3. Llamadas que lo cambian todo

1309 Words
Camino a paso decidido, nos encontramos en el gimnasio que era de Juliá y ahora me pertenece, los profesores me saludan mientras paso, las baldosas rojas desgastadas suenan con mis zapatillas, las paredes blancas están cubiertas en algunos sectores por poster referidos al deporte. Lo he mejorado con el paso del tiempo, maquinas para ejercitarse nuevas, arregle el cuadrilátero y los sacos de boxeo, contrate más personal y la sala de tiro cuenta con armas nuevas. Se ha pintado y mantenido todo en perfectas condiciones. La parte de arriba que correspondía a su departamento, ahora es una sala para hacer yoga y pilates, las clases de defensa personal se dan en el sector izquierdo del salón, justo antes de salir al patio interno, aquel que todavía conserva la pérgola y que ahora tiene un quincho con parrilla para celebrar algún evento con el personal. Me pongo cómoda y coloco los guantes en mi mano, Emmet me observa del otro lado esperando, lleva solo una remera blanca y jogging, su arma descansa en un esquina justo debajo de su campera, no importa donde vayamos él siempre la lleva consigo.   -          ¿Lista Samantha? – afirmo – Veamos cuanto enojo tiene ese cuerpo esta vez. -          Solo trata de no magullarme como la última vez – levanta una ceja y cruza sus brazos por el pecho. -          Eres muy llorona – junto mis cejas ofendida. -          Me dejaste un moretón – le recuerdo. -          Hay que aprovechar cuando el jefe te deja patear su trasero – levanto mis cejas. -          Ey, soy buena jefa – hace una mueca - ¿Soy mala jefa? – consulto preocupada. -          Para nada, eres la mejor jefa que he tenido, prácticamente nos tratas como si fuéramos tu familia. -          Son mi familia – sonríe. -          Y tú la nuestra – golpea sus puños – Así que ahora, descargaremos ese enojo – afirmo. -          Es un idiota – me quejo. -          Lo es, pero debe haber un motivo – ruedo los ojos y coloco el protector bucal.   Empezamos tranquilos, pequeños toques, con Emmet he mejorado muchísimo mis reflejos y golpes, aunque si me toca un hombre como él estaría completamente perdida, el sujeto tiene ciento veinte kilos de puro músculos, algo que me complica las cosas a la hora de derribarlo, pero aun así lo intento. Mi puño se implanta por debajo de su costilla provocando una queja de su parte, se que no fue buena idea cuando me devuelve el golpe y me quejo, él siempre me toma como un igual, me golpea como un igual y sé que la mayoría de las personas de aquí disfrutan ver eso, porque siempre se colocan a nuestro alrededor. Emmet me sigue atacando, golpe, esquivo, golpe. No puedo dejar de moverme mientras intento devolverle algo, mi mente parece una película en repetición, aparece todo lo ocurrido en los últimos meses y años, mamá, Julián, mi bebé, el auto, Brant colgado, el disparo, Vladimir, Aric, él siendo mi escudo, Aric, Liam, más disparos, los recuerdos, nuestro beso, Liam, Aric. Mi vista se nubla, todo se vuelve rojo, los oídos me pitan mientras las imágenes siguen invadiendo todo mi sistemas, sus palabras, las verdades a medias, mi mentiras, mis hermanos, los chicos, golpeo una y otra vez, no pienso, solo golpeo, puño, esquivo, puño, esquivo, puño. Los ojos me arden, hasta que un grito ahogado abandona mi boca, unos brazos me rodean fuerte, trato de salirme, pero me aferran mientras su mano acaricia mi cabeza, me quedo quieta y me permito llorar, por primera vez desde que volví me permito llorar.   -          Tardaste mucho – Emmet me aleja – Déjalo salir Sam, solo deja que llegue.   Mi cabeza se hunde en su pecho, el silencio reina el lugar y no quiero mirar para ver si saben lo patética que me veo en este momento, no quiero que me vean destrozada por dentro, no quiero que sepan cuanto me duele cada uno de estos momentos, porque eso me haría débil y es lo que esperaban de mí, quieren tenerme débil para atacar, era la razón por la que todos nos separamos, era la causa de que tuviera doscientos hombres a mi cargo, Aric estaba muerto, pero el peligro no.   -          ¿Estás mejor? – moví mi cabeza. -          Estoy mejor – sonreí mientras limpiaba mi rostro – Gracias – me guiño el ojo. -          Para eso estamos – miro a todos lados – Ahora volvamos a casa, April debe querer a su mamá y Reed se preguntará dónde estás. -          Esta muy alterado últimamente – suspiro y bajo del ring. -          Solo tiene miedo por ti – lo miro – Liam está buscándote, él lo sabe, Romy se lo dijo, no lo quiere cerca de ti, además le preocupa la persona que quiere adoptarla – hago una mueca. -          Tampoco confío – tomo mi saco - ¿Puedes averiguar algo? -          Estoy en ello, pero me resulta un poco difícil al tratar de ocultar nuestra ubicación – pasa la mano por su pelo – Unos hombres fueron a tu antiguo departamento – me freno. -          ¿Qué? – mira a todos -          Hablemos en el auto – lo sigo.   Ambos caminamos como si nada hubiera pasado, ninguno demuestra nada aunque mi piel se encuentra erizada y mi sistema alerta, en este momento desearía tener un arma por las dudas, sabía que era capaz de matar de ser necesario, ya lo comprobé y no lo dudaría si eso salvaría a mi familia. -          Habla – mi voz sonó dura y seca. -          Volvió el ogro – junto mis cejas y él rueda los ojos – Mis hombres merodean por tu antigua vivienda, el portero les informo que vinieron algunos hombres de traje preguntando por ti, no le dieron muchos datos, dijeron que estaban interesados en tus servicios de organizadora, pero no encontraron la empresa – me mira – Claramente es mentira, solo no saben el nombre de la compañía – afirmo. – En fin, les dijo que no los podía ayudar, ya que ustedes eran muy reservadas y que no te había visto desde que te fuiste a EEUU. -          ¿Estamos seguros de que fue lo que les dijo? – hace una mueca. -          No lo suficiente, pero le pagamos una plata considerable por su silencio y la versión, su hijo estudia gracias a ti – muevo mi cabeza. -          Espero sea suficiente – suspira. -          Trato de que sí, pero sabes cómo es esto – miro a la ventana. -          Una mierda – murmuro. -          Lo sé, pero hay que mantenerlos a salvos – bufo – Quizás Gio sabe algo y por eso se mantiene a raya – giro para verlo. -          No me interesa, así tenga la clave para la fortuna eterna, se va a joder -  suelta una carcajada. -          Pobre hombre lo que le espera – niega divertido. -          Me abandono – aquello sale con más dolor del que pretendía. -          No lo hizo, incluso cuando tu lo abandonaste él se quedo en las sombras, quizás hay una nueva causa – dejo de mirarlo y me celular suena. -          ¿Quién es? -          Susan – murmuro antes de atender. >> Samantha: Susan ¿todo bien? >>Susan: Nos descubrieron – mi mundo se paralizo – Sam, estamos en el escondite, ellos están por todos lados, yo… - dejo de hablar. >> Samantha: ¡Susan! ¡Susan! – mire la pantalla del teléfono para ver que la llamada se cortó. -          ¿Qué ocurre? – Emmet acelera el auto - ¡Sam! ¿Qué pasa? – muevo mi rostro. -          Los encontraron – mis ojos se aguaron – Alguien los encontró, tengo que viajar Emmet, tengo que buscar a mi cuñada y sobrino – el nudo en mi garganta aumenta – Tengo que traer a mi hermano a casa.
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