Estaba muy nerviosa mientras permanecía sentada en el asiento del carro, sintiendo cómo la ansiedad crecía en mi pecho. La idea de llamar a Jhon cruzó por mi mente, pero rápidamente la descarté; era su día libre y no quería interrumpirlo. Aníbal había sido el encargado de llevarnos esa noche, y ahora, mientras notaba que nos alejábamos de mi casa, un mal presentimiento comenzó a asomarse en mi mente. Me quedé mirando por la ventana, el paisaje nocturno deslizándose rápidamente, en silencio, mientras mi mente se debatía entre la inquietud y la curiosidad. Cuando finalmente llegamos a una imponente mansión, mi corazón dio un vuelco. Me bajé del carro con un nudo en la garganta y encendí mi celular, solo para descubrir que no había señal. —No hay señal, cariño, pero no te preocupes —dijo Br

