72 horas después. La cuenta regresiva final. El aire dentro de la cabaña, normalmente fresco por la cercanía del Atlántico, estaba denso y cargado con el olor a ozono de los servidores sobrecalentados y el aroma terroso de un té de jengibre que nadie se había molestado en beber. Fuera, la tormenta prometida rugía contra los acantilados, pero dentro, el verdadero huracán era silencioso y digital. Max estaba de pie, no sentado. El control holográfico de ECLIPSE (Sistema de Colapso Lógico para Imposición de Protocolos de Equilibrio) se proyectaba sobre la mesa rústica de roble, transformando el humilde salón en el centro de comando de un golpe de estado económico global. Miles de líneas de código verde esmeralda y oro digital flotaban en el aire, formando un mapa de calor dinámico del me

