Parte 4.

1519 Words
Internado hospitalario. Dado a la hinchazón de las piernas y la presión alta, me fue preciso mantenerme en el hospital por casi una semana, unas horas después del parto, mi marido y sus dos hijos se econtraban conmigo, su mirada era una mezcla de emociones; imagino que mis padres y/o los doctores lo abordaron antes de entrar a la habitación; sin embargo, se quedó conmigo, cargó a nuestra niña, luego la cargaron sus hermanos, la mayor y el menor. Era una escena hermosa, le quité su celular a mi marido y les tomé fotos. Mis padres se llevaron a los niños para que pudieran cenar, y pude hablar con él; me senté a su lado, lo observé detenidamente, él no dejaba de repetir que es hermosa, podía notar cierta angustia en su voz, suspiró y me miró, comenzó a contarme como se las arregló para llegar y la manera en la que lo recibieron, me causó alegría escuchar que uno de mis tíos lo abrazó. Luego entró la doctora a revisar el aparato que tenía enchufada en mi zona íntima para extraer los líquidos retenidos que causaban la hinchazón, nos explicó el milagro que era el que mi hija y yo sobreviviéramos, enfatizó lo delicada que estaba mi salud y como, de alguna manera, mi fortaleza interior había sido la que me mantuvo de pie. Continuó con un leve regaño a mi marido y finalizó con la indicación de que al día siguiente, después de comer, debía comenzar a caminar en el corredor para acelerar la movilidad. . . . Para las enfermeras, mi familia y para mi marido, era algo extraño que yo pudiera moverme con facilidad, erguida y sin ningún reflejo de dolor, por lo que me comentaron, la mayoría de mujeres que pasaban por una cesárea no podían erguirse de inmediato, sino que les costaba un poco más de un día. . . . Una de las cosas incómodas de estar internada, además de la bata con la espalda descubierta, fue el uso de pañal, es normal, los coagulos de sangre sobrante de la matriz son expulsados de inmediato, pero no deja de ser algo verdaderamente incómodo, lo rescatable de ésta situación, fue poder sentir los cuidados de mi marido, sus dedos pasando delicadamente sobre la herida de la cesárea, no había sido el corte estético, sino la divisoria, justo a la mitad de mi vientre; él suspiraba con pesar, nos encontrábamos en una situación delicada, de cierta manera, lo peor ya había pasado, pero fue suficiente para que él me quisiera sentenciar a no tener más hijos, ésta actitud me dolió profundamente, principalmente porque ésta charla ya la habíamos tenido, yo quiero más hijos, él tiene dos, yo quiero dos o más; sin embargo, lo que me enfureció fue recordar la plática con su madre en la que me excluyó y trataba de convencerlo de seguir los pasos de su hermano menor, mi cuñado, quien a su vez, se operó hace apenas una quincena atrás; me esforcé en no discutir, era muy pronto para tocar ese tema, seguíamos en el hospital y no era justo arruinar mi felicidad de tener a mi primera hija con una futura decisión. . . . Un día antes de que me dieran el alta, él y sus hijos debían volver, su permiso de paternidad estaba por terminar y los niños debían ir a la escuela; ambos nos esforzamos por mantener la calma, pasaría el puerperio con mis padres. . . . Por otro lado, en el tema médico el diagnóstico fue principios de preclamsia, aunado a la presión alta, la falta de síntomas y la pérdida de proteínas. Me comentaron que la retención de líquidos se había generado por una emoción fuerte, una discusión o un disgusto, que debía analizar mis sentimientos para poder sanar, además, del medicamento que debía tomar durante el puerperio; aprendí a tomar la presión para poder enviar los datos al teléfono de la doctora, seguir indicaciones al pie de la letra: lavar la herida diario, tomar vitaminas, la pastilla para la presión y estar fajada, sin ejercicio ni movimientos fuertes, de preferencia en cama. La presión cedió hasta el tercer día, luego de haber probado tres medicamentos diferentes, y fue cuando por fin me dieron el alta. . . . Estando en casa, y después de compartir la noticia en mis r************* , mis amistades y familiares comenzaron a llegar de visita, y quienes estaban en otros estados, mandaban sus felicitaciones. Fue maravilloso el puerperio, llena de amor, atendida por mis padres, visitada por mis amistades y con las llamadas constantes de mi marido. Me sentía en las nubes, principalmente por los mensajes cursis que me escribía mi marido. Puerperio. Una vez que me instalé en la habitación de mis padres, pasaba todo el día en la cama, era algo tedioso, soy una persona excesivamente activa, si no ocupo mis manos para hacer algo me entra una clase de ansiedad, ni siquiera la televisión lograba entretenerme; en un principio basaba mi atención en mi hermosa hija, cada ruido, suspiro o bostezo provocaba en mí un estado de alarma, la miraba dormir por largos minutos, hasta que poco a poco me adentré a una rutina algo meticulosa. Por las mañanas, mis padres me subían el desayuno, un jugo verde, fruta y hotcakes, veía alguna película mientras dibujaba, a mediodía me tomaban la presión y me cambiaban el vendaje, y por la cena, subían a platicarme alguna cosa. A medida que avanzaba el puerperio, mi marido me escribía mensajes más y más románticos, sé que a pesar de la situación que vivíamos muy en lo profundo de su corazón me quiere; quizás sea tonto de mi parte pensar que necesitábamos un poco de lejanía, él es obstinado y en vez de tomar las cosas por las buenas, espera a que se complique o empeore para tomar cartas sobre el asunto, mis padres creían que si lo presionaban a pagar la deuda él iba a reaccionar, que quizás con un poco de presión podría demostrar que de verdad estaba arrepentido del daño que me causó; honestamente no sabía que pensar, mi cabeza estaba en completo shock, trataba de no pensar en ello, era muy duro para mí el saber que soy asintomática, que la falta de dolor generaba cierta limitante para mí, normalmente las personas se basan en eso, hasta donde duela es donde me detengo, físicamente hablando, como en el ejercicio o en los riesgos. Soy una persona inquieta, siempre estoy pensando en planes, sueños y aventuras, el correr riesgos nunca fue un impedimento, pero ahora... Ahora soy madre, ahora morir no es una opción. En mi infancia, e incluso, en mi adolescencia consideraba la muerte como una consecuencia, disfrutaba de la vida y corría todos los riesgos posibles con tal de experimentar cualquier aventura, jugaba con niños más grandes que yo, jugaba en la calle sin importar el flujo de autos, trepaba las paredes, me aventaba de un sitio a otro, chocaba con cualquier mueble al bailar, y nunca me enteraba que estaba enferma hasta que la fiebre me daba tumbos y me obligaban a dormir. ¿Cómo una persona como yo, puede consevir la idea de la muerte? No le temía a nada, ¿ahora le debo temer a la muerte? ¿Cuántas veces corrí riesgos de muerte y en cuántas salí ilesa? ¿Dónde están las personas que prometieron cuidarme? ¿Cómo cuidaré de una niña que depende de mí si yo ni siquiera estoy a salvo? ¿Cómo seré una buena madre si el miedo me domina? Estas y muchas más preguntas abordaban mi mente, me hacían perder el sueño, y aún más, me impedían disfrutar del GRAN MILAGRO que simbolizaba mi hija. Las palabras románticas de mi marido no dejaban de ser eso, palabras. No podía creer ni confiar en él, ¿Cómo confías en una persona que rompió su promesa en el momento que se molestó conmigo y no buscó solucionarlo hasta que mi vida corrió peligro? Sin embargo, a pesar de la gran lucha interna que se desenvolvía en mi interior, hubo un mensaje que de verdad me derritió de amor: " Te amo pequeña, tanto que no sé como medirlo, eres lo más grande que me ha pasado, no quiero perderte nunca, quiero salir adelante contigo, con nuestra familia, estar juntos en las malas y en las peores, y vivir en grande en las buenas. Te amo. Perdón, por no decirlo, pero creo que escribiendo sale mejor. Tu eres y siempre serás mi mayor logro, el tenerte conmigo me hace sentir que lo superaré todo. Juntos forever ". Mi corazón se derritió y en ese momento pensé en tomar una decisión, sanar las heridas de mi corazón para poder volver a sus brazos, no podría seguir a su lado si mi corazón estaba lleno de miedo y dolor. No he tenido una vida muy feliz como cualquier persona desearía, llevo cicatrices y algunas heridas sin sanar. No deseo lastimarlo con mis inseguridades, por lo que considero importante sanar antes de volver a su lado. Ojalá él lo entienda.
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