesora nueva ya que nunca la había visto. Parece de 35 años aproximadamente. La verdad es una profesora sexy. Gen con los labios me dice "Yeah" y solo me limito a sonreír.
—Buenos días—anuncia la profesora para que todos le respondamos "buenos días". Lo hacemos y ella prosigue a presentarse.—. Soy la profesora Sandra Murray y durante todo el año escolar que queda estaré siendo su psicólogo académico y también su profesora de biología—Se sienta inclinadamente al escritorio—. Estaré pasando la asistencia y quiero que al decir su nombre se levanten para poder conocerlos.
La profesora comienza a llamar. Odio que hagan esto. Noto a Tina algo tensa y entiendo su nerviosismo al tener que levantarse y que todos la estén mirando. Es tierno verla así nerviosa.
—Joe Krump—dice la profesora.
Me levanto, digo "presente" e inmediatamente me vuelvo a sentar. Segundo posteriores dice "Tina Shun".
Tina se levanta con la mirada al piso, dice "presente" y se vuelve a sentar.
—¿Tina Shun?—dice la profesora y mira fijamente a Tina— ¿Ya te conocía de algún otro lado?
—¿Cómo? Eh... no creo, la verdad—se pone aún más nerviosa.
—¿Segura?
—Profesora, ella es nueva y la está asustando—interviene Becca— ¿no ve que está nerviosa? porque es nueva no solo en el colegio, sino que también es nueva en la ciudad. Es obvio que no la conoce.
Tina parece que está sudando.
—Lo siento— se disculpa la profesora después de unos segundos y sigue pasando la lista.
Culmina la clase y nos vamos al cafetín. Llegamos y casi todas las mesas están ocupadas. Encontramos una totalmente sola en la parte de atrás. Me siento y Tina me sigue. Luego Becca y Gen también se sientan. Nos disponemos a comer panes rellenos de jamón y queso, "cachitos" le llamamos aquí. Tina no sabe ni pedo lo que está comiendo pues yo se lo he comprado junto a un refresco.
—¿No comen cachitos en la ciudad de dónde vienes?
—Ehm, no. Bueno, yo no lo había probado—ríe—pero—toma un gran bocado— la verdad es que está muy muy bueno.
—¿Dónde vivías antes? —le pregunto.
—En Valencia, estado Carabobo.
—¿Y por qué te mudas a Barcelona?
—Eh, bueno— hace una pequeña pausa—, como sabrás... la situación del país ha afectado mucho a Valencia. Casi no se consiguen los alimentos y productos de primera necesidad, y si por suerte llegaras a conseguir sería en el mercado n***o a un precio exorbitante. Mi mamá es maestra de educación básica y el salario que le da el Estado no alcanza para mucho... en realidad no alcanza para nada. Mi papá se encarga ahora de una panadería que el abuelo le heredó puesto que hace meses murió y él vivía aquí y tenía su negocio bien asentado en esta ciudad. El negocio de la panadería genera mayor ingreso así que decidimos mudarnos para acá.
—Vaya—Me quedo sin palabras. Cada día escucho de personas que pasan por lo mismo y me deprime un poco ver que las personas deben dejar su ciudad, y la mayoría dejan el país—. Bueno, no es que la situación país no afecte a Barcelona, pero por lo menos hay mayor abastecimiento.
—Pues sí, aunque ha sido difícil separarme de toda una vida en mi ciudad.
—Bueno ya basta de lloriqueos y sentimentalismos—dice Becca–. Alguien vaya por una galleta o algo así.
—Iré por un café—me levanto–. ¿Quieres uno, Tina?
—No, gracias, Joe. No me gusta el café.
Me quedo paralizado al escuchar que a una persona no le gusta el café. Eso en verdad me sorprende. ¿Cómo diablos no le puede gustar el café a alguien? Es como si no le gustara respirar. Pero ni modo. No se le puede obligar a alguien a que le guste el café. La felicidad no se obliga.
Me dirijo a comprar mi café y noto de reojo que una chica está a mi lado y está buscando algo en su bolso. Escucho que le faltan 20bs para que pueda comprar un café, y yo, generosamente le extiendo un billete de 50bs.
—Oye, tranquila—le digo—, yo te los puedo dar.
—Oh, no sabes cuánto te lo agradezco—toma el billete y mientras lo hace se me queda mirando y siento como si la conociera. Quizá haya estudiado con ella o tal vez vivía cerca de mi casa. Trato de recordarla, pero el precoz Alzheimer me paraliza.
—Eh, ¿te conozco de algún lado?
—No lo sé—arrastra las palabras y me ve fijamente— ¡Clarooo!—exclama— Eres el chico que estuvo hace varios días en los bolos ¿recuerdas? Me estabas ayudando y nos caímos—ríe.
—Cómo no lo voy a recordar si aún me duele la espalda—río—. No sabía que estudiaba aquí.
—En realidad soy nueva. Estaba en otro colegio, pero la verdad nunca encajé. Soy Molly Viegas, por cierto. Eres Joe ¿no?
—Sí—digo sorprendido—, es impresionante que lo recuerdes.
—Lo sé—ríe— tengo memoria fotográfica.
Tomo el café que compré y ella también toma el suyo.
—Si quieres puedes venir a mi mesa— me dice.
—Me gustaría, pero ya mis amigos me están esperando, pero si quieres mañana...
—Tranquilo, Joe, entiendo, de veras. Podría ser en otra ocasión—sonríe—. Adiós.
Molly se da vuelta y se va. No sé molestó ni se incomodó. Pero la verdad que yo sí. Pruebo mi café y vuelvo a la mesa con los chicos.