Dos días después El olor a sal marina y madera quemada reemplazó el frío metálico del Lago Lemán. Max y Maya se encontraban en una pequeña cabaña en la costa de Cornualles, Inglaterra, un antiguo refugio de la Fundación, completamente desconectado de la red. Estaban lejos del rastro de la Condesa, lejos de la policía, lejos de las cenizas de su vida anterior. Max estaba sentado junto a una chimenea crepitante, con el comunicador de Gregory Sterling en su regazo. Había estado en silencio durante dos días, absorbiendo cada línea de código y cada protocolo de ECLIPSE. Maya estaba preparando té en una cocina minimalista, su cuerpo aún magullado por el disparo desviado de Irina. —El sistema es perfecto —dijo Max finalmente, rompiendo el silencio—. Es la arquitectura de la anticipación. Grego

