Capítulo 5. La decisión de Gia

1537 Words
Dentro de la fría y aséptica sala, el silencio era opresivo, roto solo por el zumbido de las máquinas que trabajaban incansablemente. Alma yacía en la camilla, su cuerpo marcado por cicatrices, moretones y heridas que contaban la historia de su sufrimiento. Su piel pálida contrastaba con la blancura de las sábanas, mientras los enfermeros movían cables y agujas, extrayendo muestras de sangre y conectándola a monitores. Gia, de pie en un rincón, observaba cada movimiento con una mezcla de rabia y preocupación. Aunque intentaba mantener la calma, su mente estaba a mil revoluciones, cada detalle de la escena perforando su armadura emocional, esa que se había puesto para olvidar su estadía bajo los tiernos cuidados de Fox. Leona, con su bata de laboratorio y gafas de seguridad, se acercó a la camilla, evaluando la información que le llegaba desde los monitores hacia la tableta en sus manos mientras observaba los resultados de los análisis. No era la médica de la manada, pero su conocimiento en genética y los oscuros experimentos de Fox la habían convertido en una experta de facto en casos como el de Alma. La expresión de su rostro era grave, mientras analizaba los datos con una mirada aguda. —Tiene de todo en su sangre —murmuró Leona, su voz apenas audible sobre el ruido de las máquinas. Miró a Gia con una expresión sombría—. Toxinas, inhibidores de poderes, rastros de experimentos genéticos y sustancias que no siquiera conozco... Fox la ha usado como un conejillo de indias sin duda alguna... Gia apretó los puños, sintiendo cómo la rabia crecía dentro de ella. Aunque estaba preparada para lo peor, escuchar aquello en voz alta era como una bofetada. No era solo el daño físico lo que la preocupaba, sino lo que esos venenos podrían haber hecho a su mente, a su espíritu. Pues sabía que Michael no podría soportar si la perdieran, pues Alma era todo por lo que había luchado. Y él era su Alpha. El sonido de la puerta al abrirse rompió el tenso silencio. Doc entró, con una tablet llena de resultados en la mano y una expresión que solo podía describirse como resignación. Sus ojos se encontraron con los de Gia, y un breve intercambio de miradas fue suficiente para transmitir la gravedad de la situación. —Los resultados de las tomografías y otros estudios están aquí —dijo Doc, mientras entregaba la otra tableta a Leona. La habitación se llenó de un silencio aún más pesado cuando ella empezó a leer. —Heridas viejas, múltiples fracturas, luxaciones, daño en los órganos internos... —Leona enumeró, su voz vacía de emoción—. Parece que no ha habido una parte de su cuerpo que no haya sufrido algún tipo de trauma. Esto... esto es una lista de torturas — murmuró con un temblor en su voz. Gia sintió una oleada de náuseas al escuchar esas palabras. Imaginó cada una de esas heridas, los gritos que habrían acompañado a cada fractura, y el dolor que Alma habría soportado durante todo ese tiempo. Pero lo peor era saber que Michael no tenía idea de la magnitud de lo que ella había sufrido realmente, o lo que esa información podría hacerle. —Debemos decirle toda la verdad a Michael —dijo Gia, su voz temblando ligeramente. No había duda en su mente de que él merecía saberlo, pero al mismo tiempo, sabía que aquello podría destruirlo y estaba renuente a hacerlo. Leona asintió, pero había una expresión de duda en su rostro. —Sí, pero también debemos ser cuidadosos con ella. Hay una dosis considerable de esa droga inhibidora de poderes en su sistema, y no sabemos qué puede suceder si su poder se desata de repente. Fox la ha dosificado como si fuera un caballo... —hizo una pausa, mirando los resultados con más detenimiento—. Y tengo que decirte que aún hay más droga en su cuerpo. No podemos depender solo de ti o de Peyton para controlarla si algo sale mal. Y no sabemos si Michael querrá retirar todo rastro de drogas de su sistema, es un riesgo...— dijo alzando una de sus doradas cejas. Gia cerró los ojos por un momento, procesando la información. Sabía que Leona tenía razón, y el riesgo de que Alma perdiera el control, si Michael decidía que limpiaran su organismo de esas drogas, era inmenso. Además, había cachorros en el lugar, y su seguridad era la prioridad absoluta sin lugar a dudas. —Entiendo. Hay que proteger a los cachorros y a los otros miembros de la manada, antes que nada —acordó Gia, su voz firme—. No podemos permitir que algo les ocurra — dijo y pensó en sus pequeños en el pequeño Johnny y en Johanna, su bebita. Leona miró a Doc, y con un gesto, le pidió que las dejara solas. A pesar de que estaban en su propio consultorio, él asintió y salió de la habitación, dejándolas a solas con Alma. La médica de la manada de lobos que les había sido "prestada" a las panteras, respiró hondo y se acercó a la camilla. Sabía lo que tenía que hacer, y aunque no era algo que deseaba, era necesario. Alma estaba en un estado delicado, y cualquier detalle podría marcar la diferencia entre salvarla o perderla para siempre. Aparte necesitaban saber exactamente el alcance del daño. —No le digamos nada a Michael sobre lo que viene ahora aún, por favor —le pidió Leona en un susurro, mientras sus manos se movían con cuidado para empezar la evaluación ginecológica—. Yo me encargaré de ayudarla. Gia asintió, sabiendo que dado el precario estado emocional de Michael no tenía elección. La evaluación comenzó, y cada movimiento fue un recordatorio de la brutalidad que Alma había soportado. El examen fue exhaustivo, minucioso, y cada hallazgo fue un golpe directo al corazón de ambas pues, aunque Gia la ayudaba y no podía ver, leyó la mente de Leona. — Eso no es apropiado — la reprendió la médica con una sonrisa un poco afligida. — Pero necesario, es demasiado peso para cargar tu sola… Cada cicatriz, cada señal de abuso, era un testimonio de los horrores que Fox había infligido en esa pobre alma. Los minutos se alargaron en un silencio casi absoluto, roto solo por las respiraciones entrecortadas de Alma, que, aunque inconsciente, parecía sentir alguna especie de dolor en cada toque. Leona trabajaba con precisión, pero también con una pesadez en el alma que la hacía dudar si estaba haciendo lo correcto al exponerla a aquello, aunque fuera en nombre de la curación. Finalmente, el examen terminó, y ella se apartó, sus manos temblando mientras se quitaba los guantes. No pudo evitar que una lágrima rodara por su mejilla silenciosa mientras miraba a Alma, tan frágil, tan rota, y a la vez tan llena de una fuerza que solo podía provenir del deseo de sobrevivir. Gia también la observó en silencio, con dolor, pero consciente de que no había tiempo para lamentaciones. Debían decidir cómo proceder, y aunque la verdad sería devastadora, ocultarla era una opción viable aunque peligrosa dado el precario equilibrio sobre el que se sostenía el estado emocional de Michael. Por otro lado estaban la integridad de Alma y su poder descontrolado, que eran riesgos que no podían ignorar. Ni tampoco todo lo demás y las posibles implicancias de lo que había descubierto Leona durante la revisión ginecológica. —Sé lo que me has dicho antes pero creo que Michael, como mi Alpha, debe saberlo todo—dijo Gia finalmente, su voz firme a pesar del inconsciente temblor en sus manos. Leona asintió. Pero murmuró: — Siendo que estamos aquí solas y es tu compañero general de esta manada, te pertenece a tí esa decisión aunque compartiré mis resultados con Doc, claro... Aún así, mi recomendación es que aún no le digamos del daño interno de Alma a tu Alpha…No creo que sea lo mejor...no ahora — Pero… Leona suspiró y la miró de frente. — Michael no es idiota y lo sabes como yo, pero está tan frágil como ella, y Alma lo necesita de una pieza en este momento, y si le decimos lo que encontré, lo que supongo …posiblemente enloquecerá… Gia tragó saliva sabiendo que tenía razón pues justamente era lo que venía pensando. Pero mientras se debatía entre su deber para con su Alpha y su deseo de proteger a los cachorros y adultos de la manada, se imaginó casi como en una visión que Michael saldría a cazar a Fox como un perro rabioso y ellos lo necesitaban allí, así que sí, Leona tenía razón, aunque una parte de Gia se rehusara a ocultarle información a su Alpha. Pero, aunque le pesara en ese mismo momento debía decidir lo mejor para la manada, que también lo necesitaba a él entero… Lo que le había pasado a esa pobre mujer, no podía cambiarse tal y como lo mostraban esos análisis, pero cómo lo enfrentarían -especialmente Michael- sería lo que determinaría si sobrevivían o si todos serían consumidos por la oscuridad que Fox, aunque Gia solo lo podía intuir en ese momento, desataría finalmente sobre ellos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD