Me levanto de mi cama agotada, la charla con Romy no me dejo tranquila, yo sabía que aquello no iba a ser bueno, sabia que las cosas no, nuestra familia no tiene esa suerte, jamás la ha tenido.
April descansa sobre la cama, su trompita resalta justo debajo de su nariz, su cabello ha crecido más, ahora ya no era rubio, sino castaño con pequeños reflejos dorados, el verde de sus ojos se mantenía y su sonrisa llenaba la casa de vida, al igual que lo hacían los hijos de Emmet.
Emmet era lo único que me recordaba que lo vivido dos meses atrás era cierto, su presencia me decía que no estaba loca, que el tiroteo sucedió, que Teresa murió, que Liam nos mintió y por sobre todas las cosas que yo mate a mi padre.
Ibra en ocasiones lo llamaba, él fue el encargado de tapar la muerte de Aric, todos creímos que Liam me delataría, pero solo acepto la versión de su amigo, dijo que fue él cuando vio que mi padre estaba dispuesto a matarlo, fue lo último que supe de él.
Tomo a mi hija entre mis brazos y abandono la habitación, mi nueva casa es un sueño, parece una casa de campo gigante, los pisos de baldosa, paredes blancas y en tonos tierras, el predio cuenta de ciento veinte hectáreas, el pasto verde se expande a lo largo dejando un paisaje de en sueño, la arquitectura estilo italiana antigua, con algunas adaptaciones de América, una gran piscina se encuentra en la parte trasera de la casa, también hay churrasquera y mesas donde comer.
En el sector izquierdo está la casa de Emmet, su mujer ahora es la cocinera oficial de casa, su hija está inscripta en un colegio que encontré, Emmet es mi guardia principal, sus horarios son más flexibles y tiene a cargo a todos los que trabajan aquí.
- Buenos tardes Sam – Clarissa me sonrió desde la mesa.
La mujer de Emmet era una autentica belleza, piel canela, ojos cafés, cabello lleno de rulos. Su cuerpo era algo envidiable, curvas perfectas, sonrisa radiante.
- Buenos días Clari – sonreí - ¿Dónde esta Camila? – busqué a la pequeña.
- Vino Lourdes con la pequeña Martina – mira al patio – Te está esperando – afirmo.
- ¿Por qué no vienes con nosotras? – busco el carrito para dejar a April – Sera charla de mujeres.
- Traeré bebida y algo de comer y voy – me guiño el ojo.
Salgo al patio, Clarissa es más que una empleada, ellos se han vuelto mi familia, mi trato con ellos era familiar, almorzábamos juntos, compartíamos algunos almuerzos los fines de semana, aunque otros ellos salían, ya que tenían sábado y domingo libre, en ocasiones me invitaban, pero yo me negaba quería que ellos pasaran tiempo juntos, sin mi amargura, sin mis dramas.
- Hola – Lourdes me observa.
- ¿Qué tal las llamadas? – subo mis hombros y suspiro.
- Lo mismo de siempre – observo como Martina y Camila juegan juntas.
- Sabes, cuando volviste tenía la sensación de que ibas a estar mejor, más feliz, pero – deja de hablar y la miro – Estas más rota Sam, no eres tú, es como si la vida te hubiera dejado, peor que cuando Julián murió – muerdo mi labio.
- No tengo como estar bien, Edel está en la cárcel – miro a mi hija – Liam me esta buscando, Giovanni no contesta mis llamadas, Susan tiene que estar del otro lado del mundo escondiéndose – suspiro – Y Brant…
- Brant está bien – la miro - ¿No es lo que importa? – afirmo – Ahora está tranquilo, es mejor así.
- No pensé que con esto perdería todos – ladeo mi rostro – Solo quería deshacerme de Aric, ahora que no está… - dejo la frase sin terminar.
- Nada mejoro – subo mis hombros.
- Te dijimos que no te ayudaría el matarlo – la interrumpo.
- Si me ayudo, creo que eso es lo que me molesta, siento satisfacción, no tengo remordimiento, así que supongo que tenía razón – nuestros ojos se encuentran – Soy igual que él, todo lo somos, todos hemos matado a alguien.
- Hay una diferencia entre tu y él – Clarissa se sienta a mi lado – Tu no eres mala Samantha, eres caritativa, piensas en el otro y te gusta ayudar, tu padre no era así, no le interesaba matar por matar, así que, tú no eres él – sonrió.
- Necesito hablar con mi hermano – murmuro.
- Sabes que eso es peligroso, Giovanni te dijo que tenía que ser como si no existiera – suspiro.
- Tengo una sensación, tengo la idea de qué… - mi teléfono suena cortando mis palabras.
Observo la pantalla, el número de Gio aparece, mi corazón se para para luego comenzar a latir desenfrenado, me levanto de golpe captando la atención de las chicas, me alejo unos pasos de ellas, justo hasta el ventanal que me permite el ingreso a la casa.
- Hola – murmure, me parecía irreal que me llamase.
- Samantha – la voz de Jon inundo mis oídos.
- Jon – respondí desganada - ¿Qué puedo hacer por ti?
- Lo siento, se que no esperabas que yo te llamase – cruce mis brazos – Solo necesito saber cómo están.
- Vienes por el reporte semanal – mi tono es mordaz – Pues dile a tu jefe que si quiere saber como estoy, que se digne a llamarme él, desde hoy no contesto más su llamadas – aleje el teléfono.
- Samantha – grito Joe – Por favor, sabes que es por una buena causa – mi sangre hirvió.
- A partir de ahora estoy muerta Joe, super muerta – colgué la llama.
Mi teléfono sonó una y otra vez, estaba loco si pensaba que seguiría con esto, llevaba meses tratando de hablar con él, pero eso no le importo, no intento que habláramos en ningún momento, solo desapareció del panorama después de dejarme en mi departamento.
Supe que estuvo internado de gravedad, llamaba todos los días para saber como estaba, para tener alguna información de su progreso, de las lesiones que dejo aquellos disparos, fue Joe quien me mantuvo informada, hasta que un día solo dijo que dejara de llamar.
No comprendía que pasa, no entendía nada de lo que ocurría cuando me corto, trate de hablar con Joe nuevamente, lo llame, pero solo recibí el buzón de voz, por días solo había un buzón de voz y deje de intentar.
Los sueños volvieron, los recuerdos me atormentaron por días, en algunas ocasiones me desmaye, en otras simplemente entraba en una crisis de nervios y luego me acostumbre, pero no iba a estar conforme con eso, porque para cuando me acostumbre, Joe volvió a llamar, lo hacia una vez por semana para preguntar como estaba, solo eran cinco minutos de conversación, luego desaparecía por días.
Marque a Emmet, no sabía donde se encontraba, capaz que simplemente en su casa, pero necesitaba que mis indicaciones fueran cumplidas a la de ya.
- Sam – su voz sonaba ronca.
- Perdón te desperté – hice una mueca.
- No hay problemas – lo escucho quejarse - ¿Vamos a salir?
- No, solo quiero que informes que nadie puede darle información mía a Giovanni o Joe – se quedó callado – A partir de ahora estoy muerta.
- Por dios Samantha – ruedo los ojos – Estas enojada, creo que… - le corto.
- Joder Emmet, el manda a su puto guardaespaldas a llamarme, me ignora por meses y luego de la nada quiere saber de mí – estoy furiosa – No quiero que sepa nada de mí, son una hoja en blanco a partir de ahora – Clarissa y Lourdes se acerca.
- Esta bien, ahora pasare la información – suspira - ¿Quieres ir al club?
- ¿Voy a poder patear tu trasero? – lo escucho reír.
- Solo el primer round – chasqueo la lengua.
- Veremos.
Corto la llamada y giro para encontrarme con ellas, mi teléfono vuelve a sonar, miro la pantalla, ahora es otro número el que llama, pero sé que es él. Lo dejo sonar, se acabó, no soy saco de boxeo de nadie, él quiere que desaparezca de su vida, eso haré.
- Será como si nunca hubiera existido – murmure – Voy a buscar un número nuevo.
- Yo me encargo – mi amiga hace una mueca - ¿Estás segura?
Nunca estuve tan segura en mi vida