A pesar de que el sol no tardaba en aparecer en el horizonte, Damien todavía no se saciaba de mí, ni yo de él, estábamos tan deseosos de nuestros cuerpos, que el tiempo resultó poco a comparación del nivel de hambre que nos teníamos, sin embargo, la fatiga, estaba siendo estragos en mi cuerpo sudado y tembloroso.
Como último, luego de la tormenta de fuego que fuimos durante la noche completa, se terminaba de consumir por el momento, y mientras terminaba de tomar su hombría bien dura y despierta con mi boca, levanté mis ojos de maquillaje escurrido para contemplar su rostro desfigurado de placer y cansancio, sin embargo, él me regresó la mirada, y en sus ojos no miré más que, el retorcido deseo reflejado en el iris brilloso de su vista, mientras sostenía mi cabeza con ambas manos, dirigiendo mis movimientos contra él, una y otra vez, lo escuché jadear y lo miré morderse los labios, resoplé, dándome cuenta de la enorme virilidad incansable de Damien, la que no me resultó desconocida, era bien sabida la inagotable lujuria del muchacho, y sobre todo, de su vigoroso bombeo dentro de mi boca que me asfixiaba y humedecía mis ojos de por si irritados y rojizos, apreté los ojos empujándome con las manos sobre sus muslos mientras permanecía de rodillas frente a él, con el ardor del cansancio retorciéndome las piernas y el cuerpo, pero, él, seguía siendo implacable, pues, aquel derroche de fuego, no paraba de emanar de su cuerpo, como una fuente inagotable de sadismo y lujuria.
Una lujuria que era bien conocida en los clubes en los que habíamos sido miembros algún tiempo atrás, incluso mucho antes que él y yo iniciáramos en el lio que era el sexo entre nosotros, pues, apenas con 14 años, Damien ya era un conocido m*****o del exclusivísimo Club “Fetissio” (del que más tarde fuimos miembros Iván y yo), en donde, desde muy joven adquirió fama de tener una lujuria tremendamente incontenible y, sobre todo, despiadadamente violenta, retorcida y feroz; fama que en lugar de favorecerlo, no hizo más que alejarlo mucho más de una sexualidad libre (la que más tarde gozaría plenamente conmigo), pues, no había mujer valiente que soportara las extenuantes sesiones de un joven chico que no parecía estar más que hambriento de más.
Todo, gracias a una Annia quien un par de años mayor que él, fue quien lo ayudó a descubrir aquel torcido mundo fetichista que lo envolvió completamente, hasta que, claro estaba, él y yo nos habíamos encontrado, para formar, una explosión enferma que no hizo más que consumirnos hasta los huesos.
Por lo que mientras Damien continuaba entrando y saliendo en mi boca, no hacía más que hacer lo mejor que podía, aunque la falta de costumbre de casi dos años, me llevara por mucho la ventaja.
Agotada eché mi cabeza hacia atrás, debía tomar un respiro, Damien me acaparaba completo, siempre yendo profundo, siempre a un ritmo veloz, siempre despiadado, sin embargo, él, gruñendo, me tomó del cabello desecho para empujar mi cabeza hacia él, abrí los ojos en medio de la asfixia, mis ojos escurrieron lágrimas, al mismo tiempo en que me esforcé por quitármelo de encima, sin embargo, Damien no era alguien piadoso en el sexo, por lo que presionó mi cabeza mucho más, hasta que devore el retardante que tenía puesto en la base de su m*****o, un retardante hecho a base de metal que antes de terminar en su virilidad, había estado adornando mi muñeca en lindos gravados de un león persiguiendo a un conejo, probé el sabor metálico de la pieza de joyería, la que había sido hecha para hacerse pequeña con un básico mecanismo de presión que enroscaba las pequeñas placas de metal una sobre la otra, para que se cernieran a la anatomía masculina de Damien, una “pulsera” que había sido un obsequio de él hacia mí en mi cumpleaños número 23, una bella pieza de joyería que no solo me pertenecía a mí, sino que era parte de nosotros, algo íntimo que nos unía de la forma más grotesca posible.
Mis ojos se fueron tras mi cabeza mientras mi garganta se contraía en espasmos desesperados por aire, luego, Damien aflojó la fuerza de sus manos en mi cabeza, nos miramos a los ojos, él lucía peligroso, sexy y devastador, mientras que yo, solo debía lucir como alguien que se ahogaba, con el rostro enrojecido, el sudor cubriendo mi cara en una ligera capa de sudor, la piel ardiendo, los ojos completamente humedecidos y escurridos de lágrimas y maquillaje oscuro, pero, sobre todo, como alguien que estaba a punto de explotar de placer, un placer que se escurría por mis piernas y que goteaba en la rígida alfombra oscura del piso, luego, él se descargó dentro de mi boca haciéndome sacudirme de deseo, apreté las manos sintiendo como se vertía, Damien lanzó un excitante gemido masculino que me erizó toda la piel, mientras terminaba en resoplidos deliciosos y jadeos que se vieron reflejados en su lacerado pecho acelerado.
El heredero me apartó de él, sacándolo cuan largo era, fue cuando pude respirar para alegría de mis pulmones que ardían, pero, Damien me tomó por las mejillas levantando mi cristalina mirada de nuevo hacía él, su mirada era malvada, sátira y poderosa, temblé de rodillas mientras me sacudía debilitada.
-No lo escupas-. Me ordenó con voz firme pero temblorosa debido al poderoso orgasmo que había tenido. Parpadeé mirándolo como una completa sumisa, sin embargo, obedecí, mantuve sus fluidos calientes temblando en mi lengua lo mejor que podía, Damien dibujó una media sonrisa perversa en sus labios sin apartar sus ojos de mi -Abre la boca-. Masculló él metiendo un dedo en mi boca cerrada para ayudarme a abrir mis labios, jadeé cuando de mi lengua escurrieron sus fluidos, los que resbalaron por mi pecho hirviendo y pegajosos, resoplé sacando vapor de mi boca, la mirada de Damien era la de un total pervertido mientras me contemplaba con aquel porte noble y dominante que tenía, mi piel se erizó ante sus ojos de demonio y el calor de su semen que siguió resbalando por el largo de mi torso en un camino ardiente y morboso, el joven soltero más poderoso de Italia y Rusia se inclinó sobre mi para sacar su lengua cargada de saliva hirviendo para pasarla por la mía en un baile de lenguas morboso, para depositar en mi boca la mayor cantidad de saliva que pudo, mi cuerpo se estremeció, “Si, ese era el Damien que recordaba” “Insulso y retorcido”, él se incorporó relamiéndose los labios como un gato saciado, levantó una mano firme para cerrar mi boca tomándome por la barbilla y las mejillas -Trágatelo-. Su voz sonó severa, diciplinada e intimidante, y que decir de su apariencia, la que era la de un completo ser oscuro salido del infierno que lo único que deseaba era tomar mi alma, por lo que, sin pensarlo lo hice, él me miró completamente complacido -Buena chica-. Me soltó de las mejillas al mismo tiempo en que una figura aparecía silenciosa e intrusa desde la puerta de entrada del cuarto.
-Siempre fue una buena chica-. Interrumpió Annia de pie en el marco silencioso de la puerta abierta, sus ojos miraron la escena con morbosidad mientras sonreía con picardía, parpadeé levantándome del suelo al mismo tiempo en que Damien se desembarazaba de la “pulsera” apretándola sobre su hombría para que esta se abriera y lo liberara del dolor del metal duro y de la erección todavía despierta.
Me llevé una mano al rostro sintiendo como el rubor coloreaba mis mejillas brillosas, de pronto sintiendo los ojos de mi mejor amiga como extraños, Damien se apuró a acomodarse una larga bata de satín n***o, para luego extenderme una hacía mí, la que recibí con gusto, el frio de la tela color perla reconfortó mi cuerpo todavía caliente.
- ¿Tienes mucho mirándonos? -Le preguntó su primo mientras él, se apuraba a servirse un vaso de cristalina agua pura que estaba en una charola sobre un fino mueble de cristal, en donde, además, había una botella de cristal tallado que contenía lo que pude ver, alguna bebida alcohólica, mientras que yo me apuré a atar mi cabello con la banda que había dejado en el enorme cuarto de baño.
-No mucho realmente, recién entré-. Contestó ella soltando un suspiro para luego entrar al interior dejando la puerta abierta, la que no dejó entrar música, ya era de mañana, los clientes estaban durmiendo, la fiesta había terminado (por el momento), Damien resopló como respuesta, yo me concentré en encontrar mi ropa, la que sorpresivamente descubrí lavada, planchada y doblada sobre una mesa blanca entre el baño y el sauna, parpadeé tomando los pantalones de mi uniforme con una mano, dentro de ellos, estaba mi modesta ropa interior, la que parecía también haber sido lavada, luego, recordé, “Claro”, los compartimentos secretos del personal, no era raro que la ropa estuviera lista para usarcé el clubes como esos, la mayoría de los clientes eran personas importantes, personas que podrían tener reuniones o juntas de improvisto, resbalé la bata de mi cuerpo, fue cuando me detuve a contemplarlo, mientras ambos primos entablaban una conversación que me resultó nada importante, contemplé el trabajo de Damien sobre mí, solté un suspiro entrando en la hermosa regadera de cristal, no había espacio en mi piel que no tuviera alguna marca, moretón o mordedura, me estremecí pensando en lo difícil y doloroso que sería trabajar con mi cuerpo agotado y lastimado de aquella manera, dejé que el agua escurriera por mi cuerpo resentido, hasta que fue suficiente de limpia, como entré salí del espacio, dentro del cuarto de baño, me vestí de nuevo con el uniforme para luego, salir de allí, con el pelo mojado y unas ganas inmensas de desaparecer de la mirada de Damien, quien giró su mirada desde el sofá n***o de un principio, las ojeras empañaban la piel de sus hermosos ojos mientras Annia me sonreía genuinamente.
-Iré a pedir que suban el desayuno-. Dijo ella, corriendo a abrazarme para luego salir de regreso por donde llegó, dejándome de nuevo a solas con el diablo.
-Luces arrepentida-. Damien rompió el silencio, dejándome paralizada en medio de su habitación, temblé, tuve que abrazarme a mí misma.
-No lo estoy-. Respondí con debilidad, Damien sonrió negando con la cabeza.
-Entonces porque te ves, miserable-. Él se remolinó en su asiento mirándome con detenimiento.
Me relamí los labios, de pronto, nerviosa, como si todo lo que hubiera hecho con él, hubiera sido una mera plática.
-Perdóname, es solo que perdí la costumbre, además, ya no es…-
-Ya no es lo mismo sin Iván, querrás decir-. Masculló, lo que me hizo voltear a verlo, resopló con cansancio
Asentí con la cabeza, recordando que, si Iván estuviera allí, estaríamos riendo, como solíamos hacerlo antes, antes de…
- Hay como un vacío, uno que nunca sentía cuando estaba contigo, solo que ahora siento que ese vacío esta allí, desde que él…-
- Claro, claro-, me interrumpió Damien poniéndose de pie, terminándose el vaso de agua de un golpe, para después, caminar hasta su mesita donde tenía las botellas de bebidas de todo tipo, lo miré servirse lo que olí como coñac, su rostro de pronto reflejó amargura -ya sé lo que sientes-, me miró con irritación -no hay momento en que no me lo recuerdes-. Bebió sin hacer muecas, una punzada de resentimiento atravesó mi corazón, levanté la cabeza contemplándolo con ira, él me miró y soltó aire poniendo los ojos en blanco -Y ahí está esa mirada otra vez-.
-Eres un idiota Damien-. Escupí girándome hacia él - ¿Cuándo hablarás sobre lo que pasó? ¿Sobre lo que sientes? –Me crucé de brazos teniendo dolorosos flechazos de aquella espantosa noche, y de los días después, los que resultaron todavía peores.
-No tengo porque decírtelo Stella-, me apuntó con un dedo acusatorio, parpadeé abriendo los labios en indignación -además, no vienes para “hablar”-, Damien frunció el ceño -vienes porque te gusta cómo te cojo, solo eso, soy como tu puta o algo así-. Apoyó los labios sobre el borde de su vaso para verter todo el coñac a su boca, esa vez sí hizo una mueca, una que no había sido por el amargo sabor del alcohol sino por la amargura de lo que pasó, fue que hizo una mueca de dolor.
- ¡No has cambiado nada! ¡Sigues siendo el imbécil de siempre! -Levanté la voz completamente enfurecida, y, temblorosa avancé hacia mi bolso, metí mis cosas que habían caído por que había acomodado mal mi bolso, lista para irme.
- ¿Y apenas te das cuenta? -Rezongó él mirándome moverme por la habitación, con la amenaza del llanto picando mi nariz.
-No debiste regresar Damien-, lo miré con rabia, él mantuvo una serenidad que me dio escalofríos -debiste quedarte en el hoyo de mierda en el que estabas-.
Él entrecerró los ojos, ofendido.
-Ya lárgate a llorar con ese idiota barman que parece no darse cuenta que existes, y cuando quieras una buena cogida, solo llámame-. Respondió con sarna, fue cuando sentí como las venas de todo mi cuerpo se derritieron ante mi ira, tuve ganas de arrojarle mi pesado bolso directo en su espantosa boca solo para hacerlo callar, en cambio apreté mi bolso a mi cuerpo con fuerza.
- ¡Jódete Damien! -. Me giré sobre mí misma para avanzar hacia la salida, pisando fuerte avancé, Annia me encontró en el marco de la puerta deteniéndome con confusión.
- ¿Qué está pasando aquí? -Preguntó ella tomándome por los hombros, mientras miraba como amargas lágrimas escurrían de mis ojos como cascadas.
-Ya se va prima, déjala irse-, Damien nos miró ceñudo y enfadado, lo miré con cara de pocos amigos -ah-, interrumpió, ambas lo miramos -tu puta no te pagara el uber, daté por cobrado el dinero que me robaste-. Finalizó volviendo a servirse coñac en su vaso vacío, Annia abrió los labios en indignación, le arrojó una mirada asesina a su primo quien no la miró.
- ¡Ty dash' mne ob"yasneniya, kogda ya vernus', i***t! (¡Me darás explicaciones, cuando regrese, idiota! -Le gritó ella en ruso, bufé, “como si no los entendiera”.
-YA budu zdes' (Aquí estaré)-, se cruzó de brazos -po-prezhnemu (como siempre)-. Su voz se apagó conforme terminaba de hablar.
Annia chasqueó los labios abrazándome para sacarme de allí sin dejar de mirar con rabia a su primo, ella me arrastró fuera del club lo más rápido que pudo, mientras yo, me contenía para no llorar como una niña pequeña, sin embargo, no pude dejar que las lágrimas salieran cuando ella me subió a su auto, el que tenía un silencioso y discreto chofer, me abracé a ella con fuerza, de pronto reconfortada, luego de meses de sufrir en soledad.