CAPITULO 4

1341 Words
Aaron Cuando despierto el dolor desapareció, prendo la luz con algo de miedo, pero la migraña se quitó. Lo que medió Leah funcionó perfectamente. Me siento de maravilla. Me quedo sentado un momento en el sillón, pensando en mi sueño, y me confunde, porque soñé con la chica de hace 5 años, tenia mucho de no soñarla, pero como siempre su rostro es difuso, confuso y no puedo tener una idea clara. Me levanto y veo las cosas que dejó Leah en mi escritorio, con sus notas, las reviso y aunque no me guste reconocerlo, su trabajo es bueno, es organizada, y simplifica todo. Marco las citas que quiero que me confirme mañana temprano. Cuando bajo a la recepción son las 9 de la noche, y lo único que quiero es ir a mi departamento a dormir. Pero por desgracia aquí esta Emily. —Hola guapo—Me dice dándome un beso en la boca —Hola—Es todo lo que recibe de mí, Emily es una chica modelo, guapa, sexy, hace cosas interesantes en la cama, y para mejorar todo mi familia la aprueba porque su padre es inmensamente rico. —Vamos a tu departamento—Me lo ordena y yo levanto las cejas, nunca he llevado una mujer a mi departamento, y jamás lo haré, son demasiado intensas para que después vayan a molestarme. —¿Por qué te llevaría a mi departamento? —Le pregunto, metiendo mis manos a los bolsillos del pantalón y dando un paso atrás, pero ella da un paso adelante, quedando realmente cerca de mí. —Porque te voy a hacer cosas deliciosas esta noche, amor—Tuerzo la boca en desaprobación. —Primero, hoy no tengo ganas—Empiezo a enlistar con los dedos—Segundo, si tuviera ganas, te habría marcado, y te llevaría a un hotel, eso lo sabes. Y tercero, no vuelvas a llamarme amor, jamás. —Aaron, debemos avanzar, tu conoces mi casa —La casa de tu padre—La corrijo, porque ese echo le molesta mucho. —bien, pero yo debería conocer la tuya. —No lo creo—Le digo —bien—Dice haciendo un pequeño berrinche—En cuanto a que no quieres, ¿Estas seguro? Dice ahora pegándose a mi cuerpo y siento sus duros pezones, y pone su mano en mi entre pierna. La tomo de la muñeca y la alejo —Muy seguro Emily—La verdad es que la migraña es algo que logra hacer que no busque sexo, y el letargo en el que suele ponerme solo hace que quiera dormir. mi mira con molestía —Sigues acostándote con otras, ¿verdad? —Me pregunta en reproche —Si—Me encojo de hombros y la esquivo para salir. Me sigue y comienza una maldita tortura de reclamo —De verdad Aaron, ya no es divertido, tenemos que formalizar nuestra relación, mi padre, comienza a molestarse de que tu no das el siguiente paso —¿Y según tu padre cual es ese paso? —Vivir juntos—Me rio de semejante tontería provocando que Emily se moleste mas —¿Piensas ir por la vida solo cogiendo con mujeres? ¿Sin formar una familia? ¿Sin…? —Te ahorraré esto Emily—Le digo molesto y muy cansado—No me voy a enamorar ni de ti, ni de nadie, para mi, las mujeres solo las requiero en su mayoría para el sexo, sí, se que soy un imbécil, pero eso es todo lo que quiero de las mujeres, no me interesa tener novia, ni esas estupideces, no quiero casarme y menos tener una familia. Sé que algún día me obligarán, y muy sinceramente, la terminaría engañando. Esto soy yo, y si no te parece bien, solo dejamos el sexo y listo, terminamos con esa estupidez de fingir una relación ante el público. Ella gruñe y pega en el piso como una niña pequeña y se va. Yo suspiro pero salgo para mi casa. A la mañana siguiente, una sorpresa mala me recibe en ese maldito escritorio, Leah viene justamente como vino el primer día. —¿De verdad porque? —Le pregunto fastidiado —Creo que si seguimos así agregaré a las palabras de mis reglas “hola” —Me dice escribiendo rápidamente en la computadora. —haz lo que quieras. La verdad es que no pienso discutir con ella. Con el paso de las semanas, tenemos una relación en la que solo hablamos de lo laboral, el problema comienza cuando escucho algunos rumores de que ella gano el primer round y que no le exijo como a las demás que vista de forma exuberante, y la verdad es que no lo hago, porque mi hermana ya me quitó ese poder. Y empeora cuando viene a la oficina mi mejor amigo Al, y la ve sentada así tan simple, el le comenta a los demás y se comienzan a burlar de mi, carajo, tendré que ceder en su petición o esto será peor con el tiempo, todos en la empresa querrán hacer y vestir como quieran. —Leah—La mando llamar por el intercomunicador—¿Puedes venir un momento, por favor? Ella llega casi de inmediato y se para atrás de las sillas de los invitados. —Diga señor—Me responde curiosa —Gracias por venir—Le digo y una muy ligera sonrisa se quiere dibujar en su rostro, y ahora caigo en la cuenta que en 1 mes trabajando conmigo nunca la he visto sonreír, esto es lo mas parecido a una sonrisa que me ha dado. —¿Se cayó esta mañana? —Pregunta curiosa —¿Por qué dices eso? —Porque dijo por favor y gracias—y ahí está una sonrisa, no es una sonrisa completa, no le llega a los ojos, pero ahí está. Por algún motivo yo también sonrío —Puedo regresar a lo de antes—Le digo abriendo los ojos y con voz suave para que entienda que estoy jugando —No, me gustó escucharlo—Y de nuevo su sonrisa—¿Dígame que desea? —El sábado tendré una cena en casa de mi hermana, e irán unos inversores, necesitaré que vayas, para cerrar unos tratos. —De acuerdo—Me dice y se dispone a irse, pero antes de salir, en el marco de la puerta se gira—Supongo que debo ir bien vestida —De preferencia si—Le digo solo viéndola. Y ella asiente, pero su mirada se ensombrece un poco. El miércoles, ella a medio día entra a mi oficina, cuando Caroline esta revisando unos datos conmigo. —Señor, quería decirle que tengo que retirarme—Dice como aviso no como permiso —Tu horario es hasta las 6 de la tarde —Lo sé señor, y compensaré estas horas, pero ahora debo retirarme—Me insiste y la miro molesto —No me interesa, no te vas, tu trabajo debe ser lo mas importante, pensé que lo necesitabas —Aaron—Me grita mi hermana —No nada de Aaron, Ella debe cumplir con su horario estipulado…O dime, ¿Qué es mas importante que ganar tu sustento? —La razón por la que necesito el trabajo—Dice Lea molesta —Te quedas—Le ordeno, y veo como su rostro se torna rojo. —Vete a la mierda Aaron—Me dice Leah mirándome de una forma casi feroz, abro los ojos al escucharla, jamás pensé que pudiera hablarme así. Siento un escalofrío recorrer mi cuerpo, probablemente de enojo. Se da la vuelta y se va. —¿Qué carajo? —Le digo viendo a Caroline —Te lo ganaste —Tiene un horario —Y el trabajo no es su mundo —Pero le pagas muy bien como para dejarlo así—Le digo molesto —Si, pero tuvo la cortesía de avisarte, yo ya le había dado permiso, y debo decir que el que te mandará a la mierda, fue increíble.
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