5. Visitas y noticias

1366 Words
La luz de la ciudad se colaba por el gran ventanal de vidrio, los autos en Europa pasaban mucho menos acelerados que América, quizás hasta pareciera que pasearan, aquí la vida era más tranquila, más llevadera, uno se tomaba su tiempo, su espacio, disfrutaba del momento, era algo a lo que me costaba todavía acostumbrarme, pues a pesar de mi corto tiempo con mi familia, me acostumbre a moverme a su ritmo, a dormir poco y pensar mucho, a estar atenta. Ahora por ejemplo repasaba toda mi oficina, cuatro paredes de material conciso en tonos blancos, una completamente de cristal, dando un panorama de la ciudad y algunos edificios, el escritorio de cristal dejaba ver mi pantalón n***o y mis stilettos rojos, un sillón de cuero n***o y almohadones color hueso frente a mí con una mesa ratonera de madera laqueada en el centro. Mi cafetera descansa en una de las paredes encima de una barra de madera junto con unas banquetas en tono café, un lugar muy delicado, serio, listo para hacer negocios, para ser aquello que las personas quieren ver, porque la vida de trata de eso, apariencias. Mi celular no ha parado de sonar desde que decidí dejar de dar mi parte diario, la pantalla decía Giovanni, pero yo sabía que él no era quien llamaba, él ya no lo hacia y yo debía aceptarlo, aunque eso significara un sinfín de dudas en mi sistema, lo nuestro ya no iba a ser posible. Ahora me encontraba en mi oficina mientras todos realizaban alguna actividad especifica para traer a Susan a casa, no tenía opción a participación, solo me informaba mientras Reed trabajaba con ellos en lo que supongo era logística. No me hacia gracia que mi hijo se metiera en estas cosas, ni mucho menos me sentía orgullosa por eso, para esto no quería una familia, yo los quería a ellos para amarnos, pasar tiempos juntos en un ambiente sano, no quería que Reed se involucrara en nada de esto, mafias, armas, peleas. Ahora quería aprender a disparar, tenía que enseñarles a pensar como nosotros, a analizar como un delincuente, porque la realidad es que yo sabía cómo era eso. El teléfono de mi oficina comenzó a sonar, suspire frustrada y tome el aparato. -          Sí – mi tono de voz fue agrio y nada amigable. -          Perdón que la moleste señorita Schroeder, aquí hay un hombre que insiste en verle y se niega a irse – suspiro y luego respiro profundo. -          ¿Dijo quién es? – el silencio del otro lado me dio mi respuesta - ¿Te esta amenazando? – Tamara tocio. -          No para nada señorita – parecía nerviosa – Es solo que esta invadiendo mi espacio personal tratando de escuchar lo que me dice – junte mis cejas. -          ¿Te esta tocando? -          No, por dios, solo es – bajo el tono de voz – Algo incomodo. -          Okey hazlo pasar – busque el arma en mi bolso y la coloque en mi bléiser rojo.   Los pasos de unos zapatos se escucharon del otro lado antes de que la puerta se abriera mostrando a alguien que conocía muy bien, su rostro anguloso, mandíbula llena de vellos, ojos acaramelados, sonrisa radiante y dos hoyuelos característicos de él. -          ¿Ahora acosas secretarias? – me levante con una sonrisa. -          Si eso hace que me atiendas, puede que sea mi nuevo hobby – rodé mis ojos – Bellísima como siempre Samantha. -          Todo un galán Paolo – abro mis brazos para recibirlo.   Paolo era un viejo amigo de aquí, estudiamos juntos en la universidad, éramos algo así como amigos inseparables, en un principio creí que era gay, luego cuando llego con una chica a mi casa todo cambio, a partir de ese momento no anduve más con pantalones super cortos delante de él y mucho menos con remeras que dejaban ver mis senos. Quise molerlo a golpes, aunque él solo se reía de mí, desde su perspectiva solo eran pechos y cola, desde la mía se había aprovechado para ver más de la cuenta, aunque nunca se propaso y mucho menos insinuó algo no debido con respecto a ello.   -          Me tuve que enterar por terceros que estabas nuevamente en la ciudad – ambos nos sentamos. -          No es algo para cantar a los cuatro vientos – subo mis hombros – Ya sabes, si volví es por que las cosas salieron como quise o fue peor de lo que pensaba – ladeo su rostro. -          Entonces – su pierna se cruzo sobre la otra – Salió como querías o peor de lo que pensabas – tome aire.   Paolo traía un traje de sin saco, solo llevaba el pantalón azul Francia con cinturón marrón oscuro, camisa blanca y corbatín a juego con el pantalón, sus zapatos de diseñador italiano le daban el toque que necesitaba para desarmar a las mujeres. No era algo que se podía negar, era apuesto y él lo sabía, su cabello oscuro corto, los tatuajes, dientes blancos como el marfil, labios carnosos. -          Sam – volví a la realidad - ¿Estoy lindo? – ruedo los ojos -          Estas lindo – le guiño un ojo. -          Lo sé – me devuelve el guiño – Podemos intentarlo, si quieres – abro mi boca y la cierro – Mejor no conteste, ya me lo dirás con el tiempo. -          Paolo yo… - me quede en silencio un momento – Tu sabes qué… -          Julián – afirmo - ¿Cómo llevas eso? -          Lo extraño en ocasiones, pero lo he superado – lo miro – No es por Julián, es un ciclo que estoy cerrando, él ya no está, no volverá, es solo que ahora recuerdo todo y Paolo – sus ojos se centraron en los míos – No soy buena para ti. -          Creo que eso es algo que tengo que decidir yo – niego divertida - ¿Cuántos años de amistad llevamos? ¿quince? -          Algo así – analizo las fechas – Pero de igual manera, no podemos, mi vida es un caos, mi familia no es lo que se considera normal y que estés conmigo solo traerá muerte a tu vida. – junto sus cejas. -          Demasiado dramática – negué. -          ¿Sabes por qué volví? – esperé que me contestara. -          ¿Las cosas con tu padre y hermanos no salieron bien? – moví mi rostro de un lado al otro. -          Las cosas en general no salieron bien, mi padre era un asesino, un hombre metido en negocios sucios – apretó mis dientes – Mis hermanos, ahora están en condiciones para nada lindas, donde uno termino preso, simplemente por salvarme, cuando debería estar en el mismo lugar que él… - me quede en silencio. – Yo debería estar con él, no aquí. -          Dijiste que tu papá era un asesino – junto sus manos - ¿Por qué era? ¿Por qué en pasado? -          Porque ya no está vivo – murmure – Ya no puede hacerle daño a más nadie – mire mis manos – Esta donde se merece. -          Sam… ¿Qué…? – mi teléfono sonó con insistencia.   El número de EE.UU. apareció en la pantalla, junte mis cejas desconfiada mientras me levantaba para mirar el ventanal y contestar.   -          Hola – un breve silencio se hizo presente. -          Señorita… - la señal se cortó - … Schroeder – la interferencia nuevamente - ¿Samantha Schroeder? -           Sí ella habla – junte mis cejas - ¿Quién habla? -          Nos comunicamos de la penitenciaria… - la señal se volvió a cortar - …llamábamos… su hermano… ahora mismo está… - me corrí. -          ¿Qué paso con mi hermano? ¿Perdón se cortó? -          Su hermano fue atacado en la madrugada de hoy, en este momento se encuentra camino al hospital de… - el pitido en mis oídos aumento - …está estable, pero la situación requiere que nos comuniquemos con usted. -          Gra-gracias – mi mano comenzó a temblar – Yo, yo – la vista se nublo. -          Sam – la voz de alguien me llamo a lo lejos. – Sam.   Fue lo último que escuche antes de que todo se volviera oscuro.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD