Parte 5.

1943 Words
Crisis emocionales. Post parto. Y pues no, no lo entendió. La deuda del hospital seguía siendo un fuerte impedimento para regresar a su lado, traté por todos los medios el hacerle entender que si los dos trabajábamos sería mucho más fácil y rápido; mis padres cuidarían a mi bebé y sus padres a sus hijos, así en poco tiempo nos libraríamos del peso económico que representaba mi salud; de cierto modo lo quería ver como algo romántico, "no supo cuidarme, y ambos trabajariamos para volver a estar juntos". Pero no, él no lo vio así, vino a verme con la intención de llevarnos de regreso, yo acababa de ingresar a trabajar, tenía una semana, ¿cómo iba a abandonar el trabajo así como así? No me dijo nada antes de llegar, simplemente apareció en la puerta, para mi sorpresa me alegró mucho, sin embargo, aún no me sentía segura, y su actitud no ayudó mucho; sé que mis padres no son tan "flexibles" como los suyos, ni mucho menos lo iban a solapar o a recibir con los brazos abiertos después de mi estado de salud y sin tener una garantía de que ahora sí me iba a cuidar, pero pienso que si él lo hubiese entendido no habría puesto su orgullo en medio de nosotros, destruyendo nuestra relación. Al principio no entendía, simplemente fue un abismo muy oscuro al que él me lanzó, en mi mente sólo dos cosas eran seguras, necesitaba pagar la deuda para estar a su lado y, mi hija me necesitaba. Él dejó de llamar, dejó de escribir, me bloqueó de las r************* , comenzó a estar con otras mujeres, no me apoyó con los gastos de nuestra hija, ni me acompañó a registrarla, tampoco me ayudó a pagar la deuda del hospital, mi inseguridad creció a medida que fui cayendo en ese oscuro abismo llamado depresión, no entendía nada, ¿dónde quedó ese amor que decía tenerme? ¿dónde quedó esa promesa que escribió a penas una semana atrás? ¿dónde quedó ese amor paternal del que me enamoré? Nada, no había nada. ¿Y yo? ¿Dónde quedé? ¿Dónde quedaron mis sueños? ¿Donde quedó mi salud? ¿Dónde quedó mi cuerpo, que aunque no era atlético si atractivo? ¿Dónde quedó el amor que le dí? ¿Dónde quedó el amor que le di a sus hijos? ¿Dónde quedaron mis atenciones a él y a su familia? ¿Dónde quedaron las promesas? ¿Dónde quedaron los sacrificios que hice para estar con él? En un agujero, aventados como basura, y más tarde incendiados como si nada de eso tuviera valor. Depresión post parto. Generalmente se asocia al cambio de estilo de vida, de pertenecerte a ti misma como mujer, a pertenecer de tiempo completo a las necesidades de un pequeño ser humano totalmente dependiente de ti, de tus brazos, de tu seno. Sin embargo, no sólo aquello influye, sino también el entorno donde una como mamá (primeriza o no) se desenvuelve día con día, el amor incondicional y apoyo de la pareja, de la familia, e incluso, de los amigos. Por mi parte, al principio fue bonito, las visitas de mis amistades, vecinos y familiares, pero desde la crisis, todo se vino abajo, traté de hablar con él, fui a verlo, le recordé sus promesas rotas, traté de no culparlo, ni de reclamar ni exigir; sin embargo, mi intento fue mal interpretado, ya sea por él mismo o por los consejos y comentarios de terceros. Incluso su madre se atrevió a criticar mis publicaciones depresivas como si yo fuera la culpable, que yo no me cuidé, que yo dejé a su hijo, y demás cuestiones muy personales, me enfureció mucho su actitud, yo le mostré mi lado más vulnerable y más amable, intenté llevarme bien con ella porque valoro la relación madre-hijo que tiene con el padre de mi hija, y que ella me atacara de esa manera se me hizo una afrenta y una traición totalmente egoísta. Por parte de sus hermanos, me apoyaron, me defendieron cuando comenzó a publicar sus loqueras con otras mujeres, trataban de aconsejarme, pero, honestamente, mi mente estaba completamente nublada, la mayor parte de mis pensamientos se iban al primer golpe: soy asintomática, no puedo sentir dolor, me puedo enfermar y morir, ¿y mi hija? La preeclamsia convinado con la presión alta, fue un golpe demasiado duro, generalmente no soy de las que tienen miedo o temores, la muerte nunca fue algo intimidante, me gustaba correr riesgos, aventarme a la aventura y experimentar cosas diferentes, como el ir a vivir con él, a una tierra completamente fría para mí, soy originaria del sureste de México, al nivel del mar, con mucho calor, y él del centro del país con mucho frío. Estuve enferma de gripe la mayor parte del tiempo, aún embarazada, y eso no me molestó. Incluso he tenido varios intentos de s******o, es verdaderamente frustrante y depresivo que cada ocasión en la que logro realizar un avance para cumplir mis sueños, alguien me los destruya y baile sobre mí humillandome. Más ahora, soy madre, y no tengo interés en hacerle falta a mi hija. Esta línea de pensamiento fue lo único que me mantuvo cuerda cuando la tentación del s******o asaltaba mi mente. Todo lo que había logrado construir con él se desvaneció como la arena entre las manos. Y no pude detenerlo. No tuve la fuerza para frenar la situación; y al mismo tiempo, no me correspondía, él era quién debía hacerlo. Cuando pasó un poco de tiempo, reuní las fuerzas para ir a luchar por recuperar lo perdido, acababa de liquidar la deuda del hospital y pensé en estar con él. Tristemente no me recibió bien, su actitud orgullosa me lastimó, intenté dejarlo pasar, y la química que existe entre nosotros fluyó por sí sola cuando cargó a nuestra hija, se veía emocionado, y quise creer que tenía esperanzas, más el me mandó a la casa de sus padres, a visitar a sus hermanos, y fui, imaginando que en un máximo de dos horas él estaría en casa para poder conversar; pasó toda la tarde y no tuvo la decencia de avisar que doblaría turno, me dejó plantada. Además de eso, cuando llegué a su casa, sus hijos iban saliendo con su madre de ellos, ella muy linda conmigo. Luego salió la madre de él, mi suegra y me trató mal, básicamente me ignoró, para después escuchar por parte de mi cuñado que ella no quería que estuviera ahí, me sentí rechazada, herida y muy molesta, por lo tanto no pelee cuando mi papá me insistió en que nos fuéramos. Al día siguiente hablé con él, y escuché lo más doloroso "no tiene sentido que estemos juntos si nuestros padres no están de acuerdo" ¡¿Que?! ¡¿Tienes quince años?! Me sentí devastada, perdida, y fue justo cuando la neblina acaparó por completo mi mente, me sentía muerta emocionalmente, todo el tiempo llorando, todo el tiempo molesta, todo el tiempo incompleta... Pero, ¿alguien me entendió? ¿alguien me consoló? ¿alguien se apiadó de mi? ¿de mi hija? ¡No! Incluso se atrevió a decir que se iba a enfocar a sus dos hijos mayores, le cuestione que si mi hija no existía para él y dijo que sí, pero que él no iba a pelear por ella porque yo se la arrebaté... ¡Cobarde! ¡Mentiroso! ¡Poco hombre! Gritaba en mi mente cuando me dijo eso, y finalmente respondí, que le diera mis cosas a su hermano para que yo pudiera ir a recogerlas sin tener que verlo, pero eso nunca sucedió... Poco después, en un día común comenzó a escribirme, nuestra charla parecía normal, como si no hubiese pasado nada en la última llamada, y me atreví a preguntarle qué era lo que más extrañaba de mí, siempre amó mi comida y eso me puso feliz; se acercaba mi cumpleaños y traté de aclarar lo que aún quedaba pendiente, fue muy rara esa conversación, me asaltaron los celos y él explicó que no tenía nada con nadie, y de ahí se desenvolvió lo demás, le hice ver que todo lo que tenía él en mente estaba equivocado, que yo no lo abandoné, que yo sólo pedí ayuda porque él no me hacía caso de llevarme al doctor, me explicó el por qué dejó que sucediera, no fue por malo, simplemente tenía los ojos cegados por el enojo, le intenté decir que ese no era un argumento razonable para ignorar la salud de una embarazada, y menos si ella cuidaba a niños que no son suyos, traté de sacar todo lo que creí que quedaba pendiente y aunque no se llegó a nada, me sentí más liviana. Incluso me dio a entender que si yo me hubiera quedado ese día que fui y que me dejó plantada en su casa, él me hubiera tratado con el mismo amor con el que me trataba antes de todo lo acontecido. Lo triste fue ver, que a pesar de que le pedí que lo volviéramos a intentar, él no me dio respuesta, ni me felicitó por mi cumpleaños, para mí se volvió extremadamente importante porque por poco no cumplía los 23, me ignoró por completo, no respondió y lloré amargamente. Para navidad le mandé un audio de nuestra hija balbuceando. En año nuevo me escribió, y aproveché para contarle mis planes para el primer cumpleaños de nuestra hija, al principio parecía emocionado de que lo considerara, pero después comenzó a poner pretextos, de inmediato supe que otra vez le metieron malas ideas, y aunque él se escusaba del trabajo, yo sabía el detrás de... Mi celular se rompió y perdí contacto con él, dos días antes del primer año, pensé que llegaría el 17, pero no fue así, le escribí el día de la fiesta, y me volvió a ignorar. Le escribí en San Valentin, le mandé la misma foto que el año pasado, cuando aún estábamos bien, no respondió, pero publicó en su estado una imagen de un escudo diciendo que era su orgullo, le respondí en mi estado con otra imagen, donde decía que la humildad y el orgullo no eran aliados, que si no reconocias tu error y cambiabas, no contaba como humildad. De ahí, no volvimos a hablar, sólo le mandaba besos cuando fueron los cumpleaños de sus hijos; y en el suyo le escribí nuevamente las razones por las que me enamoré de él, tampoco respondió. Un año después de haber ido y regresado con el corazón totalmente destruido, logré sanar. ¿Cómo le hice? Después de la tormenta. Dicen que después de la tormenta viene la calma, pero no te dicen que la calma NO significa "paz y tranquilidad". Sino que más bien, es un momento de trabajar, limpiar, sanar, solucionar y encontrarte a ti mismo. Canalizar las emociones y sentimientos; Trabajar en las heridas y labores; Limpiar tu mente de energías negativas e incluso limpiar tu casa, cuarto, etc; Sanar heridas del pasado que causaron nuevas heridas o que se abrieron con lo acontecido en el presente, en algunas ocasiones reaccionamos de manera desfavorable porque llevamos una herida infectada o mal cerrada, como la amargura, el egoismo y el orgullo; Solucionar todo lo que quedó pendiente, ya sea por distracción, falta de prioridad o simplemente, por contexto circunstancial; Y finalmente, encontrarse a sí mismo, descubrir el crecimiento que has tenido de la última crisis a la actual, las lecciones adquiridas tanto buenas como malas, hallar la fe en Dios, la fortaleza de tu experiencia y planear nuevos sueños. Fluir, actuar y volar.
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